27 de junio
SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA ¿376-444?
Las antiguas sedes patriarcales de Oriente están
todas representadas en el calendario romano: Antioquía con el mártir Ignacio, Jerusalén
con Cirilo, Constantinopla con Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo, y Alejandría con
Atanasio y Cirilo.
San Cirilo
Alejandrino es sin duda uno de los Padres y Doctores más egregios de la Iglesia. Los
Papas, tanto Celestino I, en su tiempo, como todos los demás hasta los de nuestros días,
Pío XI y Pío XII, han cantado sus egregias cualidades como acérrimo defensor de la
auténtica fe cristiana contra Nestorio que intentaba profanarla.
El nombre de San Cirilo de Alejandría va ligado,
ante todo, al concilio de Éfeso, en el que logró la condenación del patriarca de
Constantinopla Nestorio, que negaba a María el título de Madre de Dios (431). Cirilo era
por entonces obispo de su ciudad natal desde hacía casi veinte años.
Se trataba de un africano apasionado, ardiente en la defensa de la verdad, pero poco
cuidadoso del respeto hacia las personas con las que tenía algún conflicto. Sus
contemporáneos le reprocharon su carácter dominante y sus juicios extremosos.
La posteridad se le muestra agradecida por su lucha por la fe de la Iglesia en el
misterio de la Encarnación, sin olvidar, con todo, que la forma en que se llevó el
concilio de Éfeso produjo la primera ruptura de la unidad: la Iglesia nestoriano, pobre y
dispersa, vivió desde entonces su difícil testimonio a Cristo en el país del Islam, en
medio de una soledad que supone un llamamiento a la solidaridad de todos los cristianos.
Mas a Cirilo se le sigue considerando corno el «defensor invicto» y el cantor de
la maternidad divina de María: «Te saludamos, María, Madre de Dios, tesoro venerado por
el universo entero, luz que nunca se apaga.»
Cuando pensamos en un doctor, solemos pensar en un médico, sin embargo, la palabra doctor
proviene del latín docere (enseñar). La Iglesia ha designado a varios hombres y tres
mujeres (Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux y Catalina de Siena) como Doctores de la
Iglesia. Este título honorífico es dado a esas pocas y selectas personas cuyos escritos
han servido de instrumento para dar forma a la enseñanza de la Iglesia.
San Cirilo de Alejandría se halla en esa corta lista. Nacido en Alejandría, Egipto, San
Cirilo no fue un estudioso de modales templados. Como arzobispo de Alejandría, por
ejemplo, cerró iglesias pertenecientes a sectas disidentes. Sin embargo, pese a su
dureza, fue un orador elocuente de la enseñanza ortodoxa durante el Concilio de Éfeso.
Sus reflexivos escritos sobre el nacimiento de Cristo y su naturaleza divina le
consiguieron el título de Doctor de la Encarnación.
No siempre es agradable estar cerca de alguien que tiene la verdad de su parte. Cuando
alguien adopta una postura diferente de la nuestra o sostiene un punto de vista con el que
no podemos coincidir, tenemos la responsabilidad de tratar a esa persona con respeto y
paciencia. San Cirilo podría haberse convertido en un santo incluso si no hubiese
aprendido dicha lección, pero, afortunadamente para sus oponentes, se amansó un poco
cuando envejeció. Nunca dejó de defender aquello que consideraba la verdad, pero se
volvió más comprensivo de quienes no estaban de acuerdo con él. San Cirilo tuvo que
volverse viejo antes de volverse sabio. Nosotros no tenemos por qué esperar tanto.
Otros Santos: Santa María
Virgen del Perpetuo Socorro; Zoilo de Córdoba; Beato Tomás de Orbieto; Ladislao
de Hungría; Anecto, mártir;
Crescente, Sansón y Juan, obispos; Ladislao, rey.
