
Cuerpo de duro roble,
alma azul de silencio;
miel silvestre de rocas
y un jubón de camello.
No fuiste, Juan, la caña
tronchada por el viento;
sí la palabra ardiente
tu palabra de acero.
En el Jordán lavaste
al más puro Cordero,
que apacienta entre lirios
y duerme en los almendros.
Sacudiste el azote
ante el poder soberbio;
y, ante el Sol que nacía
se apagó tu lucero.
Por fin en un banquete
y en el placer de un ebrio,
el vino de tu sangre
santificó el desierto.
Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras,
para fustigar mentiras
y para gritar verdades".
Otros Santos: Teodulfo y Simplicio, obispos; Rumoldo, Orencio, Eroes, Farnacio, Fermín, Firmo, Longino, Fausto, Ciriaco, Agliberto, y Agoardo, mártires.
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