15 DE MAYO

SAN ISIDRO, LABRADOR

isidro1n.jpg (15536 bytes)Paradójicamente, el patrón de Madrid no es un ciudadano, sino un campesino, este santo labriego de vida muy nebulosa (que conocemos gracias a un texto del siglo Xlll de Juan Diácono) que inspiró a Lope de Vega una infinidad de versos con más inspiración y fervor que sustancia histórica.
Debió de nacer en Madrid,
en torno al año 1080, quizás en la parroquia de San Andrés, era jornalero en los alrededores de aquella diminuta población del siglo Xll, tal vez en Torrelaguna contrajo matrimonio con una joven llamada María Toribia (santa María de la Cabeza según la tradición), tuvo por hijo a san Illán y se cree que estuvo al servicio
de un tal Juan de Vargas.
Ya desde niño hubo de aplicarse a las labores del campo, toda vez que su familia, si bien rica en dones de piedad y virtudes cristianas, se veía sumamente apurada de los bienes de fortuna. Afirma de él Gregorio XV que «nunca salió para su trabajo - sin antes oír, muy de madrugada, la santa Misa». Este espíritu de piedad y unión con Dios no le abandonaba en su trabajo - si bien en modo alguno le servía como freno, antes, al contrario, el trabajo era al mismo tiempo plegaria, fue motivo aparente para que sus compañeros de faena, envidiosos le acusaran de descuido ante su señor, cuya confianza se había granjeado la entrega de Isidro. Soportó reiteradamente semejantes humillaciones correspondiendo siempre a ellas con el perdón y regando en verdad cada vez más "la tierra con el sudor de su frente". Dios premió tal humildad y constancia con no pocos milagros que han llevado a aureolar a San Isidro con un nimbo de taumaturgia. Pero acaso su mayor gloria, junto con esa piedad a la que hemos aludido más arriba, radicara en la fidelidad a sus amos, su consagración desinteresada al trabajo y una insondable caridad para con los más pobres que él, con los que a diario compartía su mesa.
Próximo a expirar, tras recibir al Señor en Viático,
era el año 1170. exhortó a los suyos al amor de Dios y del prójimo, antes de rendir cumplida cuenta de los talentos que el dueño de la granja del mundo le había confiado.
Su cuerpo incorrupto se conserva en la iglesia de San Andrés.
Junto a la ermita del Manzanares está la fuente milagrosa. La devoción popular ha colocado estos versos ingenuos: "Pues San Isidro asegura que si con fe la bebieres y calentura tuvieres volverás sin calentura".
El 12 de mayo de 1622 fue un gran día para España. Gregorio XV canonizaban con San Isidro, a tres españoles más: Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Teresa de Jesús.

Es patrono de todos los hombres del campo españoles

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torcuaton.jpg (27541 bytes)SANTOS TORCUATO (TROCADO) Y SUS SEIS COMPAÑEROS, OBISPOS

La tradición jacobea se une también a los llamados siete «varones apostólicos». Por ellos, la predicación de los apóstoles, se vio continuada en la propagación del cristianismo en España. Sus nombres y su veneración están en el origen de otras tantas Iglesias españolas de la más reconocida antigüedad.
En el recuerdo meridional de la península ibérica, san Torcuato encabeza los llamados "Siete Varones Apostólicos", Obispos que prosiguieron con prontitud en España la misión evangelizadora de los dos grandes apóstoles de Roma, Pedro y Pablo.
De su labor se hizo eco San Gregorio VII en carta al Rey Alfonso VI.
La fuerza de su predicación y de sus obras evangélicas quedará centrada en la Bética y en la jurisdicción cartagenense, al igual que sus nombres. Torcuato en Acci (Guadix); Tesifonte en Vergi; Segundo en Abula; Hesiquio en Carcasa; Indalecio en Urci (de Almería); Eufrasio en Illiturgis (Lituergo, entre Andújar y Bailén); y Cecilio en Ilíberis (Elvira, Granada).

