5 DE MARZO
SAN FOCAS + 320
Hay varios
santos con este nombre (que en Oriente no sonaba a raro, lo lleva un emperador bizantino)
y sus historias parecen confundirse. El que invocaban los marineros del Ponto Euxino, del
Egeo y del Adriático, ¿era el mismo mártir cuyo santuario estaba en Sinope, en la costa
meridional del Mar Negro?.
Sea como fuere, el más antiguo
de estos personajes debió de ser un hortelano de Sinope de quien nos habla un panegírico
de comienzos del siglo v. Curioso Focas que diríase sacado de una película de Hitchcock,
con un singular sentido del humor negro que revierte en santidad.
Vivía en las afueras de la ciudad trabajando su huerto, y era acogedor, alegre y
hospitalario como pocos. Cuando se decreta una persecución contra los cristianos, no se
altera en lo más mínimo, no huye, sigue con su vida de siempre, como si la cosa no fuera
con él, porque uno de sus rasgos más característicos es la serenidad o, por así
decirlo, la sangre fría.
Llegan a su cabaña unos soldados que no le conocen, y él, según su costumbre, les
invita a entrar y les sirve de comer; luego les pregunta qué les trae por allí, y le
responden que buscan a un tal Focas, hortelano, y que su misión es quitarle la vida por
hechicero y encantador. ¿No puede ayudarles su amable huésped a prenderlo? De ser así,
ellos se encargarán de que reciba una recompensa y honores.
Focas, sin inmutarse, dijo conocer muy bien al hombre a quien buscaban, y aseguró que lo
pondría en sus manos, pero que ahora era mejor que descansasen, que él se encargaría de
todo. A continuación se fue a cavar su sepultura y a disponer sus últimos preparativos,
y a la mañana siguiente se presentó de nuevo ante sus perseguidores diciendo que él era
a quien andaban buscando. Los soldados no sabían qué hacer, pero al fin cumplieron las
órdenes y le cortaron la cabeza.
Según la tradición oriental, san Focas curaba las mordeduras de serpientes venenosas.
SAN JUAN JOSÉ DE LA CRUZ
1654-1734
San Juan José de la Cruz, de la Orden
Franciscana de San Pedro de Alcántara. Nace en 1654 en la isla de Ischia, frente a
Nápoles, de una familia cristianísima, cuyos cinco hijos se consagran a Dios en la vida
religiosa.
Lo mismo de maestro de novicios que de superior provincial y director de almas, San Juan
José de la Cruz hace de su vida una Cuaresma de oración y penitencia, con ayunos, y
cilicios en cruz, rigurosísimos.
Sobresaliente por su austeridad, insistió en una austeridad igual de estricta para los
novicios a su cargo. Incluso tuvo la idea de edificar eremitorios fuera del edificio
principal del monasterio, de modo que pudiese practicar una autodisciplina aún mayor. A
pesar de su exacta observancia de las reglas de su orden, puso también un especial
cuidado en que los novicios tuvieran tiempos regulares de recreo. Entendió, que lejos de
ser un lujo, el recreo es una necesidad del espíritu humano.
En su amor a la pobreza, llega a ser llamado "el Padre Cien Remiendos". A su
hábito lo considera como la túnica de Cristo, signo de su consagración a él.
Y hasta su muerte en Nápoles, con 80 años, el 5 de marzo de 1734, acata siempre la
Providencia de Dios; persuadido de que un ser como el hombre, con poco más de tres dedos
de frente, no puede abarcar los insondables designios divinos.
Otros Santos: Focio, Eusebio, Adrián, mártires; Teófilo, obispo; Gerásimo, eremita;
Olivia, virgen, y mártir