25 DE MARZO
LA ANUNCIACIÓN
Nazaret es uno de los lugares de Tierra Santa que se
visita con más emoción. Concretamente, la gruta de la Anunciación. Aquí el Verbo se
hizo carne, reza una inscripción de la Gruta, con la importancia que el adverbio aquí
tiene en Tierra Santa. En el Antiguo Testamento se dan muchos encuentros de Dios con el
hombre. En Nazaret se realiza el primer encuentro de Dios con el hombre en el Nuevo
Testamento.
Nueve meses antes de la Natividad, celebramos el Anuncio del Señor a María y su
Encarnación. Por muy íntimamente que esté asociada la Virgen al acontecimiento que
había se hacer de ella la Madre de Dios, el punto central de la celebración descansa en
la Palabra que se hace carne.
La Encarnación, relacionada con la Redención, resume el plan de amor de Dios hacia los
hombres. El momento en que el Hijo de Dios se hace hombre «en el seno de la Virgen
María» se impone hoy de una manera privilegiada a nuestra consideración, que se centra
alternativamente sobre Cristo y su Madre: Cristo, que al entrar en el mundo, realiza un
acto de obediencia a su Padre; María que «creyó en el anuncio del ángel y encarnó a
Cristo en su seno». Mas la Encarnación de la Palabra de Dios «cumplió sus promesas al
pueblo de Israel, y colmó de manera insospechada la esperanza de los otros pueblos».
Contiene, en germen, toda la divinización del hombre con la Iglesia, que «reconoce que
ha tenido su origen en la Encarnación».
No se pueden separar Encarnación y Redención. Por eso, en esta fiesta de la
Anunciación, que se halla muy próxima a las solemnidades pascuales, suplicamos a Dios
«llegar a las alegrías del Reino por el poder de la resurrección».
BEATA MARGARITA CLITHEROW
1556-1586
Margarita Clitherow se convirtió a la fe
católica durante la persecución inglesa del siglo dieciséis. Junto con otros amigos
católicos romanos, ocultó sacerdotes y dispuso misas secretas hasta ser arrestada, y
posteriormente ejecutada tras ser comprimida hasta la muerte con un peso de más de 300
kilos. Su marido, un protestante, la amaba muchísimo y dijo: «Que se lleven todo lo que
tengo y la salven a ella, pues es la mejor esposa de Inglaterra, y la mejor católica. »
El matrimonio no es fácil. Por mucho que amemos a nuestros esposos, tendremos
diferencias. Pueden ser tan pequeñas como por dónde exprimir el tubo de pasta
dentífrica, o tan graves como querer morir por nuestras convicciones religiosas.
Juan Clitherow no compartía la fe religiosa de su esposa, pero respetaba su derecho a
tener esa fe, incluso si la condujo a su ejecución.
Aprender a respetar las diferencias es un componente esencial de cualquier relación, pero
es especialmente importante en el matrimonio. A veces suponemos que nuestros esposos
deberían automáticamente pensar y actuar del mismo modo que nosotros. Tales suposiciones
es inevitable que creen estrés y, si no se corrigen, pueden incluso estrangular el amor
de la relación.
El mayor regalo que podemos hacer a nuestro esposo es la libertad devenir la persona que
Dios pretende que sea. Conceder esa libertad puede causar temor. Puede significar que
nuestro esposo o esposa recorrerán un sendero que no podemos seguir. Pero al conceder esa
libertad, ganamos también la nuestra.
Otros Santos: Ireneo y Pelayo obispos; Quirino y Dula, mártires; Ermelando, abad;
Desiderio y Baroncio, confesores; Lucra Filippini, virgen, fundadora.