18 DE NOVIEMBRE
DEDICACIÓN DE LAS BASÍLICAS DE LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO
El sepulcro de San Pedro en el
Vaticano y el de San Pablo en la ribera del Tíber, en el camino de Ostia - los «trofeos
de los Apóstoles» como los llama un documento del siglo II - han sido siempre objeto de
la veneración de los fieles. Después del glorioso sepulcro de Cristo en Jerusalén, las
tumbas de Pedro y Pablo en Roma constituyen la meta por excelencia de toda peregrinación
cristiana. Hacia el 330, el emperador Constantino erigió una amplia basílica sobre la
tumba de Pedro y un edificio muy modesto sobre la de Pablo. La basílica de San Pablo fue
reconstruida a finales de siglo de acuerdo con una concepción grandiosa (390). Tal
basílica sería arrasada por un incendio en 1823 y reedificada siguiendo el mismo diseño
(1854). La basílica constantiniana de San Pedro fue sustituida en el siglo XVI por la de
Bramante y Miguel Ángel, que alza su cúpula al cielo de Roma justamente encima de la
tumba del Apóstol. Se celebró su dedicación el 18 de noviembre de 1626.
Pedro y Pablo «hicieron memorable el nombre de Dios por generaciones y generaciones». Al
anunciar a los paganos la salvación en Jesucristo, nos facilitaron "el primer anuncio
del Evangelio". Pero su actividad no concluyó con su muerte. La Iglesia romana es la
Iglesia de Pedro y Pablo, habla en nombre de ellos y cada día tiene nuevas experiencias
de su solicitud: ellos son los que la guían y protegen a fin de que conserve intacta la
verdad que ellos mismos le confiaron en depósito.
SAN ODÓN DE CLUNY . 879-942
Hijo de un noble turenés, debió de
nacer en Tours y se acogió muy pronto a la basílica de San Martín, en su ciudad natal.
En el 909 se hizo monje de un apartado monasterio borgoñón, Baume-les-Messieurs, donde
permaneció dieciocho años, y en el 927 fue elegido abad de Cluny.
Esta abadía se convirtió bajo su gobierno en el gran foco espiritual y cultural de
Europa, empezando su labor por una depuración en la vida de los propios monjes: clausura
más estricta, más horas de rezo, austeridad, silencio. Cluny tenía que vivir para la
entrega más exigente a Dios, a quien se honraba también con los esplendores litúrgicos.
Pero un abad de estos tiempos no podía ser solamente un contemplativo, y Odón tuvo que
viajar mucho, visitando y reformando comunidades, poniendo paz entre querellas de monjes y
haciendo de Cluny la cabeza de una vasta federación de monasterios a la manera feudal.
También los papas reclamaban su presencia, estuvo en Roma varias veces, fue consejero de
León VII y Esteban IX, y, no sin vencer enormes dificultades, contribuyó a imponer la
serena visión de un hombre que resolvía los problemas de este mundo aplicando el
criterio de la prioridad absoluta del Espíritu.
Montado en su asnillo y cantando salmos, san Odón de Cluny recorría Europa poniendo
orden en las cuestiones humanamente más intrincadas, absorto en éxtasis como quien
sobrevuela con la ligereza del alma los menudos accidentes de su camino.
Otros Santos: Esiquio, Román y Bárula, Orículo, mártires; Máximo, obispo; Tomás, monje; Hilda, abadesa; Beata Salomé de Cracovia, virgen.
![]()