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SANTA JUANA DE LESTONNAC 1640

juanalestonacn.jpg (20202 bytes)Santa Juana nace en Burdeos el 1556. Sus padres se llamaban Ricardo, buen católico, y Juana, ferviente calvinista.
La pobre niña empieza a ser objeto de contradicción. Es bautizada en la Iglesia católica, a pesar de la oposición de la madre, que intenta inocular en la niña sus propias ideas.
Pero su fe, combatida, acaba por fortalecerse, apoyada por su padre, su hermano Guido y su tío, el célebre filósofo Miguel de Montaigne, que llamó a su sobrina "bella princesa albergada en magnífico palacio".
Incluso deseó entregarse a Dios en el claustro, aunque no llegó a realizarse.
Juana creyendo acatar así los designios de Dios, aceptó el matrimonio con Gastón de Montferrant, varón de Landirás y de la Mothe. Fue un matrimonio feliz. Tuvieron ocho hijos, de los que sobrevivieron cinco, a los que Juana educó en la piedad y caridad cristiana. La baronesa cumplió a la perfección sus deberes de esposa y de madre.
Llevaban 24 años de feliz matrimonio cuando Gastón murió. Seis años después había muerto también el primogénito, y Francisco, el heredero de la baronía había fundado su hogar. Dos hijas se habían consagrado al Señor, y la benjamina, Juanita, la encomienda al cargo de Francisco. Así, todo arreglado, ella se consagra al Señor en las Fuldenses de Tolosa.
Se siente feliz. Se entrega a rigurosas penitencias que la hacen enfermar. Una pena profunda se apodera de ella al indicarle la superiora que ha de volver a su castillo de Landirás, por prescripción facultativa.
Aquella noche empieza a diseñarse en su espíritu la futura Compañía de María. Tiene una visión celestial, presidida por la Virgen María, en la que contempla que muchas jóvenes se pierden. Las ve caer en espantoso torbellino y que tienden los brazos implorando ayuda. El Señor va iluminando su camino. Los Padres Bordes y Raymond, de la Compañía de Jesús, la apoyan y aconsejan. Se van concretando las reglas de la Congregación, calcadas en las de San Ignacio. Y el 1 de mayo de 1608 toman el hábito de la Compañía de María las cinco primeras religiosas.
El cardenal de Sourdis quiere acoplar la Obra a las reglas de las ursulinas, pero luego cede. La Obra sigue adelante según el primer diseño. La Virgen vela por su Compañía. En 1610 se consagran a Dios, el día de la Inmaculada, la madre fundadora y nueve compañeras.
Pronto la semilla se hizo fecunda y floreció en 40 fundaciones. Abundaron las persecuciones, los sufrimientos, hasta la traición de una de sus primeras hijas,
Blanca Hervé, que empezó una conspiración viciosa que dio como resultado su elección como superiora y la deposición de Santa Juana. Blanca maltrató entonces cruelmente a su anterior superiora. Santa Juana soportó sus pruebas con gran paciencia hasta que Blanca finalmente se arrepintió. Para entonces, sin embargo, Santa Juana ya no deseaba ser repuesta como superiora y vivió sus restantes años en el retiro.
Así se consolidaría el Instituto. "La parte que Jesús nos da de su cruz nos hace conocer cuánto nos ama", decía la Madre Fundadora cuando más arreciaban las persecuciones.
Tenía una gran devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al ángel de la guarda. El 2 de febrero de 1640 entregó su alma a Dios. Sus hijas seguirían trabajando por la educación cristiana de la juventud, según el ideal de la Fundadora: "O trabajar o morir por la mayor gloria de Dios".
Sus venerables restos, dispersos y profanados por la Revolución Francesa, fueron felizmente encontrados. El 15 de mayo de 1949, el Papa Pío XII la elevó a la gloria de los altares.


Otros Santos:
Indalecio, obispo y mártir; Eufrasio, obispo y mártir; Juan Bautista de Lasalle, fundador; Juana de Lestonac, fundadora; Pacomio, abad.

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