9 DE JULIO

SAN NICOLÁS PIECK Y COMPAÑEROS 1572 

nicolaspieckn.jpg (15602 bytes)Pocos temas pueden crear una disputa más acalorada que la religión. Lo que puede iniciarse como una discusión educada puede rápidamente desintegrarse en discordia. Muchas veces las diferencias religiosas han conducido incluso a la violencia.
En el verano de 1572 San Nicolás Pieck y dieciocho sacerdotes y religiosos compañeros suyos fueron ahorcados. Los mártires de Gorkum, como se les llama, murieron por el simple hecho de ser católicos. Uno de ellos, San Antonio Van Willehad, tenía noventa años.
Incontables páginas de la historia han sido manchadas con la sangre de los mártires. No hay grupo alguno que escape al reproche. Los no cristianos han matado cristianos. Los cristianos han matado no cristianos. Los protestantes han matado católicos. Los católicos han matado protestantes. Todo por falta de una tolerancia religiosa.
A veces tenemos la equivocada noción de que tolerar significa estar de acuerdo. Creemos que salvo que denunciemos algo vehementernente, se puede considerar que estamos de acuerdo con ello por completo. Sin embargo, practicar la tolerancia religiosa no significa que debamos abandonar nuestra propia fe. No significa que debamos creer que todas las religiones son intercambiables. No significa siquiera que debamos pretender que no hay diferencias. La tolerancia religiosa significa que tratamos con respeto las creencias de otra gente, no porque las creamos correctas, sino porque no hacerlo así no sería caritativo. Una buena regla para cualquier discusión, pero particularmente cuando se trata de religión, es la de no decir nunca acerca de las creencias de otros algo que no nos gustaría que dijeran de las nuestras

Santa Verónica Giuliani 1660-1727

veronicajulianisn.jpg (29460 bytes)La pequeña Ursula, la menor de siete hermanas, huérfana de madre desde los cuatro años, llamaba la atención por su vehemencia caprichosa, su terquedad y sus travesuras. Nada parecía anunciar en ella a una futura mística, y su padre instalado en Plasencia como intendente general de Hacienda, hacía planes para casarla adecuadamente, contando con sus atractivos.
A los diecisiete años se hizo capuchina en un convento de Citta di Castello, en la Umbría, y adoptó el nombre de Verónica, el espejo de Cristo. Fue maestra de novicias y de nuevo volvió a llamar la atención, ahora por fenómenos inexplicables que alarmaron a las autoridades eclesiásticas.
Al parecer tenía visiones y éxtasis, pero además llevaba impresos en las manos y en los pies los estigmas de la Pasión, como siendo extrañamente fiel a la imagen a que aludía su nombre. El obispo de la diócesis, de acuerdo con la abadesa y con la ayuda de un docto jesuita y de tres médicos, estudió el caso con la desconfianza que es de rigor.
Las heridas se renovaban después de curadas, y al no poder aclarar los hechos se impuso a la monja una especie de severísimo castigo a manera de prueba: recluida en su celda, sin oír misa ni comulgar y tratada como una impostora; pero los fenómenos persistían y, sobre todo, mantenía su actitud serena, confiada y alegre, de absoluta obediencia y humildad.
Más tarde fue abadesa hasta su muerte, y se la vio gobernar el convento con un espíritu práctico, una solicitud por los detalles de la vida cotidiana, una sensatez y un buen humor que desconcertaban a los que creían que la unión íntima con Dios incapacita para vivir en este mundo.

BEATA JUANA SCOPELLI, virgen ( + 1491)

juanascopellin.jpg (33308 bytes)Parece como si naciera para hacer el bien. Para olvidarse de sí misma y preocuparse de los demás. Toda su vida será solamente eso: buscar las necesidades de sus hermanos y tratar de ayudar a solucionar sus problemas.
Nació el 1428 en Reggio Emilia (Italia) de padres honrados y muy buenos cristianos. Se llamaron Simón y Catalina. Recibió una esmerada
educación tanto en lo humano como en lo espiritual. En su casa se rezaba al Señor y a la Virgen María en familia. Sus padres asistían asiduamente a la Iglesia y eran modelos de virtudes cristianas. Era lógico, pues, que sus hijos--parece que el Señor les concedió tres además de nuestra Beata, dos hijas y un hijo--recibieron una digna educación de palabra y, sobre todo, lo que más vale, de hechos. El ejemplo de sus padres les arrastraba a obrar el bien.
Juana ayudó a sus dos hermanos a que siguieran la vocación a la que el
Señor las llamaba que era el matrimonio. Ella misma les arregló el ajuar y dio los pasos necesarios para que todo resultara bien en el nuevo camino que iban a emprender.
Se sentía gozosa Juana de ayudar y de servir a
sus hermanas. Se desvivía siempre por atenderlas y ayudarlas en todas sus necesidades aunque careciera de tiempo para sí misma.
El Señor la dirigía a ella por otros derroteros. Se enteró que había jóvenes de su edad que sin abrazar propiamente la vida religiosa, encerrándose en un monasterio, servían al Señor en obediencia, pobreza y castidad viviendo en su familia. Pidió permiso a sus padres para hacerlo así
y, gustosos, se lo concedieron. Juana se entregó de lleno, siempre que la obligación no la llamaba a otra parte, a su nueva vida: vida de oración, de lectura de la Sagrada Escritura, de maceración de su cuerpo. Se sentía feliz. Aquella era, sin duda, la vocación a la que el Señor la llamaba: Era una carmelita seglar.
Pronto su ejemplo cundió y una buena señora le ofreció su misma casa
para que juntamente con ella y sus dos hijas formaran una especie de familia religiosa con la única finalidad de vivir íntegramente la vida cristiana y, si era necesario, también la caridad hacia el prójimo.
Aquello iba creciendo. Nuevas vocaciones engrosaban la lista y ya
no cabían en aquella casa. Juana pidió la Iglesia de San Bernardo, propiedad de los Hermanos Humillados, con el fin de fundar allí un monasterio para poder llevar una vida de mayor consonancia con sus deseos de entrega a Dios y a María.
Desde un principio intentó agregarse a la Orden de los carmelitas pues
le atraían especialmente por su gran amor hacia la Virgen María y por su entrega a la vida de oración. En su tiempo florecía dentro de la Orden una reforma que llegó a producir muchos sujetos de gran santidad. Se llamaba la Congregación Mantuana. A ella perteneció el nuevo monasterio que fundó nuestra Beata.
Juana estuvo dotada de carismas extraordinarios: Visiones, interpretación de lenguas, obradora de milagros, don de profecía, etc... Sobre
todo se distinguió por una profunda devoción hacia la Santísima Virgen María. Para honrarla compuso una devoción o método que llamó Túnica de la Virgen y que consistía en rezar e intercalar Ave Marías con unas preciosas jaculatorias compuestas por ella misma.
Llena de méritos murió el 9 de julio de 1491 y su culto comenzó al año
siguiente de su muerte.

Otros Santos: Juan de Colonia, presbítero; Juan de Osterwijk, presbítero y mártir;  Adrián y Santiago, presbíteros; Everilda, religiosa; Briccio, Cirilo, obispo; Anatolia, virgen: Zenón, Audaz, Patermucio, Copretes, Alejandro, mártires.