PRESENTACIÓN DE SANTA MARIA VIRGEN
El 20 de noviembre del
543, tuvo lugar en Jerusalén la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva,
erigida sobre la colina de Sión, ante la explanada del templo. Las Iglesias de Oriente
han ligado a esta dedicación el recuerdo de la «Entrada el Templo de la Santísima Madre
de Dios», que recogen las narraciones antiguas Por encima del acontecimiento que puede
servir como soporte a esta festividad, María aparece hoy la Purísima, «la fuente
perpetuamente manante del amor», "el templo espiritual de la santa gloria de Cristo
nuestro Dios" (Liturgia bizantina). La Presentación de María, como se dice en
Occidente, es el símbolo de la consagración que la Virgen Inmaculada hizo de sí misma
al Señor en los albores de su vida consciente. De ahí que nos resulte oportuno el ver a
María «llena de gracia», como el modelo de toda vida consagrada. Siendo, como es,
modelo de todos los cristianos a quienes el bautismo ha consagrado a Dios por su
incorporación a Cristo, María es con especial motivo, el modelo de aquellos y aquellas
que han querido hacer de su propia vida una respuesta más plena a la llamada del
Evangelio, uniéndose al Señor con los votos de pobreza, castidad y obediencia. Es,
asimismo, modelo de los que se consagran para siempre a través del sacerdocio de Cristo y
de la Iglesia.
SAN GELASIO I 496
No se sabe si nació en
África o era romano de origen, pero sí consta que fue elegido pontífice en el 492 y que
reinó cuatro años y medio, distinguiéndose por su energía.
Parece que no es obra suya el Decreto Gelasiano que contiene una lista de los
libros del canon bíblico, pero sí hay que atribuirle reformas litúrgicas y sin ninguna
duda una actitud muy firme respecto a los herejes: combatió implacablemente a pelagianos,
nestorianos y monofisitas, e hizo quemar los libros de los maniqueos.
También hombre de una pieza en el conflicto que le enfrentó a un obispo cismático de
Constantinopla, afirmando en todo momento la primacía de la sede romana, sin olvidar que
formuló con claridad, quizá por primera vez, la supeditación que en último término
debe el poder temporal al espiritual.
Este esquemático repaso a sus actividades le señala como un papa que no perdía el
tiempo y que en menos de un lustro dejó huella en todas las cuestiones relativas a la fe
y a la disciplina. Su figura se ve así envuelta en un aura de inflexibilidad.
Aunque la idea más común acerca de ser santo se relaciona con blandas efusiones teñidas
de sentimentalismo, la santidad estriba muchas veces en ser duro. San Gelasio, defendiendo
el depósito de la fe y la Iglesia de Roma es inflexible, no retrocede ni una pulgada; y
también ha pasado a la historia como «padre de los pobres», porque para él caridad
significaba las dos cosas, ser de hierro custodiando la herencia de Dios y de cera y miel
para las necesidades de sus hermanos.