19 DE MAYO

SAN CELESTINO V  1214-1296,

celestinovn.jpg (20675 bytes) San Pedro Morone, más tarde Celestino V, nació en los Abruzzos, Italia. "Mis padres, cuenta en su Autobiografía, tuvieron doce hijos, como Jacob, y su mayor deseo era ofrecer alguno al Señor. Fue escogido el undécimo, (él mismo), que se llamaba Pedro, como fue escogido José, en casa de Jacob". Pedro repetía con frecuencia a su madre "Quiero ser un buen siervo de Dios".
Pedro era la humildad personificada. Sus deseos se inclinaban a la vida de los anacoretas. Marchó a una montaña y se quedó en una cueva, dedicado totalmente a la oración. Después cavó un hoyo bajo una roca, para mayor austeridad. Se alternaban grandes tentaciones con altas consolaciones.
Acudían muchos a consultarle. Le animaban a que recibiera el sacerdocio. Accedió y fue a Roma a recibirlo. De vuelta, se quedó otros cinco años en otra cueva para vivir en soledad con Dios. Tenía dudas sobre la celebración de la Misa. Pensaba que si celebraba acudirían muchos y perdería la soledad. Además se sentía indigno. La voz del cielo se dejó oír. - Celebra Misa, hijo. - Pero San Benito y otros Santos no se atrevieron. No soy digno. - Nadie es digno. Celebra Misa con temor y temblor. Y quedó tranquilo.
Marchó al monte Morone, que le ha dado el apellido, buscando mayor soledad. Pero crecía la fama de santidad y tenía el carisma de los milagros. Acudieron muchos que querían ser sus discípulos. Se resistía pero al fin cedió, y nació la Orden de los Celestinos, luego unida a los benedictinos.
Un día llegó una visita inesperada. Era el arzobispo de Lyón con varios prelados, embajadores del cónclave, notificándole que había sido elegido Sumo Pontífice. Rondaba ya los 80 años. Era el año 1294. Muchos se alegraron de esta elección. Hacía falta un Papa santo, que rompiera las intrigas de los Orsinis y Colonnas en el Sacro Colegio. Además era necesario terminar con el largo interregno de más de dos años sin Papa.
Pedro Morone cedió y tomó el nombre de Celestino V. Montado humildemente en un borriquillo entró en Aquila, como Jesús en Jerusalén. Recibió el homenaje de los cardenales, la consagración episcopal y la coronación como Papa. No quiso ir a Roma, sobresaltada por luchas ciudadanas. Se fue al Palacio Real de Nápoles e hizo construir una cabaña dentro de sus habitaciones para vivir mejor la soledad. Pero le influía demasiado el rey de Nápoles, y los asuntos de la Curia iban de mal en peor.
Su temperamento poco sociable, el desconocimiento de las cosas humanas, le acarrearon graves dificultades. Además todo eran intrigas y ambiciones. Entonces se convenció de su incapacidad para el cargo y dio un gran ejemplo de humildad y desapego de las grandezas y honores terrenos.
Constituyó una comisión para estudiar la posibilidad de renuncia. Dado el visto bueno, reunió a los cardenales y leyó la bula de abdicación. Fue una escena única en la historia. Es "la gran renuncia" que Petrarca le alabará y Dante le reprochará hasta hundirlo en el infierno. Había gobernado - más bien, había ocupado el Solio pontificio - unos cinco meses.
Poco después era elegido su sucesor Bonifacio VIII, que encerró a Pedro Celestino en el castillo de Monte Fumone, junto a AnagIli, por temor a un cisma. Allí vivió como un simple monje, según era su deseo. Allí continuó su vida de oración, soledad y penitencia, hasta mayo de 1296 en que murió.
El Papa Clemente V lo elevó al honor de los altares en Avignon el 1313.

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19 DE MAYO

BEATO JUAN DE CETINA y BEATO PEDRO DE DUEÑAS

Juancetinan.jpg (9560 bytes)Nacido cerca de Zaragoza. en Cetina. pasa sus primeros años en ambiente militar al servicio de un hombre de armas.
Para darse a la oración, marcha posteriormente al retiro de San Ginés, no lejos de Cartagena y allí permanece varios años.
Hasta que decide regresar a la comarca de Monzón donde recibe el hábito franciscano y. años más tarde, la ordenación sacerdotal.
Destinado después a Barcelona. perfecciona allí sus estudios y la pastoral de su predicación.
Chelva en Valencia será su campo fértil de apostolado y de ejemplar pobreza.
Un día se difunde por la cristiandad la noticia de la muerte por Cristo de cuatro religiosos franciscanos en aquella lejana Jerusalén ocupada por el Islam.
Y Juan de Cetina en sus correrías apostólicas llega a Roma. decidido a impetrar de la Santa Sede licencia para ejercitar su ministerio entre los musulmanes del reino moro de Granada.
En Granada encontrará el martirio el 19 de mayo de 1397.
Pedro es asignado como compañero de San Juan de Cetina, en la arriesgada misión para anunciar el Evangelio en Granada a los seguidores del Islam. Había nacido en Dueñas, tierra de Palencia.
Atraído primeramente por la corte, renuncia a todo para hacerse hermano franciscano. Lleno de Juventud acompaña hasta Granada al veterano misionero aragonés.
Pronto se deja sentir en la capital del reino moro de Granada, la irradiación evangélica de los franciscanos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas.
Para impedirla, el rey sarraceno Mohamed manda encerrarlos en una mazmorra donde serían azotados y finalmente decapitados en la primavera de 1397. Sus cuerpos, recogidos por los cristianos, son trasladados posteriormente a la catedral de Vich.

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19 DE MAYO

SAN DUNSTAN  910-988

dunstann.jpg (10337 bytes)Muchos de nosotros creemos que el vicio de la indolencia ha seguido el camino del todo. Después de todo, ¿quién tiene tiempo de ser perezoso?
La indolencia, sin embargo, tiene cuando menos tanto que ver con la negación como con la pereza y el mal uso del tiempo. Cuando somos insolentes, sabemos lo que deberíamos estar haciendo, pero tratamos de ignorarlo. Sabemos, por ejemplo, que deberíamos comer más frutas y verduras, pero seguimos ordenando hamburguesas y patatas fritas para comer. Nos darnos cuenta de que seríamos más felices si utilizásemos las escaleras en vez del ascensor, pero de todos modos pulsamos el botón de «arriba».
La mayoría de nosotros nunca consideraríamos indolente a San Dunstan. Nacido cerca de Glastonbury, pasó mucha de su vida estrechamente relacionado con la familia gobernante. Fue consejero principal del trono, e incluso dirigió el país durante el reinado del joven Eduardo el Mártir. Sin embargo, San Dunstan reconoció que incluso en la más ocupada de las vidas puede insinuarse la tendencia a la indolencia. Es así que, siendo un joven monje, pasó el mayor tiempo que pudo haciendo trabajos manuales como modo de impedir que el vicio de la indolencia se hiciese con el control de su vida.
Como San Dunstan, todos podemos estar tentados de dejarnos llevar por la indolencia. Si negamos su posibilidad, abrimos un poco más la puerta para su admisión. Es sólo cuando reconocemos que la indolencia es un fallo encubierto en tanta medida como uno explícito cuando podemos prevenir su entrada en nuestras vidas.

Otros Santos: Crispín de Viterbo, religioso; Beato Francisco Coll, presbítero; Beato Juan Lorenzo, mártir; Beato Juan de Cetina, mártir; Beatos Clemente de Osimo y Agustín de Tarano, presbíteros

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