17 DE SEPTIEMBRE
SAN ROBERTO BELARMINO 1542-1621
"En la Iglesia de Dios no hay quien le iguale en saber", dijo de
él el Papa al hacerle cardenal. Y en efecto, fue una las lumbreras de su tiempo, sabio,
predicador, teólogo, polemista, autor devoto, metido en los asuntos más difíciles e
intrincados de la época, y siempre con una independencia de criterio admirable.
Roberto Belarmino, que había nacido en
Montepulciano de Toscana, ingresó en la Compañía a los dieciocho años (1560), pasando
a ser profesor a Lovaina (1569-1576) y más tarde al Colegio Romano - predecesor de la
actual Universidad Gregoriana -, donde sobresalió en la refutación de los errores de su
tiempo (1576-1592). Su curso, recogido bajo el título de «Controversias», ha formado a
generaciones enteras de apologistas y teólogos. Se ha querido incluso ver en este escrito
una «Summa» de la Reforma católica.
Promovido al cardenalato en 1599, Belarmino se mostró en desacuerdo con Clemente VIII en
una controversia teológico que el papa hubiera querido resolver por autoridad. Con objeto
de apartar de Roma a un consejero al que no juzgaba suficientemente flexible, le nombró
cardenal arzobispo de Capua (1602). Belarmino, pastor improvisado, se mostró desde el
principio como un obispo modelo. Se dedicó a visitar las parroquias, predicando y dando
catecismo hasta la extenuación de sus fuerzas, con una caridad sin límites para con los
necesitados. A la muerte de Clemente VIII (1605), Belarmino tuvo que regresar a Roma,
donde volvió a ocupar un papel de primer orden dentro de la Curia. Moriría en 1621. Su
cuerpo descansa en la iglesia de San Ignacio, no lejos de aquel hijo espiritual suyo de
otros tiempos, San Luis Gonzaga.
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Santa Hidegardis de Bingen fue una de las grandes místicas de la Edad
Media. Sus escritos inspiraron incluso a santos tan influyentes como Bernardo de
Clairvaux. También edificó un nuevo monasterio para su creciente comunidad de monjas
(con agua corriente), mantuvo correspondencia con el Papa, aconsejó no sólo a laicos
sino también a sacerdotes, escribió numerosas cartas, compuso himnos y dramas sagrados,
y aún le quedó tiempo para escribir lo esencial de sus veintiséis visiones simbólicas
que trataban de las relaciones entre Dios y la humanidad. Oh, sí, además viajó mucho a
lo largo de Alemania.
Santa Hildegarda, obviamente, era creativa, llena de energía y muy atareada. El
atareamiento podría haber sido una virtud para Santa Hidegardis, pero hoy en día es casi
un vicio. Estamos tan acostumbrados a colmar nuestra vida de actividades, que llegamos a
creer que hemos de hacer al menos dos cosas al mismo tiempo para ser capaces de llegar a
algo.
Hoy, tómate un respiro del atareamiento de la vida. Arroja fuera todos los debiera, tengo
que, he de; Junto con ellos, arroja fuera la culpabilidad que te dice que no estás
haciendo lo suficiente. Estás consiguiendo exactamente lo que necesitas conseguir. Si no
llegas a hacer todo lo que planeaste, quizá es que planeaste demasiado. Simplemente por
hoy, haz menos en vez de más. La vida es demasiado corta para gastarla en el
atareamiento.
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ALBERTO DE JERUSALÉN, obispo y legislador + 1214)
Nació en Castel Gualtieri hacia la mitad del
siglo XII de la familia Avogadro o de los Condes de Sabbioneta.
En la biografía que sobre él escribieron los Canónigos de Vercelli, a los que
perteneció, se le pinta así: "Fue muy amado de Dios y de los hombres, y para
referir sus virtudes y memorias no somos capaces, pero para que tan ejemplares virtudes de
varón tan excelso no pasen por alto y para que sean modelo para generaciones futuras, nos
decidimos a escribirlas".
