14 DE JULIO

SAN CAMILO DE LELIS

camilolelisn.jpg (8044 bytes)San Camilo nació en Bucchianico, en la costa del Adriático, donde su padre acampaba como militar. Fue el día de Pentecostés, del Año Santo 1550. Era hijo único, y ya tardío, que vino a llenar de alegría el hogar. Camilo tenía un carácter duro y resuelto, muy batallador, como su padre.
Este muchacho, cuya estatura se aproximaba a los dos metros, de una vitalidad excepcional, se creyó llamado a la carrera de las armas, sucumbiendo pronto al desenfreno. De los veinte a los veinticinco años llevó una vida disoluta, que le condujo al hospital de Santiago de los Incurables, de Roma.
La llaga se cura y reaparece.
Un mal vicio se apodera de él: el juego. Alguna vez se jugó hasta la camisa. Se ofrece como soldado. Participa en Túnez y en otras batallas. Arriesga la vida y las ganancias las pierde en el juego. A veces tiene que pedir limosna. Después trabaja en un convento capuchino como albañil.
Un día, mientras caminaba de un convento a otro, una luz le iluminó.
Sintió la llamada de Dios y cayó en el suelo llorando. Pidió el hábito capuchino. Tres veces empieza el noviciado y otras tantas se le abre la llaga y marcha a Roma.
Allí, la tercera vez, descubre su vocación.
Desde octubre de 1589 se entrega a los enfermos para toda la vida. Intenta fundar una cofradía para los enfermos. Le ponen trabas. Ni siquiera San Felipe Neri, que le apreciaba mucho, le entendió. Aprovecha ratos libres y estudia teología en el Colegio Romano. En 1584 es ordenado sacerdote.
Sale del hospital y con un pequeño grupo se establece junto a la iglesia
de la Magdalena. Sixto V les aprueba como sociedad sin votos para dedicarse a los enfermos. "Los Camilos", encima de la sotana, llevaban una cruz roja.
La situación en los hospitales era calamitosa en higiene y atenciones. No
era una excepción el hospital del Espíritu Santo, donde Camilo y los suyos derrochaban entrega y dedicación total a enfermos y moribundos. Camilo se reservaba siempre lo más difícil. Cuando había pestes, que era frecuente, llegaban al heroísmo. Muchos morían atendiendo a los apestados.
Camilo tuvo muchos conflictos, externos e internos, en su tarea. Hasta dejó el generalato de su Orden. Pero mantuvo siempre el carisma. Servir a Cristo en los enfermos. Por este servicio se nos juzgará.
La vida de Camilo "ponía espanto". Con su herida, con una hernia, con
dos forúnculos, con un débil estómago, pasaba horas largas con los enfermos, cuidándoles como una madre, ayudándoles a bien morir, olvidándose de sí mismo, sin apenas comer ni dormir. Así vivía su sacerdocio.
Recogía a los apestados y andrajosos por las calles de Roma. Se dolía
de ver así aquellos sagrados miembros de Cristo. Les trataba como si fueran príncipes. Les cubría con su manto. A veces quince sastres trabajaban para sus pobres. No cosían ropas, según él, sino ornamentos sagrados. Un día caminaba con un novicio. El sol ardía. - Hermano, le dijo, camina detrás de mí. Yo soy muy alto. Así te haré sombra y te librarás del sol. Y caminaba ajustándose a la esfera del sol para que los rayos no atacaran al novicio. Camilo era feliz porque podía regalar incluso su sombra.
Consideraba el servicio a los enfermos como una acción litúrgica. Cogía
en sus brazos al enfermo como si manejara el cuerpo de Cristo. Acariciaba el rostro del enfermo, como si fuera el sagrado rostro del Señor.
Totalmente agotado, cayó enfermo de gravedad. El 16 de julio de
1614 volaba al cielo "su patria", como él decía. Benedicto XIV lo canonizó el 1746. Junto con San Juan de Dios, es patrono de los enfermos y enfermeros.

FRANCISCO SOLANO (1549-1610

franciscosolanon.jpg (15991 bytes)En los altares es un fraile al que acompaña un insólito atributo, un violín, instrumento del que al parecer se servía para atraer a los indios americanos, quizás entonando también alguna canción, porque se sabe que además de ser aficionado a la música tenía muy buena voz.
San Francisco Solano, nacido en Montilla, pueblo de Córdoba (España), misionero franciscano de finales del siglo dieciséis.

