
La suya es una historia de bárbaras crueldades en la
que se mezcla extrañamente un cristianismo muy rudo y contaminado por tradiciones
germánicas de una escalofriante crueldad. En este ambiente de guerreros brutales y
vengativos santa Clotilde llega a ser santa.
Era una princesa burgundia que había visto asesinar a su padre y a sus hermanos, y a
quien pide en matrimonio el rey de los francos Clodoveo. Según los antiguos cronistas,
éste la amaba apasionadamente, aunque sin entender por qué no rendía culto a Odin, Thor
y a los demás bélicos dioses de su raza.
La cristiana Clotilde, respaldada por san Remigio, obispo de Reims, rogaba por la
conversión de su esposo, «el hombre más noble del mundo, digno de que Dios le conceda
el don de la fe». En el 498, cuando la batalla de Tolbiac se anuncia como una gran
derrota para los francos, Clodoveo invoca al Dios de
Otros Santos: Juan Grande, religioso; Clotilde; Paula, virgen; Pergentino, Laurentino. Luciniano, y los niños: Claudio, Hipacio, Pablo y Dionisio, mártires.
![]()