19 DE MAYO
SAN CELESTINO V 1214-1296,
San Pedro
Morone, más tarde Celestino V, nació en los Abruzzos, Italia. "Mis padres, cuenta
en su Autobiografía, tuvieron doce hijos, como Jacob, y su mayor deseo era ofrecer alguno
al Señor. Fue escogido el undécimo, (él mismo), que se llamaba Pedro, como fue escogido
José, en casa de Jacob". Pedro repetía con frecuencia a su madre "Quiero ser
un buen siervo de Dios".![]()
19 DE MAYO
BEATO JUAN DE CETINA y BEATO PEDRO DE DUEÑAS
Nacido cerca de
Zaragoza. en Cetina. pasa sus primeros años en ambiente militar al servicio de un hombre
de armas.
Para darse a la oración, marcha posteriormente al retiro de San Ginés, no lejos de
Cartagena y allí permanece varios años.
Hasta que decide regresar a la comarca de Monzón donde recibe el hábito franciscano y.
años más tarde, la ordenación sacerdotal.
Destinado después a Barcelona. perfecciona allí sus estudios y la pastoral de su
predicación.
Chelva en Valencia será su campo fértil de apostolado y de ejemplar pobreza.
Un día se difunde por la cristiandad la noticia de la muerte por Cristo de cuatro
religiosos franciscanos en aquella lejana Jerusalén ocupada por el Islam.
Y Juan de Cetina en sus correrías apostólicas llega a Roma. decidido a impetrar de la
Santa Sede licencia para ejercitar su ministerio entre los musulmanes del reino moro de
Granada.
En Granada encontrará el martirio el 19 de mayo de 1397.
Pedro es asignado como compañero de San Juan de Cetina, en la arriesgada misión para
anunciar el Evangelio en Granada a los seguidores del Islam. Había nacido en Dueñas,
tierra de Palencia.
Atraído primeramente por la corte, renuncia a todo para hacerse hermano franciscano.
Lleno de Juventud acompaña hasta Granada al veterano misionero aragonés.
Pronto se deja sentir en la capital del reino moro de Granada, la irradiación evangélica
de los franciscanos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas.
Para impedirla, el rey sarraceno Mohamed manda encerrarlos en una mazmorra donde serían
azotados y finalmente decapitados en la primavera de 1397. Sus cuerpos, recogidos por los
cristianos, son trasladados posteriormente a la catedral de Vich.
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19 DE MAYO
SAN DUNSTAN 910-988
Muchos de nosotros
creemos que el vicio de la indolencia ha seguido el camino del todo. Después de todo,
¿quién tiene tiempo de ser perezoso?
La indolencia, sin embargo, tiene cuando menos tanto que ver con la negación como con la
pereza y el mal uso del tiempo. Cuando somos insolentes, sabemos lo que deberíamos estar
haciendo, pero tratamos de ignorarlo. Sabemos, por ejemplo, que deberíamos comer más
frutas y verduras, pero seguimos ordenando hamburguesas y patatas fritas para comer. Nos
darnos cuenta de que seríamos más felices si utilizásemos las escaleras en vez del
ascensor, pero de todos modos pulsamos el botón de «arriba».
La mayoría de nosotros nunca consideraríamos indolente a San Dunstan. Nacido cerca de
Glastonbury, pasó mucha de su vida estrechamente relacionado con la familia gobernante.
Fue consejero principal del trono, e incluso dirigió el país durante el reinado del
joven Eduardo el Mártir. Sin embargo, San Dunstan reconoció que incluso en la más
ocupada de las vidas puede insinuarse la tendencia a la indolencia. Es así que, siendo un
joven monje, pasó el mayor tiempo que pudo haciendo trabajos manuales como modo de
impedir que el vicio de la indolencia se hiciese con el control de su vida.
Como San Dunstan, todos podemos estar tentados de dejarnos llevar por la indolencia. Si
negamos su posibilidad, abrimos un poco más la puerta para su admisión. Es sólo cuando
reconocemos que la indolencia es un fallo encubierto en tanta medida como uno explícito
cuando podemos prevenir su entrada en nuestras vidas.
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