12 DE JUNIO
SAN JUAN DE SAHAGÚN 1479
El día 24 de junio de 1430, fiesta de San
Juan Bautista, en Sahagún, en un pueblecillo de
León, de los cristianos padres Juan González del Castillo y Sancha Martínez venía al
mundo este niño que haría famosa a su villa natal más que ninguno de sus predecesores.
Al igual que su Santo, será un verdadero predecesor de los designios de Dios y celoso
predicador de la Palabra divina.
Sus padres le educaron con la seriedad de castellanos bien formados en la fe de
Jesucristo. Su
padre hubiera querido que fueran las armas el futuro de su hijo, conseguido
milagrosamente después de muchos años, pero otros era los designios de la Divina
Providencia.
Le atraía más la Iglesia que el cuartel y la oración que la espada. Su padre, buen
cristiano, no se opuso cuando su hijo le manifestó sus deseos de ser sacerdote, pensó:
"También puede medrar en esta carrera y el nombre de nuestra familia puede subir de
prestigio si el pequeño llega a ser algo grande entre el clero". Y a fe que llegó.
No con prebendas humanas o de dignidades eclesiásticas sino con virtud y observancia en
la vida que abrazaría.
Estudió en su mismo pueblo con los Padres
Benedictinos.
Abrazó la vida sacerdotal y el arzobispo de Burgos D. Alonso de Cartagena, lo nombró su
paje y después canónigo y capellán. Tenía solamente veinte años.
Renunció a todo y marchó a Salamanca donde pensaba pasar desapercibido de todos y
poderse entregar al estudio, la oración y la caridad.
Salamanca iba a ser su segunda patria y donde echaría hondas raíces y haría gran bien a
todos. Entró en el Colegio de San Bartolomé que haría famoso por sus prodigios.
Una vez concluidos los estudios, se entregó de lleno a la predicación. Era, podemos
afirmar, el predicador oficial de Salamanca.
Sin saberse explicar la causa, le sobrevino una rara enfermedad de la que curó de modo
semimilagroso.
Esta fue la gracia definitiva. Lo cuenta él mismo: "Lo que pasó aquella noche entre
Dios y mi alma El solo lo sabe; y luego, a la mañana, fuime a San Agustín, alumbrado por
el Espíritu Santo y recibí este hábito". Era el 18 de junio de 1463. Empezó el
noviciado a los treinta y tres años, desde ahora se llamará Fray Juan de Sahagún,
agustino.
Salamanca entonces estaba sumida en odios y rencores. Las riñas y muertes violentas
estaban a la orden del día. Fray Juan estaba siempre dispuesto para acudir a pacificar
los enconos. Bien pudo ganarse el apelativo con que era conocido: "El
pacificador". Su vida está llena de sabrosas anécdotas.
William Congreve escribió: «El cielo no tiene
pasión como el del amor tornado en odio, / Ni el infierno furia como el de una mujer
desdeñada.»
San Juan de Sahagún tal vez perdiera su vida por la furia de una mujer desdeñada.
San Juan de Sahagún era tan carente de temor en su oposición al pecado y el mal, que el
duque de Alba envió una vez a dos hombres para que lo asesinaran, pero los bandidos
fueron incapaces de llevar a cabo su cometido.
Lo que pudo haber hecho San Juan, sin embargo, es convencer a un hombre prominente
para que abandonara a su querida. Su querida se puso tan furiosa, que se cree que
envenenó a Juan, moría el 11 de junio de
1479, llorado por toda Salamanca.
Todos experimentamos la emoción de la ira. Es sólo una emoción y, como cualquier otra
emoción, no es en sí misma ni mala ni buena. Es lo que hacemos con nuestra ira lo que la
vuelve dañina. Cuando usamos la ira como un arma o una justificación para un
comportamiento dañino, deja entonces de ser una emoción y se convierte en una fuerza
para el mal.
La furia, sin embargo, es algo más que la mera ira. La furia es un huracán en el
corazón. Sin apenas consideración por cualquiera o cualquier cosa que encuentre en su
camino, la furia acomete por igual al culpable y al inocente. Cuando su energía se agota,
su único legado es la destrucción. Aunque no podamos controlar el sentimiento de la ira,
siempre podemos intentar controlar la intensidad fría y calculadora de la furia.
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Otros Santos: León II, papa; Olimpio y Anfión, obispos; Basílides, Cirino, Nabor, Nazario y Antonina, mártires; Beata Yolanda, religiosa; Beato Lorenzo Marzás Salví, presbítero; Beato Esteban Bandelli, presbítero
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