SAN SATURNINO 250
El santo de las
canciones infantiles, san Serenín, es también el que da su nombre a una de las iglesias
románicas más hermosas del mundo, Saint-Sernin de Toulouse
o Tolosa del Languedoc, ciudad
de la que fue el primer obispo.
La tradición le supone griego, nacido en Patras, pero naturalmente es un disparate
colosal creer que le bautizó san Juan Bautista, que fue discípulo de los apóstoles y
que era uno de los que asistieron a la Santa Cena (hubo ciertos hagiógrafos no muy
respetuosos con la cronología). Lo que sí es posible es que a comienzos del siglo III el
papa san Fabián le enviase a la Galia.
De su vida se sabe muy poco, pero se cree que misionó en su amplio territorio a ambos
lados del Pirineo y que mandó a su discípulo Honesto para evangelizar Pamplona; también
se cree que el propio san Saturnino visitó la capital navarra y que fue maestro del san
Fermín pamplonés.
Más seguras parecen las referencias a su muerte, en la época de la persecución de
Decio: los sacerdotes paganos de Tolosa le atribuyeron el mutismo de sus ídolos, que
habían dejado de emitir oráculos, y cuando el obispo pasaba cerca del templo de Júpiter
la muchedumbre se apoderó de él y le ató a un toro que iba a ser inmolado. El animal
echó a correr arrastrando al mártir que quedó con la cabeza destrozada.
En torno a sus reliquias se construyó primero una abadía y luego la basílica actual,
que visitaban todos los peregrinos de Santiago, y así fue como su culto se extendió por
España y todo el norte de Francia.