26 DE NOVIEMBRE
LEONARDO DE PUERTO MAURICIO 1676-1751
Paolo Girolamo de Casa-Nuova, genovés, hijo de marineros, formado en
Roma, franciscano en el convento de San Buenaventura, en el Palatino, donde se conservan
sus reliquias, es uno de los grandes santos de la era de la Ilustración, contemporáneo
de Voltaire, aunque no fue un combatiente de ideas, sino de piedad.
El siglo XVIII es atronador de ideas, pero san Leonardo no quería discutir con nadie. Y
cuando, según la tradición, la Virgen le sanó de una tisis considerada mortal, decidió
dedicar todo el resto de su vida - cuarenta y tantos años - a la predicación ambulante,
a las misiones que le llevaron a recorrer una y otra vez Italia entera.
«Gran cazador del Paraíso», como le llamaba su amigo el papa Benedicto XIV, tenía una
palabra irresistible, y el ejemplo de sus mortificaciones, de su vida de oración, y la
calidez sencilla y emotiva de lo que decía, produjeron efectos inmensos en su auditorio.
Descalzo, ardiente, incansable, predicó más de trescientas misiones, empleando el tiempo
que le había regalado Nuestra Señora en convertir a los demás.
El centro de sus pláticas solía ser la Pasión, y la práctica de piedad más
recomendada, el Vía Crucis, devoción que gracias a él se extendió por todo el mundo, y
fue asimismo un celoso propagador de la adoración perpetua del Santísimo Sacramento.
Cuando contrajo su última enfermedad se negó a dejar de celebrar la misa, «que vale
más que todos los tesoros de la tierra».
San Leonardo no es el hombre de las polémicas filosóficas, intelectuales, del siglo de
las luces, pero como tantos otros miles de sacerdotes y religiosos cuidó de la
intendencia de la espiritualidad, manteniendo viva la fe del pueblo en medio de la
tormenta. Voltaire ignoró su nombre, pero no tenía peor enemigo que este humilde
franciscano.
En las vidas de santos es tópico frecuentísimo la
piedad precoz, que algunos hacen remontar a la misma época
de la lactancia. Sin caer en boberías de ese género,
sí se sabe que el niño Juan Berchmans - que nació en Diest
del Brabante, Bélgica, el 13 de marzo de 1599, era muy devoto, con un ambiente familiar
que debió de ayudarle en este sentido (su padre y dos de sus hermanos se hicieron
religiosos también).
Con el ideal de llegar al
Sacerdocio, comienza su vida estudiantil. como asistente de hogar. Estudió en Malinas,
donde en 1616 ingresó en la Compañía de Jesús con 17 años, forjándose ambiciosos
proyectos misionales: quería ir a China. Para completar sus estudios se le
mandó a Roma; era un novicio rebosante de bondad y serenidad, jovial y cumplidor, aunque
sufriendo mucho por los rigores de la vida comunitaria, que él llamaba «mi
mayor penitencia».
Cursando Filosofía en Roma, muere el año 1621, con sólo cinco años de vida religiosa.
Aparentemente no hizo nada y sin embargo fue canonizado.
Su detalle y control de las más mínimas acciones, sobrenaturalizando siempre la
intención, se ha hecho cita de ideal perfecto. "Mi mayor penitencia ha de ser la
vida común".
Cuando hay que orar, ora con todo amor; cuando hay que estudiar, estudia con toda
ilusión; cuando hay que practicar deporte, lo practica con todo entusiasmo Y siempre con
más amor, en cada instante del programa diario, bajo la mirada de la Virgen.
Quiero hacerme santo sin espera alguna; y la devoción a María Santísima es el
fundamento de mi vida espiritual. Si amo a María, estoy seguro de mi salvación y de ser
fiel a la vocación religiosa.
A los veintidós años un resfriado degeneró en una grave enfermedad en
pleno mes de agosto. Al sentirse morir, estrecha entre sus dedos. el crucifijo, el rosario
y el libro de las Reglas de la Compañía de Jesús; «esto es cuanto en esta vida he
poseído; los tres objetos más queridos para mí; con ellos moriré contento.
Mi mayor consuelo en esta hora es el no haber quebrantado nunca, en mi vida religiosa,
regla alguna ni orden de los superiores, a sabiendas y advertidamente; y el de no haber
cometido nunca un pecado venial.
Otros Santos: Leonardo de Porto Mauricio, presbítero; Pedro Alejandrino, Conrado, Amador, Fileas, Esiquio, Pacomio, Teodoro, Belino y Gonzalo, obispos; Fausto, Marcelo, presbíteros; Básolo, Estiliano, confesores; Siricio, papa; Beato, Silvestre, abades; Nicon, monje;