5 DE SEPTIEMBRE
SAN LORENZO JUSTINIANO. 1381-1455
San Lorenzo Justiniano nació en Venecia en 1381, hijo de Bernardo y
Querina. Querina Querini quedó viuda muy joven y educó con esmero a su hijo. En frente
de San Marcos y del Palacio Ducal está la isla de San Jorge, y en ella, la iglesia de San
Jorge, donde vive un grupo de jóvenes. Su madre tenía otros planes, pero él se
consagró al Señor.
Ordenado sacerdote, pone en marcha la Congregación de canónigos seculares de San Jorge.
En medio de dificultades y de insidias, recorre los 150 canales de la ciudad, que enlazan
las 122 islas con hermosos puentes, recogiendo y repartiendo limosnas. Al llegar un día
al palacio de su madre, se quedó en el umbral y aceptó tan sólo un pan.
A principios del siglo XV, el papa veneciano Gregorio XII -cuando Pedro de Luna (Benedicto
XIII) y Baltasar de Cosa (Juan XXIII) le disputaban la tiara -encarga a Lorenzo el
priorato de San Agustín de Vicenza. Pronto vuelve a San Jorge. En la peste de 1423 se
porta heroicamente.
Vuelve a pasar otros tres años a Vicenza, ahora de retiro y soledad.
Escribe libros ascéticos, luminosos y jugosos, muy distintos de los esquemas fríos de la
escolástica, dominada ahora por los últimos nominalistas. Tratan sobre el camino del
alma hasta Dios, a través de Jesucristo. Trata con gran altura sobre el matrimonio
espiritual. Buen émulo de Gerson.
Otro Papa veneciano, Eugenio IV, - el Papa unionista del concilio de Florencia - le nombra
obispo de Castelo, isla adriática, vecina al Lido veneciano. Convocó un sínodo de donde
salieron sabias constituciones sobre la reforma de la Iglesia. Algunos se molestaron, como
cuando promulgó un decreto para reprimir el lujo de las mujeres, pero él siguió
adelante.
Predicaba austeridad, pero iba por delante con el ejemplo: "Dar satisfacción a los
sentidos y querer mantenerse puro es igual que pretender apagar un incendio arrojando
leña en él". Grande era también su ecuanimidad. "Siempre era igual, dice un
biógrafo: nadie le vio, ni conmovido por la ira, ni disipado por la prosperidad, ni
turbado por el placer, ni encogido por el miedo, ni acobardado por el dolor". Otro
autor asegura: "Tuvo un don maravilloso, y es que todos los que habían estado con
él se despedían con el alma llena de gozo y de paz. Todo en él inspiraba amor".
El 1451 fue elevado por Nicolás V a la sede de Venecia. Su vida privada de monje y asceta
siguió como en San Jorge. En un lustro realizó una obra ingente. Años de sabio
gobierno, de acertadas y valientes reformas, que prepararían el camino para Trento. Aún
tiene tiempo para escribir sobre El gobierno de obispos, Grados de perfección, El
incendio del amor divino. Así completaba sus escritos del retiro de Vicenza.
La vida de Lorenzo es difícil de resumir, por las múltiples facetas que abarcó. Y lo
maravilloso es que en todas las facetas lo hizo con profundidad. No vale aquí el refrán
de que el que mucho abarca, poco aprieta.
En efecto, fue amante de la soledad y de la contemplación, y con la misma energía, fue
un hombre de múltiple actividad. Dio normas sabias sobre el gobierno pastoral de los
obispos, pero no como un hombre de gabinete, sino como alguien que reflejaba lo que él
practicaba.
Fue el primer patriarca de Venecia, cuna de papas. Juan XXIII, sucesor suyo con el tiempo
en Venecia, lo tomó como ejemplo y patrón de su pontificado. En Venecia murió Lorenzo
en 1456 con estas palabras: "A Ti voy, oh Jesús". Fue canonizado por Alejandro
VIII en 1690.
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