17 DE JULIO
SANTAS JUSTA y RUFINA ¿304?
Uno de los modos
en que los fabricantes de cerámica obtienen beneficios es a través de la producción en
masa. Hora tras hora, día tras día, sus factorías sacan miles y miles de tazas y
platos, todos exactamente iguales. Aunque la producción en masa signifique que puedes
reemplazar cualquier artículo que rompas con uno de idéntico aspecto, significa también
que toda individualidad se pierde. Dos piezas de cerámica trabajadas a mano rara vez
tienen la misma apariencia. Aunque puedan estar hechas de la misma arcilla y tener el
mismo brillo, cada una de ellas es un poquito diferente. Antes de la invención de las
modernas cadenas de montaje, toda cerámica, incluso la que se producía en cantidad, era
hecha a mano.
Las Santas Justa y Rufina eran mujeres cristianas que vendían cerámica en la España del
siglo cuarto. Como valoraban sus artículos, no quisieron permitir que se vendieran para
sacrificios paganos. Como resultado, toda su cerámica fue rota y ellas mismas fueron
ejecutadas.
Cada uno de nosotros es tan individual como una pieza cerámica hecha a mano. Incluso
gemelos idénticos, lo más iguales que puedan llegar a ser dos seres humanos, tienen sus
propias huellas dactilares y personalidades distintivas. Eres único. Nunca ha habido y
nunca habrá otra persona como tú, con tus talentos y capacidades, tus sueños, tus
esperanzas, tus dones. Eres una creación irrepetible del alfarero divino. Valórate a ti
mismo como un tesoro.
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ALEJO SIGLO V
Hay santos con cuya vida la
tradición teje estupendos relatos para envidia de los escritores, y éste es el caso de
san Alejo, cuya historia es como una novela bizantina, con sorpresas, viajes, naufragios,
sucesos extremados, estatuas parlantes y una anagnórisis, el reconocimiento final, que no
puede ser más novelesco. Y así desde la Edad Media la literatura se ha ocupado
complacidamente de este formidable personaje.
Era hijo único de Eufemiano, opulento y caritativo senador de Roma, estaba adornado,
dicen, con todas las gracias y virtudes, y el mismo día en que se casa abandona a su
dulce esposa y vaga como un peregrino por tierras lejanísimas hasta recalar en Edesa,
más allá del Eúfrates, donde vive a la manera de un piadoso mendigo junto a la
basílica del apóstol Tomás, pidiendo limosna y repartiéndola entre los demás pobres.
Diversos prodigios señalan su presencia y le sacan del anonimato, tiene que volver a
correr mundo y va a parar de nuevo a su ciudad natal, donde su padre, que le ha buscado
afanosamente por todas partes, no le reconoce y le da albergue, como a un pordiosero más,
en el hueco de la escalera principal del patio de su casa.
Allí - una antigua tradición romana supone que en el Aventino, donde hoy se levanta la
iglesia de San Alessio -, ejemplo de paciencia y humildad, ayunó y rezó entre las burlas
de la servidumbre durante diecisiete años, al término de los cuales, al morir, se le
encontró en la mano una carta dirigida a sus padres y a su esposa declarando al fin
quién era.
Otro mendigo por Dios, en medio del esplendor de Roma, al igual que Benito José Labre,
pero en su propia casa, irreconocible para los suyos, peregrino en su patria y ciudadano
ya del Cielo.
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17 DE JULIO
BEATO CESLAUS DE POLONIA 1180-1242
En un mundo que
parece haber enloquecido, la vida individual parece haberse vuelto menos valiosa. Oímos
hablar constantemente de muertes sin sentido, genocidios masivos y guerras carentes de una
razón de ser. Cuando oímos hablar de tanta violencia, resulta muy fácil perder
sensibilidad frente al dolor de los demás. Resulta muy fácil empezar a plantear
principios abstractos acerca de la vida humana y aislarnos del sufrimiento de otra gente
con palabras sublimes acerca del humanitarismo.
Para el doctor Albert Schweitzer, uno de los más grandes humanitarios del mundo, una
acción así sería un anatema. «El humanitarismo», dice, «consiste en no sacrificar
nunca un ser humano por un propósito».
El Beato Ceslaus de Polonia fue a Roma a ser testigo de la consagración de su tío San
Jacinto como obispo de Cracovia. Mientras estuvo allí, fue inspirado por Santo Domingo y
retomó a Polonia como misionero. El resto de su vida la pasó en actos insuperables de
predicación y enseñanza. Sus actos más grandes, sin embargo, tienen que ver con los
individuos. Entre otras cosas, se hizo famoso por curar a los enfermos y tullidos.
Cuán fácil es vemos tan obsesionados por salvar el bosque, que olvidamos apreciar los
árboles concretos. El Evangelio de Mateo dice que no puede caer un simple gorrión al
suelo sin que Dios lo sepa. Si Dios sigue la huella de los gorriones, ¿cuánto más no
será valorado cada uno de nosotros?
Conocemos a este ramillete de carmelitas
contemplativas mártires como las DIECISÉIS CARMELITAS MÁRTIRES DE COMPIEGNE (Francia).Este Monasterio fue fundado el 1641 y pronto comenzó a llamar la atención de todos aquellos alrededores por la observancia regular y almas santas
que allí abrazaban la vida carmelita contemplativa siguiendo el ejemplo
de su santa Madre Teresa de Jesús. Al estallar la Revolución francesa casi todas las
religiosas de la nación se vieron obligadas a abandonar sus hábitos
religiosos. Pero las 16 que formaban esta fervorosa comunidad, de común
acuerdo, decidieron seguir vestidas con aquel signo de consagración a Dios y de
testimonio ante los hombres.![]()