Poncio
Meropio Paulino, de familia opulenta y noble, nació en Burdeos hacia el año 353. Tenia que ser por su cuna un gran señor, y
por su talento, como ya adivinó su maestro Ausonio, el último de los grandes poetas
paganos de la antigüedad, un brillante poeta.
Estudia, viaja, escribe versos que le valen el aplauso de Ausonio mientras vive en una fe
cristiana no demasiado exigente aún; es senador y cónsul en Roma, luego gobernador de la
Campania, y allí descubre, en Nola, el sepulcro de san Félix y la vida ejemplar de este
santo.
Casado con una española, Teresa (por quien se llamará así Teresa de Jesús), hacia el
390 es bautizado - hasta entonces sólo era catecúmeno - y una serie de graves
conflictos empuja al matrimonio a instalarse en España.
Los esposos guardan castidad perfecta, venden todos sus bienes para socorrer a los pobres,
y la vida que llevan en Barcelona parece tan admirable a las gentes (aunque Ausonio le
escriba que es una locura) que en la Navidad del 394 el pueblo barcelonés le aclama como
sacerdote y es ordenado.
Como propietario junto con su esposa de tierras
que se repartían entre Aquitania, España y la Italia meridional, era inmensamente rico.
Por lo mismo, causó sensación cuando empezó a liquidar sus bienes para entregarlos a
los pobres: «Con todos mis bienes terrenos escribe compraba la esperanza del cielo».
Desembarazado de la parte más cuantiosa de su fortuna, vivió en su hogar desde entonces
una vida casi monástica.
La muerte de su único hijo, al poco de nacer, contribuyó aún más a la ruptura de
Paulino y Teresa con el mundo. Se retiraron en un principio a España y luego a Nola de
Campania.
Martín de Tours, Ambrosio, Jerónimo y Agustín le alientan por aquel camino, y en Nola,
junto a la tumba de su admirado san Félix, se dedicará a la vida monástica, sin apenas
variación cuando en el 409 es elegido obispo de la ciudad. Paulino, gran señor de su
espíritu, ha dejado también treinta y cinco bellos poemas, en uno de los cuales resume
su afán de no darse por satisfecho con lo que el mundo juzgaba ya inmejorable: «Cristo,
sacia mi sed de tus fuentes altísimas»
Durante veintidós años, el antiguo cónsul convertido en pastor, gobernaría a su pueblo
con cariñosa bondad y daría testimonio de una gran fortaleza ante los bárbaros que
habían invadido Italia. Teresa no desapareció de la vida de Paulino al pasar éste a ser
obispo. Continuó dirigiendo su casa y con frecuencia los corresponsales del obispo le
mandaban a éste saludos para ella. San Paulino murió el 431.
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SAN JUAN FISHER, OBISPO, Y SANTO TOMÁS MORO 1460-1535
San Juan
Fisher y Santo Tomás Moro. El primero obispo de Rochester y el segundo canciller de
Inglaterra constituyen dos ejemplares perfectos del humanismo cristiano. Procedentes uno
de Cambridge y el otro de Oxford, demostraron que se puede ser amigo de Erasmo, conocer el
griego y el hebreo además del latín, y llevar a la vez una vida austera en sus
exigencias íntimas y matizada con un humor que no es ajeno en modo alguno al Evangelio.
Uno y otro, en fin, testimoniaron hasta dar su sangre que, fieles a la Corona en todo lo
que le corresponde al César, no se sometían en su fe más que al sucesor de Pedro.![]()