
Sobre estos dos mártires - que no deben
confundirse con sus famosísimos homónimos - se sabe tan poco y lo que se sabe es tan
embrollado que acerca de ellos ha habido las hipótesis más diversas, desde las que les
suponen un simple equivoco de onomástica hasta las que creen a pies juntillas en la
«pasión» del siglo Vl.![]()
SAN ANTELMO 1107-1178
A una anciana mujer le preguntaron en una ocasión qué
invento moderno apreciaba más. Se le ofrecieron varias sugerencias (televisión,
teléfono, automóvil, aeroplano). Negó con su cabeza todas ellas. Bien, ¿quizá la
electricidad o la radio? De nuevo negó con la cabeza. Tras reflexionar sobre el asunto
vanos minutos más, encontró la respuesta: el agua corriente.
La mayoría de nosotros damos por supuesta el agua corriente. El único momento en que
pensamos en ella es cuando abrimos el grifo y el agua no sale. Uno de los más grandes
logros del Imperio Romano fue su vasto sistema de acueductos. Incluso hoy en día, un
suministro continuo de agua fresca y limpia puede marcar la diferencia entre la salud y la
enfermedad.
San Antelmo fue un gran reformador. Cuando se le nombró obispo de Belley, corrigió los
abusos existentes tanto entre los clérigos como entre los laicos. Extendió su obra más
allá de los asuntos eclesiásticos y reconstruyó el monasterio de Grande Chartreuse
después de que gran parte de éste fuese destruido por una avalancha. Además de
restaurar los edificios, renovó las tierras de cultivo y suministró agua fresca a
través de un sistema de acueductos.
El agua corriente ha sido por mucho tiempo usada como símbolo de la nueva vida y el
nacimiento. Hoy, cuando te laves las manos, tómate unos pocos minutos para pensar en el
agua mientras fluye por encima de tus palmas y entre tus dedos. Ofrece una plegaria
silenciosa para que igual que el agua se está llevando todo lo sucio y desagradable de
tus manos, así también sean lavados el dolor de tu corazón y los fracasos de tu vida
pasada.
![]()
BEATO JOSÉ MARÍA ESCRIVÁ 1902-1975
Josemaría Escrivá de Balaguer nació en
Barbastro (Huesca) el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José y Dolores.
Tuvo cinco hermanos, de los cuales murieron tres cuando todavía eran muy pequeños. El
matrimonio Escrivá dio a sus hijos una profunda educación cristiana.
En 1915 a causa de la quiebra del negocio comercial del padre la familia se trasladó
a Logroño. En esa ciudad, Josemaría percibe por primera vez su vocación: después de
ver unas huellas en la nieve de los pies descalzos de un religioso, intuye que Dios desea
algo de él, aunque no sabe exactamente qué es. Piensa que podrá descubrirlo más
fácilmente si se hace sacerdote, y comienza a prepararse primero en Logroño y más tarde
en el seminario de Zaragoza. Ya en el seminario, estudia a la vez la carrera civil de
Derecho.
Su padre muere en 1924, y él queda como cabeza de familia. Recibe la ordenación
sacerdotal el 28 de marzo de 1925 y comienza a ejercer el ministerio en una parroquia
rural y luego en Zaragoza. En 1927 se traslada a Madrid, para obtener el doctorado en
Derecho. Allí, el 2 de octubre de 1928, durante unos ejercicios espirituales, ve qué es
lo que Dios le pide, y funda el Opus Dei. Desde entonces comienza a trabajar en la
fundación, a la vez que sigue ejerciendo el ministerio sacerdotal, especialmente entre
pobres y enfermos. Además, estudia en la Universidad de Madrid y da clases para mantener
a su familia.
En 1946 fija su residencia en Roma. Desde esta ciudad va en numerosas ocasiones a
distintos países de Europa -y en 1970 a México-, para impulsar el establecimiento y la
consolidación del Opus Dei en esos lugares. Con el mismo objeto, en 1974 y en 1975 hace
dos largos viajes por América Central y del Sur, donde además tiene reuniones de
catequesis con grupos numerosos de personas.
Falleció en Roma el 26 de junio de 1975. Después de un examen exhaustivo de la vida
y obra de José María Escrivá -un proceso de casi 10 años- el Papa le beatificó el 17
de mayo de 1992 en la plaza de San Pedro. Su beatificación, junto con la de la beata
Josefina Bakhita, tuvo lugar ante una de las mayores multitudes que se han reunido en San
Pedro durante este siglo, unas 300.000 personas incluyendo 34 cardenales y 200 obispos. En
su homilía, Juan Pablo II dijo a los fieles: "Con sobrenatural intuición, el Beato
Josemaría predicó incansablemente la llamada a la santidad y al apostolado. En una
sociedad en la que el afán desordenado de poseer cosas materiales las convierte en un
ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo beato nos recuerda que estas mismas
realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para la gloria
del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los
hombres con Cristo".
![]()