San Francisco Solano nació el 1549 en Montilla, Córdoba. Hay ciudades con suerte, como Montilla, que además de ser patria de nuestro Santo, lo es del Gran Capitán, tiene un vino famoso y los restos de San Juan de Ávila.
San Francisco forma, con Santo Toribio de Mogrovejo, San Luis Beltrán y San Pedro Claver, un grupo de Santos que evangelizaron América
incansablemente. Pero es San Francisco el que con más razón merece el título de apóstol del Nuevo Mundo, por la extensión de su labor misional, y por las huellas que dejó. Recorrió casi todo Perú y misionó en cinco naciones.

La primera parte de su vida transcurre en Andalucía; en su Montilla natal, en Córdoba, estudia con los jesuitas, en 1569 se hace franciscano, pasa al convento de Nuestra Señora de Loreto, cerca de Sevilla, y luego será maestro de novicios y superior en San Francisco del Monte.
En 1589 embarca en Cádiz con once religiosos más y empieza la aventura americana, en la que se suceden naufragios, calamidades y peligros, llega a Tucumán por la ruta de los conquistadores, y durante diez años misiona entre los indios convirtiendo a muchísimos de ellos.
Español de nacimiento, su primera tarea fue aprender la lengua de los nativos argentinos. El hombre que le enseñaba informó que el Padre Solano dominó la lengua en catorce días. San Francisco tenía una motivación que le forzaba a ello: si deseaba predicar, bautizar, oír confesiones y enseñar al pueblo al que fue enviado, debía ser capaz de hablar con ellos.
Uno de los mayores dones que podemos cultivar es el arte de la conversación. Saber cómo hablar con la gente es algo más que hablar una lengua común. Significa saber cuándo escuchar y cuándo hablar. Significa intercambiar no sólo palabras, sino sentimientos y pensamientos. Significa estar dispuestos a correr el riesgo de una amistad.
¿Consiguió bautizar a tantos miles de golpe como quiere la tradición? ¿Es cierto que tenía don de lenguas y que todos los indígenas le entendían en la suya propia? Lo seguro es que aprendió las lenguas de la tierra a misionar, y que su predicación popular y sencilla causaba un efecto imborrable en sus oyentes.

Desde 1601 le encontramos en Lima, donde sus superiores tienen que amonestarle porque sus palabras conmueven de tal manera al gentío que se suscitan tumultos. Allí muere tras una breve enfermedad, con fama de santo, el fraile viajero del violín y del crucifijo.

Poco a poco sus fuerzas se fueron desgastando y, tras breve enfermedad, falleció el 14 de julio del ano 1610, mientras la elevación de la Misa. Clemente X lo beatificó el 1675 y Benedicto XIII lo canonizó.

BEATA KATERI TEKAWITHA 1656-1680

Catalinatekan.jpg (11682 bytes)¿A veces te sientes fuera de paso con el mundo? ¿Descubres que te estás moviendo en direcciones que dejan a tu familia y tus amigos agitando sus cabezas?.
El escritor y naturalista Henry David Thorcau escribió una vez que si no guardamos el paso con nuestros compañeros, quizá es que oímos a un redoble diferente.
Para la Beata Kateri Tekawitha, hija de un jefe mohawk y de una madre algonquin en la América prerrevolucionaria, el ritmo del tambor era en verdad diferente. Aunque el matrimonio era la única opción viable para una muchacha de su tribu, desafió la convención convirtiéndose al cristianismo y dedicando toda su vida a Dios. Debido a su estilo de vida no ortodoxo (pasaba sus días en oración, caridad y penitencia), su vida estuvo a menudo en peligro. Escribió: «El estado de pobreza desvalida que puede recaer en mí si no me caso, no me asusta. Lo único que necesito es algo de alimento y unas pocas ropas.»
Muy a menudo permitimos que las críticas de los demás se interpongan en el camino de nuestro desarrollo personal. En vez de volvemos la persona que verdaderamente hemos de ser, dejamos que la tradición y la convención dicten nuestras elecciones vitales. Kateri Tekawitha nos demuestra que para ser verdaderamente libres, hemos de abandonar a veces las expectativas de todos los demás y, como dijo Thorcau, «marcar el paso de la música que escuchamos, cualquiera que sea su medida o por lejana que esté».
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Otros Santos: Heracles, Ciro, Félix, Optaciano, Focas, obispos; Marcelino, presbítero;   Justo, mártir; Adela, viuda; Beato Hroznat, mártir; Beato Gaspar de Bono, presbítero; Beato Francisco Pérez Godoy, Beato Bonifacio, obispo; Beato Humberto de Romans.