6 DE JULIO
SANTA MARIA GORETTI
S. XX

Santa María Goretti - la Inés del siglo XX - nació en Corinaldo en 1980. Sus padres eran Luis
y Asunta. Tuvieron seis hijos. Emigran a Ferrieri di Conca y trabajan como colonos. Eran
terrenos malsanos y el padre murió pronto.
Quedaron solos Asunta y los niños, el mayor de trece años.
María, que era
la segunda, animaba a su madre: Mamá, no tengas miedo. Ya vamos siendo grandes. El Señor
nos ayudará y ya verás cómo salimos adelante.
Asunta había de trabajar en los duros trabajos del campo. Pero no olvidaba la educación
de sus hijos. Desde que aprendían a hablar, les enseñaba la señal de la cruz y a rezar
las oraciones. Y ella rezaba con ellos.
Marietta, como llamaban cariñosamente a María, atendía sobre todo a las labores de la casa,
arreglaba a los hermanos menores, iba por agua, guisaba, cosía.
Además tenía que atender a otras dos personas que vivían en la misma casa, Juan Serenelli
y su hijo Alejandro, mozo de veinte años.
Alejandro era un muchacho normal, pero las malas lecturas le hicieron daño. Empezó a
fijarse con malas intenciones en Marietta, que sólo tenía doce años, pero algo
desarrollada para su edad. Una brutal pasión se encendió en Alejandro, que no pararía
hasta intentar saciarla violentamente.
Dos veces la tentó y María se resistió. La tercera vez lo tenía todo bien medido. Su
padre, Asunta y los niños estaban todos trillando en la era. María cosía en la
escalera una camisa que Alejandro le había mandado remendar con la idea de que quedase sola en alguna
habitación.
Sabiéndola sola se acercó e intentó violarla. Ella se defendió fuertemente diciendo que prefería
morir antes que pecar. Alejandro viendo que no podía conseguirlo, con un punzón le
infligió 14 heridas en vientre y pecho.
La trasladaron a Nettuno. Sufrió una operación sin cloroformo con gran entereza. Recibió con
gran devoción el viático, teniendo entre sus manos la medalla de la Virgen Milagrosa. Le sugieren que
perdone al asesino,
y contesta: Ya le perdoné mientras me hería. Le vuelvo a perdonar y deseo que venga
conmigo al paraíso. Poco después la niña moría invocando a la Virgen. Era el 6 de julio de 1902. Hubo una
inmensa conmoción en la comarca.
El heroísmo de María no fue improvisado. Las virtudes que mostró en su muerte--morir antes que
pecar, perdón, entereza en el sufrimiento--eran fruto de una vida ejemplar. Con oración, modestia y trabajo
se preparó.
Alejandro fue condenado a 30 años de cárcel. Pronto se arrepintió y sólo deseaba expiar su pecado.
Una noche en un sueño vio a María que le ofrecía un ramo de flores. Él lo interpretó
como un nuevo perdón, que le devolvió la paz. Por su buena conducta le condonaron tres
años de cárcel.
Al salir en 1929 trabajó como albañil, y un día fue
a Corinaldo a pedir perdón a "mamá Asunta", y en la Misa de Nochebuena
comulgaron juntos la madre y el asesino de su hija. Luego se retiró como criado a los
capuchinos de Ascoli. Murió el año 1970, tras una vida piadosa y penitente.
El día 24 de junio del Año Santo 1950 fue un día grande en Roma. En la plaza de San Pedro, Pío
XII canonizaba a una niña, Santa María Goretti. Se calcula que asistieron hasta medio millón de personas.
Era la primera vez que una madre presenciaba la canonización de su hija. Alejandro siguió la
ceremonia desde Ascoli... Cuatro años después, mamá Asunta iba a reunirse con su Marietta en el paraíso.
SAN ISAÍAS
Todo el
Antiguo Testamento, es una divina pedagogía con la que el Señor se va preparando un
pueblo en el que realice la Redención.
El profeta Isaías mantiene el alerta, y ofrece la biografía del Salvador que ha de
venir.
Y, cumpliendo su misión, muere aserrado por medio, de orden del Rey Manasés, siete
siglos antes del Redentor anunciado.
Isaías, hijo de Amacs es el primero de
los grandes profetas del siglo VIII. Nacido en Jerusalén, de buena familia, familiarizado
con el culto desde la niñez y casado con una mujer a la que se da el nombre de
«profetisa», es posible que desempeñara el papel de «profeta de la corte» en el
santuario real (el Templo de Jerusalén), sirviendo en calidad de tal a varios reyes de
Judá. Su vocación tiene lugar hacia el año 746 ó 740 A.C.
