18 DE MARZO

SAN CIRILO DE JERUSALÉN, obispo y doctor de la Iglesia  315-387

cirilojerusalenn.jpg (11174 bytes)San Cirilo de Jerusalén era un hombre lleno de paz y mansedumbre en medio de las agitaciones de su tiempo. Nació en Jerusalén o cercanías hacia el año 315. Nada sabemos de su juventud. Hay indicios de que la pasó en la vida monástica, en estudio y oración. Tendría unos treinta años cuando San Máximo de Jerusalén le ordenó sacerdote.
San Cirilo fue consagrado como obispo de Jerusalén alrededor del año 350, y murió el 386 ó 387. Era la época en la que la Jerusalén cristiana brillaba con toda la luz de su breve esplendor en la juventud de sus basílicas y el fervor popular de las procesiones que se desarrollaban a lo largo del año: desde Sión, «la madre de todas las iglesias» (Liturgia de Santiago), hasta el Calvario, y del Monte de los Olivos a la Anástasis, la basílica de la Resurrección.
El ministerio pastoral de Cirilo conoció múltiples tribulaciones unidas a su defensa de la fe definida en Nicea. Por tres veces se vio obligado el obispo, a causa de ello, a tomar el camino del exilio, y, la tercera de ellas, durante once años (367-378). Cirilo sufrió la prueba con entusiasmo, como auténtico testigo de la divinidad de Jesús.
Algo de esta fe, junto con su deseo de difundir el amor a Cristo, se echa de ver en sus Catequesis bautismal, que se remontan, a lo que parece, al comienzo de su episcopado.

Uno de los misterios que trata con más precisión es el de la presencia real. Dice a los neófitos: "Bajo la figura del pan recibís el Cuerpo de Cristo, y bajo las apariencias de vino recibís su Sangre, y esa recepción hace de vosotros un solo cuerpo y una sola sangre con Él".
Luego explica cómo acercarse los fieles a la sagrada mesa: "Haced de vuestra mano izquierda como un trono en que se apoye la mano derecha, que ha de recibir al Rey. Santificad luego vuestros ojos con el contacto del Cuerpo divino y comulgad. No perdáis la menor partícula. Decidme: Si os entregasen pajuelas de oro ¿no las guardaríais con el mayor cuidado? Pues más preciosas que el oro y la pedrería son las especies sacramentales" .
"En la figura del pan se te da el Cuerpo y en la del vino la Sangre; para que tú, recibiendo el Cuerpo y la Sangre de Cristo, te hagas un cuerpo y una sangre con él; a fin de que seamos cristóforos, portadores de Cristo, al comunicársenos a nuestros miembros su Cuerpo y su Sangre".

Asiste al concilio I de Constantinopla, ecuménico II, tiene el consuelo de ver el triunfo de sus ideas y contempla con gozo que va renaciendo la concordia.

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SAN SALVADOR DE HORTA 15201567

salvadorhortan.jpg (11674 bytes)Su historia, que es como una estampa de las Florecillas franciscanas, sencillísima, tierna y prodigiosa, empieza en un pueblo catalán donde nace de padres de muy modesta condición, probablemente sardos, y al quedar huérfano se trasladó a los alrededores de Barcelona; allí fue payés hasta que ingresó como lego en el convento franciscano de Jesús, extramuros de la ciudad.
Hortelano, cocinero, portero, limosnero, sacristán, hiciera lo que hiciese fray Salvador era siempre un vivo ejemplo de piedad y humildad, de alegría y santa despreocupación que a veces perturbaba a sus superiores, como en el famoso milagro de los ángeles que guisaron por él la mejor de las cenas mientras estaba abstraído rezando.

No tardó en ir de convento en convento - entre ellos el de Horta de san Juan, en Tarragona, de donde tomó el nombre -, porque era engorroso en todas las comunidades haciendo enormes y estupendos milagros curaciones múltiples con sólo la señal de la cruz, profecías, prodigios de toda índole), y donde él estaba no había orden ni paz por la afluencia de multitudes.
Se le prohibió que hiciese milagros, pero en vano, no por desobediencia, sino porque aquel chorro portentoso era involuntario e incontenible, se amotinaron los fieles cuando no se le dejaba aparecer en público, fue procesado por la Inquisición, que declaró purísimos sus actos y su doctrina, y el propio Felipe II quiso conocerle y le llamó a Madrid "¿Qué ganaréis con ver a un pobre cocinero del padre san Francisco?", dijo al gran rey en catalán, la única lengua que hablaba.
Por fin, en uno de sus traslados murió en la tierra de sus padres, en Cagliari, y el recuerdo de aquel frailecito de los milagros alegres e irrestañables, con un candor en la fe que le hacía omnipotente, ha llegado hasta nosotros como un conmovedor testimonio de la unión con Dios que juega con las leyes de la naturaleza.

Otros Santos:  Frigidiano, Anselmo, Alejandro y Narciso, obispos; Félix, doctor; Trófimo y Eucarpio, mártires.

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