8 DE FEBRERO

SAN JERÓNIMO EMILIANO 1486-1537

jeronimoemiliano.jpg (18370 bytes)Jerónimo Emiliano nació en 1486 de una familia noble de Venecia, sus padres fueron Angiolo y Diomira. En un principio siguió la carrera de las armas al servicio de la Majestad Serenísima, y llevó una vida muy disoluta, al margen de su profesión militar. Defendiendo Castelnuovo, frente a Luis XII de Francia, se resiste hasta el fin y cae prisionero. En la cárcel, medita sobre su vida, y decide consagrarla a Dios y a los pobres. Invocando a la Virgen continuamente, logra salir pronto de su calabozo, contaba veinticinco años (1511). 
Marchó a Venecia y se entregó al cuidado de los niños huérfanos y a atender a todos los necesitados que encontraba... Recorrió varias comarcas de Italia: Somasca, Bérgamo, Brescia, Venecia, Verona... siempre tratando de imitar al Divino Samaritano.
En 1528, conoció Venecia una peste, acompañada del hambre, que le ofrecía Jerónimo la ocasión para el don heroico de sí mismo a los miembros dolientes de Jesucristo. Desde ese momento no hubo penuria a la que no prestara su ayuda Jerónimo, aun cuando se consagrara con predilección a los huérfanos. Fue en verdad «su padre y protector». Tres siglos antes que Don Bosco, los reunía en casas para enseñarles un oficio, poniendo sumo cuidado en asegurarles una sólida formación catequética. Para continuar su obra fundó los Clérigos Regulares Somascos o Siervos de los Pobres que fueron aprobados enseguida por el Papa Pablo III y elevados al rango de Orden religiosa por el Papa San Pío V en 1567. Por tener la tal Sociedad su sede en Somasca, cerca de Bérgamo, pasó a llamarse la Congregación de los Clérigos Regulares de Somasca. En cuanto a Jerónimo, murió de peste en Somasca
a la edad de 56 años,
en 1537.

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SAN JUAN DE MATA 1160-1213

juanmatan.jpg (18051 bytes)Nace en Faucon, no lejos de Barceloneta, en la Alta Provenza, integrada entonces en la Corona de Aragón, estudiante primero en Aix y luego en París, con un intermedio de vida penitente en la soledad de las montañas, se doctoró en teología y se hizo sacerdote; para redimir a los cristianos cautivos de los musulmanes fundó en Cerfroid, en la diócesis de Meaux, la orden de los hermanos trinitarios, y el 17 de diciembre de 1198 recibió la aprobación del papa Inocencio III, y surge la Orden de la Santísima Trinidad y Redención de Cautivos, con su hábito blanco y su cruz; que terminará siendo azulgrana para formar el símbolo trinitario: luz fontal, sufrimiento redentor y fuego de Pentecostés.
Estuvo en Marruecos cumpliendo su misión entre los infieles, fue legado pontificio en la Dalmacia, se negó a aceptar el obispado de Ostia, recorrió España fundando conventos y predicó en el sur de Francia contra los albigenses. Murió en Roma donde se ocupaba de innumerables obras de caridad.
Una vida muy honorable que no merecía la triste suerte que hicieron correr a Juan de Mata los hagiógrafos antiguos. Porque el escueto resumen anterior, que contiene lo esencial, aparece profusamente adornado de anécdotas con una pía imaginación que cae en lo risible.
La propia Virgen, «cercada de inmensos resplandores» (seguimos al padre Ribadeneira, de envidiable prosa) anuncia a su madre que parirá un hijo santo, apenas nacer «empezó a ayunar cuatro días de la semana, lunes, miércoles, viernes y sábado, no queriendo en estos días tomar el pecho más que una vez», y a partir de ahí cada paso que da nuestro Juan de Mata se acompaña de un prodigio visible que indica la predilección divina.
Vamos a ser francos, no nos lo creemos, y esa especie de autómata ejemplar teledirigido por Dios desde antes de su nacimiento está más cerca de una caricatura volteriana que de la santidad. Juan de Mata es así, como otros muchos santos remotos, una víctima más del celo excesivo e impertinente de autores que cometen un fraude extirpando toda naturalidad, con un empacho de sublime que debe de dar pie a no pocos chistes angélicos, de los que sin duda también se ríe el supuesto protagonista de tales fábulas.

Como ejemplo de su labor en la redención de prisioneros, merece recordarse la liberación de Miguel de Cervantes, en Argel, el año 1580, por el trinitario Fray Juan Gil.

OTROS SANTOS: Pablo, Lucio Ciriáco, Dionisio, Emiliano, Sebastián, Cointa, mártires; Juvencio, Honorato, Pablo; Beato Pedro el ígneo, cardenal, obispos; Esteban, abad.

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