Su actividad se desarrolla bajo Jotam, Ajaz y Ezequías. Sus últimas palabras parecen ser
del año 701 A.C. Son cuatro décadas muy importantes para la historia futura de Judá, en
las que tiene lugar la guerra siro-efraimita (734-3), la muerte de Tiglatpileser III h.
726, la rebelión del reino del N. contra su sucesor, Salmanasar V, que concluirá con la
destrucción de Samaria por Sargón II el año 721, los intentos de independencia de
Ezequías (con ayuda de Egipto), jalonados por la conquista de Asdod por Sargón el a. 711
y la grave amenaza de Jerusalén por Senaquerib el a. 701. Todos estos hechos han dejado
importante huella en el mensaje de Isaías.
Isaías parte del reconocimiento de la majestad absoluta y única de Yahveh, Señor de los
hombres y de la Historia, y combate apasionadamente contra todo lo que puede ir en contra
de esta realidad.
En sus primeras intervenciones parece protestar, ante todo, contra los desórdenes éticos
y sociales, los modos de vida blasfemos v autosuficientes, los cultos extraños, etc.
La política en su relación con la fe alcanza cada vez mayor importancia en su
predicación. El hombre no puede convertirse en espectador pasivo del obrar de Dios, ni
puede hacer su propia política sin contar con El.
El pecado de Judá atraerá inevitablemente sobre ella el castigo de Yavhe. Asiria será
el instrumento del poder divino (aunque, por sus propios pecados, se hará también
merecedora de destrucción total). En el fondo de sus amenazas y recriminaciones está
siempre la llamada a la penitencia, la conversión, la vuelta a la relación familiar de
Israel con Yahveh.
La SEGUNDA SECCIÓN
del libro: los cap. 40-55 suponen una situación y una época
distintas: Jerusalén Templo se encuentran destruidos; el pueblo, en el destierro; el gran
enemigo no es ya Asiria, sino Babilonia aproxima la liberación gracias a la victoria de
Ciro; es distinto también el vocabulario, el estilo, la m concepción teológica
fundamental. El autor de este escrito profético es desconocido; se le ha dado el nombre
de "Deuteroisaías" por el hecho de que sus palabras pasaran a formar la segunda
parte del libro que lleva nombre del gran profeta. Su actuación parece tener lugar en el
destierro babilónico, por los años en que toca va a su fin (550-538 A.C.).
El profeta dirige su mensaje a los exiliados, que necesitan consuelo y esperanza. Las
amenazas de castigo ceden el paso a otros géneros literarios: anuncios de salud, himnos
que cantan la acción salvífica de Yahveh a punto de tener lugar; discusiones encaminadas
a quitar toda duda en la próxima intervención de Yahveh discursos forenses en que el
mismo Yahveh se enfrenta con los pueblos que han oprimido a Israel, etc.
Ocupan un lugar especial los «Cantos del Siervo» de profundo contenido teológico, y en
los que encontraría una importante fuente de inspiración la cristología de la Iglesia
primitiva. Su interpretación ha sido objeto de interminables discusiones, centradas de
manera especial en la identificación «Siervo de Yahveh».
El mensaje del Deuteroisaías está presidido por la idea de la unicidad divina y su
dominio absoluto el universo; debe anunciar a los deportados que al castigo divino del
exilio seguirá en breve el tiempo de salud para Israel, precedido de la aniquilación de
Babilonia (bajo el avance de Ciro, instrumento de Yahveh) y regreso a Jerusalén. Yahveh,
creador del mundo, dirige la historia y establecerá su reinado escatológico el monte
Sión, donde Israel gozará especialmente de su trato familiar; desde allí llegará la
salud a todos demás pueblos.
La TERCERA SECCIÓN
del libro: los cap. 56-66, que han sido llamados «Tritoisaías»,
tienen también carácter
muy distinto de las dos partes anteriores. Parece presuponerse
la reconstrucción del Templo después la vuelta del destierro (515 a. C.), y tanto la
situación de la comunidad como la visión teológica del auto autores difiere mucho de
las dos primeras secciones.
En estos últimos cap. se atiende de modo especial a diversos problemas internos de la
vida de la comunidad postexílica, sus malos dirigentes y sus problemas religiosos. Se
plantea además el problema de la espera escatológica inmediata y el retraso de la
llegada del tiempo de salud esperado desde la vuelta del destierro.
El profeta explica ese retraso por las culpas de la comunidad y trata de consolar a los
corazones afligidos anunciando la liberación: Yahveh vendrá pronto y transformará de
modo decisivo la ciudad de Jerusalén y universo entero.
Otros Santos:
Rómulo, obispo; Tranquilino y
Goar, presbíteros; Antonino, Severino, Diodoro y Dión, mártires
