16 DE JULIO

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Carmenn.jpg (19596 bytes)El Carmelo, cuya hermosura ensalza la Biblia (ls. 35, 2), ha sido de siempre un monte sagrado. En el siglo IX antes de Cristo, Elías lo convirtió en el refugio de la fidelidad al Dios único y en el lugar de los encuentros entre el Señor y su pueblo (1 R 18, 39). El recuerdo del Profeta «abrasado de celo por el Dios vivo» había de perpetuarse en el Carmelo. En tiempo de las Cruzadas, las grutas del monte dieron acogida a los ermitaños cristianos. Pero hasta el siglo Xlll no pasaron éstos a formar una familia religiosa, a la que el patriarca Alberto de Jerusalén dio una regla (hacia el 1209), y que fue confirmada por el papa Honorio III (1226). El Monte Carmelo, que domina la llanura de Galilea, no cae lejos de Nazaret, en donde vivió María conservando todo en su corazón». De ahí que la Orden del Carmelo haya querido desde sus orígenes ponerse bajo el patrocinio de la Madre de los contemplativos. En el siglo XVI, los dos doctores y reformadores de la Orden - Santa Teresa de Ávila v San Juan de la Cruz - convertirían al Monte Carmelo en el símbolo de aquello que San Buenaventura llamaba «itinerario hacia Dios». Por eso le pedimos hoy al Señor que nos haga llegar, gracias a «la intercesión de la Virgen María» «hasta Cristo, monte de salvación».

María Magdalena Postel 1765-1846

mariamagdalenaposteln.jpg (19129 bytes)Julie Postel, hija de un cordelero normando, en su niñez era apodada «la santita» por las gentes de Barfleur, que se hacían lenguas de su piedad; se educó con las benedictinas de Valogne, que le propusieron quedarse con ellas, pero la abadía no le pareció suficientemente pobre.
Su ideal era enseñar a niñas que no pudiesen pagar ningún colegio, quería recristianizar Francia partiendo de la formación de las mujeres, y a los dieciocho años se instaló en Barfleur en una choza, humilde origen de sus futuras escuelas para alumnas también muy humildes.
Durante la Revolución se convirtió en la «virgensacerdote», como entonces se dijo: estaba autorizada a distribuir la comunión, ocultaba los vasos sagrados, facilitaba lugares de culto clandestino, daba albergue a los curas fugitivos y seguía enseñando el catecismo en cuevas y graneros.
En 1805 fundó en Cherburgo las Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Merced, congregación para la que adquirió años después la abadía de Saint-Sauveur-le-Vicomte, cerca de Coutances, y gobernó su orden hasta una edad muy avanzada con criterios tan espirituales y de tanta ternura maternal que fue canonizada en 1925.
La hermana María Magdalena, que a su muerte había fundado treinta y siete casas, desplegando una enorme actividad a pesar del asma que sufría y de las penitencias que solía imponerse, fue una mujer fuerte y humilde, con la testarudez que se atribuye a los normandos, convencida de ser un pobre instrumento de Dios con el cual Él podía hacer maravillas.

Otros Santos: vírgenes y mártires de Orange; Beata Magdalena Albrici de Como, virgen; Reinelda, mártir; Atenógenes, Valentín, Eustaquio, Vitaliano, obispos; Sisenando, doctor; Fausto, Domnión, mártires; Hilarino, monje.