1 DE MAYO
EN LA DIÓCESIS DE TUI-VIGO LUNES DE LA 2ª SEMANA DE PASCUASAN PEDRO GONZÁLEZ TELMO 1190-1246
(Véase 15 de abril)SAN JOSÉ, OBRERO
El primero de mayo, antes de convertirse en Europa en la Fiesta del trabajo,
señaló durante mucho tiempo a finales del siglo XIX y comienzos del XX un
día de reivindicaciones, y sobre todo un día de reivindicaciones en favor de la
promoción obrera. Había en todo ello una voz ante la que no podía resultar insensible
la Iglesia, a la que los papas León XIII y Pío XI se esforzaban por entonces en abrir a
los problemas del mundo del trabajo. Pío XII quiso dar una dimensión cristiana al
presente día colocándolo bajo la protección de San José Obrero (1955). José no sólo
fue un trabajador, el carpintero de Nazaret, sino que es el modelo del trabajador
cristiano, ya que, durante años, trabajó para Jesús y dentro de la diaria intimidad con
él.![]()
1 DE MAYO
SAN PEREGRINO 1260-1345
Una de las grandes
verdades de la vida espiritual es que obtenemos lo que pedimos en la oración. «Pedid, y
recibiréis», dice Jesús. «Sí, muy bien», pensaréis tal vez. «Si eso fuera cierto,
ya habríamos ganado todos la lotería.»
Es verdad, de acuerdo, pero la mayoría de nosotros no sabemos cómo pedir. Oh, sí,
sabemos cómo plantear nuestras peticiones, como si Dios fuese un cocinero de un
restaurante de comida rápida, pero eso no es pedir. Pedir no es meramente el acto de
articular nuestros deseos y luego sentarnos aguardando a que Dios envíe nuestro encargo.
Pedir es el sometimiento total de nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Llevamos
nuestras peticiones hasta Dios, creyendo que serán cumplidas, no porque nosotros las
queramos, sino porque Dios quiere concedérnoslas.
San Peregrino padeció cáncer de pie. Cuando todo tratamiento médico hubo fallado, los
doctores decidieron amputar. San Peregrino pasó la noche antes de la operación pidiendo
a Dios que lo curase, pero sólo si Dios quería hacerlo. Cuando los cirujanos llegaron a
la mañana siguiente, se hallaba completamente curado.
Aprender la diferencia entre pedir y pedir lleva tiempo. Requiere un examen sin temor de
nuestros motivos. Si hacemos nuestras peticiones por miedo y egoísmo, es improbable que
Dios las vaya a conceder. Sólo cuando estamos total y completamente dispuestos a aceptar
cualquier cosa que Dios nos dé podremos estar seguros de estar pidiendo realmente.
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