12 DE OCTUBRE

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR

pilarn.jpg (13995 bytes)«Tú permaneces como la columna que guiaba y sostenía al pueblo en el desierto». María, asentada en el pilar de su basílica. Los zaragozanos, han sido de siempre un punto de apoyo imbatible de la fe del pueblo español. Se ha puesto recientemente en tela de juicio el valor histórico del dato de la predicación del Apóstol Santiago en España y, por lo mismo, la garantía de la visita que le hiciera María pidiéndole que le edificara un santuario.
Por desgracia, la persecución de Diocleciano destruyó por el fuego los archivos de la primitiva Iglesia. Pero, sea cual fuere la verosimilitud histórica de tales hechos, es incuestionable, ya desde el siglo noveno por lo menos, la piedad de los reyes y el pueblo entero para Nuestra Señora del Pilar. Señalada su fiesta por el papa Clemente XII en el día 12 de octubre, los destellos de ese bendito Pilar irradiaron hasta el otro extremo del océano Atlántico, a donde en un 12 de octubre llegaba a bordo de las carabelas descubridoras, capitaneadas no en vano por la nao Santa María, «la luz de la fe». Cuando Pío XII, el 14 de febrero de 1958, concedía a todas las iglesias de España, Iberoamérica y Filipinas «la misa propia de la Bienaventurada Virgen María del Pilar», abrazaba en un lazo de hermandad de fe a un rosario de pueblos nuevos y viejos para que, con la unidad de un mismo idioma castellano, felicitaran una vez más a María «porque el Poderoso ha hecho grandes obras por ella» y le rogaran su intercesión para «permanecer firmes en la fe y generosos en el amor.

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SAN WILFRIDO 634- 709

Wilfridon.jpg (10156 bytes)Este anglosajón de la Nortumbria, educado desde niño en el monasterio de Lindisfarne, siente muy pronto el imperioso deseo de peregrinar a Roma; impulso que es todo un símbolo en su vida, porque no ha habido inglés más tenazmente romano que él, defensor más encarnizado de la comunión de Inglaterra con la Iglesia universal.
Conoce, pues, el corazón de la Cristiandad, y de regreso a su país funda el monasterio de Stanford, es abad de Ripon, se le ordena sacerdote y no tarda en ser nombrado obispo de York; desarrolla entonces una gran labor convirtiendo paganos, fundando iglesias y dando el máximo esplendor posible al culto litúrgico.
Pero en su accidentada vida abundan también los episodios de viajes, naufragios, grandes peligros y constantes disputas con las autoridades eclesiásticas y civiles, que al menos en una ocasión le valieron la cárcel. No era blando ni acomodaticio, y quizá con esta doble negación se pinta el modelo de actitudes episcopales.
Y una y otra vez aparece como el luchador por la unidad con Roma, por ser fiel a Roma contra las particularidades nacionales, raciales, de tradición, que representan por ejemplo los monjes escoceses. Ante lo que se insinúa como un temprano cisma, Wilfrido, como otros santos ingleses de siglos después - Tomás Becket, Juan Fisher, Tomás Moro -, es intransigente en su ideal católico.
Ya muy anciano hizo su última peregrinación a Roma a pie, como queriendo reforzar antes de morir un vínculo que preveía débil, quebradizo. En esta Inglaterra tan impregnada de peculiaridades que caería del lado de la Reforma, el santo es una fuerte llamada a la unidad: ser muy romano da una dimensión universal que completa la índole de inglés.

Otros Santos: Serafín, religioso; Domnina, Evagrio, Prisciano y Edistio, mártires; Maximiliano, Mones y Salvino, obispos; Eustaquio, presbítero

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