Poco sabemos con certeza de sus primeros años. Por la sabiduría que después
demostrará, puede afirmarse que frecuentó las mejores escuelas de su tiempo en las que
progresó maravillosamente, llamando la atención de cuantos convivían con él, tanto
maestros como condiscípulos.
Ya de muy joven huyó del mundo y se retiró a un valle solitario donde había una
Monasterio de los Canónigos Regulares. El 1180 y fue elegido Prior de los Canónigos
Regulares de Santa Cruz de Mortara (Pavía). Como Prior de aquel Monasterio dejó huellas
muy profundas, a pesar de que sólo lo fue durante cuatro años. Cuentan las Crónicas que
era el primero en asistir al rezo del coro v también a los trabajos del Monasterio. El
trabajó con toda su alma para que reinara la observancia y unión fraterna entre todos
aquellos buenos Canónigos.
El año 1184 fue elegido obispo de Bobhia y al año siguiente fue trasladado a Vercelli,
gobernó la iglesia durante veinte años con gran prudencia y sabiduría.
Los Papas le encomendaron misiones muy delicadas entre reyes y príncipes de diversas
naciones y en todas demostró enormes cualidades de gran diplomático y conciliador.
Al renunciar el cardenal Godofredo al patriarcado de Jerusalén, los Canónigos regulares
del Santo Sepulcro eligieron como sucesor a San Alberto. Les apoyó en esta elección el
mismo rey de Lusiñán, Amalrico Il, y el 1205 el Papa Inocencio confirmaba este
nombramiento. En aquellas Letras decía el Papa: "Aunque nos eres muy necesario en la
región de Lombardía, pues confiamos plenamente en ti para que nos representes incluso en
los más difíciles asuntos "...
Al anunciarles a los Prelados de la Tierra Santa el mismo Inocencio lll este nombramiento,
les decía que les ''enviaba a Alberto, varón probado, discreto y prudente como Iegado
suyo para la provincia eclesiástica de Jerusalén".
A principios de 1206 llegaba a Tierra Santa, pero al no poder habitar en Jerusalén,
porque estaba ocupado por los sarracenos, fijó su morada en San Juan de Acre, a pesar de
que esta ciudad ya tenía su propio obispo.
Durante estos años de Patriarca, continuó gozando de la confianza del Papa Inocencio
III, quien le encomendó muy delicadas misiones y de todas ellas salió airoso este hábil
diplomático.
Por estos años, del l206 a 1214, a petición de los eremitas del Monte Carmelo, les
entregó la Regla, llamada por ello "Regla de San Alberto'', ''al hermano B. y
demás eremitas que moran en el Monte Carmelo ''. Es una preciosa Regla que consta de 18
capítulos. Es un rico arsenal de Sagrada Escritura y de vida religiosa. Viviéndola se
santificaron grandes santos como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, María Magdalena de
Pazzi, Simón Stock, Teresa del Niño Jesús, Edith Steinn, Tito Brandsma, etc... Todos
los carmelitas en todas sus ramas.
El 14 de septiembre, en Acción, mientras presidía una procesión, fue apuñalado por el
maestro del Hospital del Espíritu santo, al que había reprendido por su mala conducta y
depuesto de su cargo
SAN PEDRO DE ARBUES +1485
San Pedro de Arbúes fue inquisidor y mártir, como dos
tocayos suyos, el Beato Pedro de Castelmán y San Pedro de Verona. De este modo, de las
páginas de la leyenda negra española, pasó a las del catálogo de los Santos.
Nació en Epila, Zaragoza, el 1441, hijo de Antonio y Sancha, descendientes de sangre
real. Pedro, joven intrépido, sobresalió pronto en la virtud.
Era de inteligencia muy despierta. Después de cursar Humanidades en Lérida y Zaragoza,
fue a ampliar estudios en Leyes, en el célebre Colegio Mayor de San Clemente, fundado en
Bolonia por el cardenal Gil de Albornoz. Allí pasó cinco años de estudio intenso,
trabajo constante, haciendo honor al tesón aragonés. Hasta le encomiendan una cátedra
en la Universidad. Todos admiran su vasta ciencia y su acrisolada virtud.
El 1474 es nombrado Canónigo de la Metropolitana del Salvador, la
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