31 DE MAYO
LA VISITACIÓN DE SANTA MARIA
El Evangelio
dice que, cuando María fue a visitar a su prima Isabel, permaneció con ella «unos tres
meses». Precisamente los tres meses que separan la Anunciación. del Señor del
nacimiento de Juan Bautista es cuando celebramos la fiesta del encuentro de Isabel y.
María, pero más aún del encuentro misterioso de dos seres a través de sus dos madres;
una del Precursor, y la otra del Mesías. Una repentina alegría hace vibrar a María e
Isabel a causa del Misterio que acontece por su medio, a la tierra. En este sentido, la
Visitación es una nueva Anunciación: al estremecerse de alegría Juan anuncia ya a Aquel
cuyo profeta va a ser , a la vez que se le descubre a María parte del misterio de su hijo
divino.
Para María, la Visitación es además un misterio de humilde servicio y de júbilo:
júbilo que estalla bajo la inspiración del Espíritu en el Magníficat. Semejante
júbilo es fruto del amor: brota el canto de acción de gracias después de un maravilloso
viaje que María se impuso para ponerse al servicio de su prima encinta. Por lo que toca
al manantial de tal alegría, es algo muy intimo: Jesús, a quien María lleva dentro de
si.
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SANTA MECHTILDIS DE EDELSTETTEN 1160
Ver el noticiario
de la noche o leer el periódico puede ser deprimente. Como las buenas noticias no son
noticia, los medios de comunicación se encaminan hacia toda tragedia, accidente y horror.
Una dieta continua de pensamientos mórbidos como ésos nos aboca a sentirnos un poco
mórbidos nosotros mismos.
Un médico que trabajaba en una clínica de la sanidad pública dijo una vez que estaba
empezando a sentir como si no quedase ya nada bueno en el mundo. Todos los días se veía
rodeado por víctimas de la violencia, el abuso y la drogadicción. Hasta que no escapó
de esa situación opresiva no pudo apreciar la belleza y bondad que aún se hallan
presentes en el mundo.
Lo que vemos y oímos de forma regular influye profundamente en el modo en que pensamos.
Cuando Santa Mechtildis de Edelstetten fue elegida abadesa de su convento, intentó
restaurar la disciplina prohibiendo entrar en el claustro a los visitantes seglares con
sus noticias mundanas.
Quizá debamos, por uno o dos días, seguir las órdenes de Santa Mechtildis eliminando de
nuestra vida todas las noticias de televisión, radio y periódicos. Si algo realmente
importante sucede, sabremos de ello por los amigos y conocidos. Mientras tanto, podemos
usar el tiempo que normalmente emplearíamos prestando atención al mundo, en prestar
atención a nuestro mundo. Podemos leer un libro que teníamos pensado, llamar a un amigo
con el que no hemos charlado desde hace años. Podemos salir a dar un paseo con un niño,
hacer un pastel, soñar despiertos. Podemos celebrar la bondad de la vida, en vez de
vernos abrumados por sus penas.
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