24 DE OCTUBRE
SAN ANTONIO MARÍA CLARET 1807-1870
Pocas vidas sacerdotales han sido tan probadas como la de San Antonio
María Claret. Nació en Sallent en 1807 y trabajó en un principio como tejedor, entrando
más tarde en el seminario. Ordenado de sacerdote en 1835, no tardó en hallar su camino
como predicador popular (1843). Recorrería Cataluña durante cinco años, pasando más
tarde a Canarias a causa de los odios suscitados contra él por su palabra sin
contemplaciones. En 1849, reunió en torno a sí a algunos sacerdotes, fundando el
Instituto misionero de los Hijos del Corazón Inmaculado de María. En 1850, el P. Claret
era nombrado arzobispo de Santiago de Cuba. Había de consagrar seis años, al apostolado
de la gran isla, que recorrió sin descanso, predicando, confirmando y fustigando los
vicios y abusos económicos. Nuevamente los odios, en especial por parte de los
propietarios de esclavos, le asaltaron. Por quince veces se atentó contra su vida. En
1857, le correspondió una tarea inesperada: era elegido como confesor por la reina de
España Isabel II, mujer de costumbres relajadas. Tomó él con toda seriedad su función
de consejero espiritual de la corona, cosa que le valió nuevamente las peores calumnias.
Diez años más tarde la revolución expulsaba a los Borbones
y Antonio Claret debió
partir al destierro (1868). Pasó a residir en Francia, al principio en Pau, después en
París y finalmente en la abadía de Fuentefría (Ande), donde murió en 1870 sin que el
odio de sus enemigos dejara de acosarle.
Es el último confesor de reyes que hay en el santoral, el último confesor regio en una
época en la que parece que no hay ya monarcas santos; y confesor además de una reina, la
española Isabel II, que no se distinguió por su ejemplaridad. Toda una hazaña la de
este catalán de aspecto campesino y aIgo tosco en cuya vida se ha cebado la calumnia.
Lo cual era inevitable. En pleno siglo XIX y en la turbulenta España isabelina, vivir en
el centro de la corte aun sin querer hacer política era influir en la política nacional,
al Padre Claret no se lo perdonaron, y la historia y la literatura siguen repletas de
ataques de una tremenda malignidad, suponiéndole una especie de eminencia gris de la
voluble y desbrujulada Isabel.
Su vida es mucho más rica que el período madrileño; empieza siendo un joven entregado
al trabajo con un ardor singular, luego hay como una conversión, con dos intentos de
entrar en órdenes tan dispares - cartujos y jesuitas que ya bastan para indicar que
andaba lejos de su camino, hasta quedarse en cura de pueblo, que es donde da toda su
medida de apóstol.
El arzobispado de Cuba es una ampliación gigantesca de su actividad en Viladrau, y por
fin Madrid, la etapa que termina con el destierro y con su intervención, ya al borde de
la muerte, en el concilio Vaticano I. Infatigable de actividad pastoral, fundador,
catequista de la pluma, asiduo al confesonario, taumaturgo, vidente, es un impresionante
santo muy próximo a nosotros en el tiempo.
Otros Santos: Beato Luis Guanella, presbítero; Evergisio y Félix, obispos; Adaucto y Jenaro, presbíteros; Séptimo, Fortunato y Arecio, mártires.
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