10 DE NOVIEMBRE
SAN LEÓN MAGNO S. V
San León I, elegido
obispo de Roma en el año 440 y muerto el 461, fue un papa de momentos de crisis. Tenía
un espíritu suficientemente magnánimo como para hacerles frente. Resistió con igual
energía e inteligencia el peligro de las invasiones de los bárbaros como el de la
herejía monofisita, que ponía en peligro la fe de la Iglesia en el misterio de la
Encarnación. Si bien acertó a alejar la amenaza de Atila que pesaba sobre Italia (452),
hubo de asistir, sin embargo, tres años más tarde, al saqueo de Roma por los vándalos
(455). Ahora bien, en el momento en que tenía que atender a las necesidades materiales de
su pueblo, había de formular también la fe recibida de los Apóstoles con respecto a la
persona de Jesús. El Concilio de Calcedonia ratificó por aclamación su doctrina:
"Pedro ha hablado por boca de León", exclamaron los Padres (451). Pero la fe no
es una pura especulación. De ahí que San León recuerde a su pueblo, a lo largo del
año, las consecuencias que supuso para la vida del cristiano la Encarnación:
"Reconoce, cristiano, tu dignidad. Recuerda de qué cabeza y de qué cuerpo eres
miembro". Es admirable que unas oraciones litúrgicas, unos sermones y cartas
compuestos en medio de tantas dificultades resuman tal serenidad. El secreto de semejante
paz y dominio hay que buscarlo en el amor y la fe que animaban a León Magno: fe en
Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, y amor a Aquel que es Hijo de Dios e hijo de
María; fe en sus promesas, cuya depositaria es la Iglesia en la persona del sucesor de
Pedro, y amor hacia esa misma Iglesia, que sigue siendo gobernada por la segura mano de
Pedro.
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SAN
MILLÁN
Llena los confines
norteños de la España visigoda, durante cien años, desde Eurico a Leovigildo.
Su vida religiosa solitaria, se constela de nombres irradiantes: Vergegium y Berceo, con
sus aires natales pastoriles y su servicio sacerdotal, la serranía de la Cogolla con su
retiro penitencial, el valle de Ocón y la tierra de Amaya con su popularidad
taumatúrgica; Cantabria, sobre los Berones, con el recuerdo ferviente de su destrucción,
por él anunciada.
Tuvo como maestro de ascética a San Felices de Bilibio. tan recordado en los campos de
Haro; y como biógrafo a San Braulio, obispo de Zaragoza.
En el valle de su vida, de su santidad y de su sepultura, se levantaría, con el nombre de
San Millán de la Cogolla, un monasterio doble; el antiguo, de Suso, o de arriba; y el
nuevo, de Yuso, bajado por Sancho III el Mayor. Se le ha llamado Compostela de la Rioja; y
Escorial de la Rioja; en él se ha conservado el primer fragmento conocido de la lengua
hispana actual, que es una oración:
«Con o ayutorio de nuestro dueño Christo.... ácanos Deus omnípotes tal serbicio fere,
que denante e la sua fase gaudiosos seyamus". «Con la ayuda de Cristo Nuestro
Señor... háganos Dios omnipotente hacer tal servicio que, delante de su faz, gozosos
seamos
Otros Santos: Andrés Avelino, presbítero; Victoria, virgen y mártir; Trifena, Trifosa, Olimpia, Rodión, Miles, Abrosimo, Demetrio, Aniano, Eustosio, Trifón, Respicio, Tiberio, Modesto, Florencia y Ninfa, mártires; León, confesor; Teotista, virgen; Martín, Demetrio, Monitor, Justo, y Probo, obispos.
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