23 DE SEPTIEMBRE
SAN LINO S. I
Fue el segundo papa o sucesor de
san Pedro en l asede romana. La noticia de su vida mejor conservada es la que se contiene
en el Liber Pontificalis, según el cual, Lino italiano de la región de Tuscia, gobernó
la Iglesia once años tres meses y once días. Vivió en los tiempos de Nerón y fue
coronado por el martirio. Fue sepultado en la Colina Vaticana junto al cuerpo de San Pedro
el día 23 de septiembre. Figura en el canon romano de la misa. Se le atribuye el precepto
de que las mujeres entrasen en el templo con la cabeza cubierta.
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SANTA TECLA (siglo I)
La
virgen Tecla se asocia a los recorridos de san Pablo por Asia Menor, y fue veneradísima
en los primeros siglos del cristianismo, cuando lo que hoy es la Turquía musulmana era
uno de los núcleos más florecientes de la joven Iglesia.
En torno a ella se trenzó muy pronto una fantástica novelita piadosa que ya san
Jerónimo denuncia como apócrifa, pero el propio santo alude en varias ocasiones a Tecla
como una de las elegidas del Señor, y aunque los hechos de los Apóstoles omiten su
nombre, una larga tradición más o menos corrompida nos habla de sus heroicas virtudes.
A los dieciocho años, ya prometida en matrimonio, oye predicar a Pablo, renuncia a todo
por seguirle, se atrae la persecución de su familia y de las autoridades, sufre
numerosos martirios de los que siempre sale ilesa, y por fin se retira a una cueva, cerca
de Seleucia, donde ya nonagenaria la tierra se la traga para ponerla a salvo de nuevas
asechanzas.
Lo que se nos cuenta de la virgen de Inconio - una de cuyas reliquias llegó tardíamente
a Tarragona, ciudad de la que es patrona - está evidentemente contaminado de leyendas
paganas y de imaginación, pero aunque envuelta en las brumas de la leyenda, la vemos como
un símbolo de la disponibilidad evangélica, como una doncella prudente que lo deja todo
por la Palabra.
Ese arrebato al oír a Pablo, aquel mensaje nuevo que cambia toda su vida y le da un
sentido peligroso e inflexible, la dulce Tecla es la mujer de la elección impensable que
nadie acierta a comprender, y en su recuerdo la primacía heroica de lo espiritual
adquiere un ejemplo y un valor que todavía hoy conmueve y conforta.
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