11 DE MAYO
SAN MAMERTO 477
Aunque los santos siempre estén dispuestos a escuchar nuestras
peticiones y a ayudarnos en modos a menudo milagrosos, son los primeros en recordarnos que
sin Dios carecen de poder. Cuando pedimos su ayuda, no es que puedan ponerse a la espalda
de Dios para conceder nuestras peticiones. Ningún santo puede responder plegaria alguna,
realizar ningún milagro o conceder favor alguno sin aprobación divina. Si lo que estamos
pidiendo no está ordenado por la divinidad, ni el más grande santo del cielo puede
dárnoslo. Si lo que estamos pidiendo ha sido ordenado por la divinidad, entonces ni el
santo más grande del cielo puede impedir que ocurra.
San Mamerto, arzobispo de Viena en el siglo quinto, fue bien conocido como hacedor de
milagros. Como todos los santos, atribuía sus milagros, incluyendo la extinción de un
misterioso fuego por medio tan sólo de oraciones, a la gracia de Dios.
El proceso de canonización se ha hecho mucho más estricto ahora que en tiempos de San
Mamerto. A fin de ser declarado oficialmente santo, se requieren milagros certificables.
Dado que los milagros deben cumplir normas estrictas, las curas médicas con amplia
documentación son las más comunes. Debido a las rigurosas normas, las causas de
canonización de muchos hombres y mujeres santos están aguardando la prueba de los
milagros. Entre estas gentes se hallan los que aparecen en este libro como Beatos. Si
tienes una petición de un milagro que sea particularmente urgente, podrías tratar de
pedir su ayuda a uno de estos santos que se hallan a la espera. Al concederte tu
petición, podrías tal vez ayudarles a alcanzar la posición oficial de santo.
San
Máyolo fue abad de la célebre abadía de Cluny, cuna de la reforma benedictina, poco
tiempo después de ser fundada y de convertirse en el foco principal de la cristiandad,
cuando la Sede de Roma se la disputaban entre varias familias romanas, los Túsculos y los
Crescencios, por lo que puede hablarse del siglo oscuro o edad de hierro del pontificado.![]()