19 DE JUNIO

SAN ROMUALDO  S.   X

romualdon.jpg (25126 bytes)San Benito se dirige en su Regla a aquel que «verdaderamente busca a Dios».
Romualdo hizo de este consejo la guía de su vida. Hijo de Sergio, duque de Rávena, había nacido en una ilustre ciudad a mediados del siglo X. Después de una juventud disipada, escuchó la llamada del Señor, que se confundió en su caso con la llamada a la vida eremítica.
Desde Classe a Venecia, y más tarde de Venecia a Cuxa (Francia) en donde acompañó al dux Pedro Orséolo al renunciar éste al mundo (978); de Cuxa a diversos lugares de Italia... edificaba su ermita cerca de alguna abadía, para llevar allí una vida solitaria cantando el Oficio junto con los monjes. Pudo dar cumplimiento de un modo estable a su proyecto en Val del Castro y más tarde en Camaldoli en los Apeninos. La Orden de los monjes ermitaños Camaldulenses tenía la novedad de ofrecer a quien buscaba a Dios la opción de tres tipos de vida consagrada: la observancia común de los monjes benedictinos, la vida de eremita asociada a la alabanza de las Horas en común y la soledad total de los enclaustrado!.
La vida de Romualdo durante más de treinta años fue prodigio de penitencia, de oración y de milagros. Eran muchos los que deseaban seguir a su lado y recibir su orientación.
Alguien ha dicho que lo que fue la Orden de Cluny para Francia fue la Camáldula - fundada por San Romualdo - para Italia. Se le puede apellidar como el gran reformador del monacato, gran cenobita, anacoreta y fogoso predicador de la doctrina de Jesucristo.

Moraba Romualdo en Val del Castro cuando sintió próximo su fin. Pidió a sus hermanos que le dejaran a solas con Dios, y, en su soledad tan querida, partió al Señor (1027).

SANTOS GERVASIO Y PROTASIO S. I

Gervasion.jpg (17639 bytes)Así lo cuenta san Agustín en el libro noveno de sus Confesiones: «Fue entonces cuando descubristeis por medio de una visión al obispo que acabo de nombrar (san Ambrosio) el lugar donde estaban sepultados los cuerpos de los mártires Gervasio y Protasio. Durante muchos años los habíais conservado al abrigo de la corrupción en vuestro misterioso tesoro para hacerlos salir de allí en el momento oportuno...».
Efectivamente, san Ambrosio, guiado por un «presentimiento», sueño o visión, hizo exhumar en Milán los restos de ambos mártires, que según san Agustín, mientras eran trasladados a la basílica ambrosiana, obraron milagros, siendo causa de que un ciego recobrara la vista y de que unos endemoniados se vieran libres del Maligno.
¿Quiénes fueron Gervasio y Protasio? Según la tradición, hijos gemelos de san Vital y santa Valeria, que tras el martirio de sus padres vendieron todos sus bienes para repartir su importe entre los necesitados y se hicieron bautizar. Por negarse a adorar a los ídolos se les decapitó bajo Nerón.
Una frase de san Agustín nos deja pensativos: «Los habíais conservado al abrigo de la corrupción en vuestro misterioso tesoro», in thesauro secreti Imaginamos plásticamente la gloria de los santos como un caudal inagotable de riquezas ocultas, como un patrimonio sin fin que Dios administra a efectos humanos de un modo tan enigmático como certero.
Gervasio y Protasio pertenecieron durante mucho tiempo al misterio de lo desconocido, y de pronto una visión divina y la solicitud del obispo de Milán devuelve sus vidas a la luz, hacen milagros, se les erigen iglesias, y en luminoso estilo de san Agustín su reaparición evoca la opulencia espiritual de la santidad, a menudo opaca para nosotros, que Dios hace visible cuando conviene.

SANTA JULIANA FALCONIERI 1270-1341

julianafalconieirin.jpg (23549 bytes)Los expertos en el desarrollo de los niños recomiendan a menudo que los padres permitan a los niños sufrir las consecuencias naturales en vez de imponerles un castigo. Por ejemplo, un niño que rehúsa comer se va a la cama hambriento.
Santa Juliana Falconieri fue forzada a sufrir las consecuencias naturales del intenso maltrato que dio a su cuerpo. Aunque la intención original de sus intensos ayunos fuera la de honrar a Dios con su penitencia, acabó por ser incapaz de digerir alimento alguno. La consecuencia no fue meramente que no pudiera comer; tampoco podía recibir la Sagrada Comunión. Ese resultado imprevisto de su penitencia tan estricta fue una de las más profundas tristezas de sus últimos días.
Muchas de nuestras oraciones en petición dc la ayuda divina tienen que ver más con las consecuencias que con las acciones originales. Por ejemplo, podemos no lamentar terriblemente haber apagado por tres veces la alarma del despertador, pero cuando la sirena de la policía nos echa a un lado porque estábamos corriendo a fin de llegar a tiempo al trabajo, nuestra oración por evitar la multa es muy real.
En situaciones como ésa, Dios actúa a menudo como un padre. En vez de entrometerse e intervenir, Dios permite que suframos las consecuencias naturales de nuestro comportamiento, (por supuesto, al igual que un niño, que insiste con sus padres hasta que éstos ceden, siempre podemos intentar la oración desesperada).
Conforme maduramos, sin embargo, caemos en la cuenta de que en vez de pedir a Dios que nos saque de situaciones que nosotros mismos hemos ocasionado, es mejor pedir la sabiduría suficiente para ver las consecuencias de nuestras acciones mientras aún estamos a tiempo de tomar mejores decisiones.

Otros Santos:  Gaudencio, obispo; Culmacio, doctor; Ursicino, Zósimo, LambertoBonifacio, mártires.