27 DE SEPTIEMBRE
SAN VICENTE DE PAÚL 1580-1660
Cuando
moría en Roma San Camilo de Lelis - cuya actividad evocábamos el 14 de julio- la aldea
de Clichy contaba con un párroco de treinta y tres años que se llamaba Vicente de Paúl
(1614). El campo de acción de este apóstol francés de los desamparados será aún más
vasto que el de Camilo, puesto que, si bien Vicente había de velar en la lucha contra
todas las miserias, tanto físicas como morales, de su tiempo - desde los galeotes hasta
las prostitutas, sin echar en olvido a las víctimas de las guerras y revoluciones -
también quiso convertirse en el apóstol de la campiña descristianizada o no
cristianizada aún.
San Vicente de Paúl nació en Dax,
cerca de los Pirineos. Sus padres eran labriegos y pasaban apuros para alimentar a sus
seis hijos. Vicente colaboró en la economía familiar, cuidando un pequeño hato de
ovejas.
Lo pusieron a estudiar con los franciscanos. Un señor de la tierra, al ver sus buenas
cualidades, lo tuvo como preceptor de sus hijos y lo mandó a estudiar a Zaragoza y a
Toulouse. A los 19 años recibió el sacerdocio .
Yendo en barco de Marsella a Narbona fueron atacados por tres bergantines turcos y
tuvieron que rendirse. Los llevaron a Túnez y los expusieron a la venta en la plaza. Los
probaron como a los caballos: les miraron los dientes, les hicieron correr y levantar
pesos para ver sus fuerzas.
Vicente pasó por varias manos: un pescador, un alquimista y un cristiano renegado al que
Vicente volvió al cristianismo. Con él llegó hasta Roma. Entró en contacto con la
Curia que le confió un despacho para Enrique IV. Con este motivo llegó Vicente a París
el 1609.
Buen entrenamiento había tenido para su misión apostólica.
Fundó para servicio de los pobres, ayudado por Luisa de Marillac, la Sociedad de las
Hijas de la Caridad (1632). Para la evangelización del campo - así como para la
formación de sacerdotes que fueran auténticos ministros de Jesucristo - instituyó, en
el priorato de San Lázaro, los Sacerdotes de la Misión (1625), mientras se dedicaba él,
junto con Pedro Berulle y Juan Santiago Olier, a crear seminarios en Francia (1642).
Esta fue la obra que San Vicente de Paúl llevó a cabo hasta su muerte (1660). Pero
su actividad no era sino la expresión de una vida consagrada por entero a Dios y fundada
sobre una extraordinaria humildad. «Estamos convencidos de que en todo y por todo somos
un desecho y de lo más despreciable, a causa de la oposición que ofrecemos por nuestra
parte a la santidad y perfecciones de Dios». Unicamente los humildes pueden permitirse
toda clase de audacias.
Una de las mejores cosas que podamos decir de nuestros amigos es que conocen nuestras
faltas pero nos quieren de todos modos. San Vicente de Paúl, de quien recibe su nombre la
Sociedad de San Vicente de Paúl, tenía amigos en todos los estratos de la sociedad,
desde los esclavos de galera hasta el Rey Luis XIII.
Sin embargo, su naturaleza era, por decirlo francamente, malhumorada. Él dice que
fue sólo por su intensa vida de oración y de profunda entrega a su fe como pudo superar
sus tendencias naturales a la hosquedad y la cólera. Aparentemente tuvo éxito, pues fue
muy querido en su tiempo, y nombrado santo patrón de las obras de caridad por el papa
León XIII.
Aunque el mal humor pueda ser una parte de nuestras tendencias naturales, más a menudo es
el resultado del descuido de uno mismo y del exceso de trabajo. Cuando no nos tomamos
tiempo para recargar nuestras baterías emocionales y espirituales, nos volvemos
irritables y malhumorados. Cosas que podríamos minimizar si nuestras defensas fuesen más
fuertes, se convierten de pronto en afrentas personales. Nos sentimos ofendidos cuando no
se aludía a nadie, Y recriminamos a quienes más nos importan.
¡Si descubres que todos y todo están volviéndote gruñón, no empieces a hacer
exigencias para prepararte a luchar o salir corriendo! Más bien hazte a ti mismo algunas
preguntas duras. ¿Recibes el descanso y el ejercicio suficientes? ¿Estás trabajando
demasiado tiempo y demasiado duramente sin tomarte un respiro? ¿Estás comiendo
correctamente? Si eres sincero contigo mismo, probablemente descubras dónde reside el
verdadero problema.
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