5 DE FEBRERO

SANTA ÁGUEDA S. III

agueda.jpg (4305 bytes)Mientras que la imagen de Inés aflora lo suficiente de los más antiguos relatos que tratan de ella, de sus dos hermanas sicilianas, Lucía de Siracusa y Águeda de Catania, apenas si queda más que los nombres, asociados al recuerdo del supremo testimonio ofrecido a Cristo por ambas jóvenes. Según la tradición el martirio de Águeda - cuyo nombre en griego evoca la bondad - puede situarse en el año 251, durante la persecución de Decio. Se dieron por entonces apostasías en masa, en especial - personas que ocupaban puestos oficiales. Por eso mismo, merece tanto más consideración el entusiasmo de los jóvenes cristianos - muchachas y muchachos - del que dan testimonio muchas Actas de mártires.
Tuvo veneración desde muy antiguo y de la que hay numerosas y elogiosas referencias en tiempos relativamente próximos a su muerte. Se incorporó así al canon de la misa, donde parece aludir a la firmeza de la piedra que lleva su nombre, el ágata.
Las actas de su martirio, muy noveladas e incurriendo en convencionalismos un tanto pueriles, dicen que era muy hermosa y de familia ilustre, que la pretendió el cónsul de Sicilia Quintiliano, quien al fracasar en sus intentos matrimoniales, ya que la joven había hecho voto de castidad, hizo todo lo posible para que apostatase.
Al no lograr su propósito por el convencimiento, la recluyó en un burdel regentado por la infame Afrodisia y sus nueve concupiscentes hijas, y al ver que Águeda seguía defendiendo su pureza con inquebrantable heroísmo, la entregó a los verdugos que le arrancaron los pechos con unas tenazas, y aunque la leyenda supone una aparición de san Pedro en la cárcel para sanar sus heridas, murió a consecuencia de tales torturas.

Al papa y poeta San Dámaso se atribuye este precioso himno dedicado a esta ilustre mártir siciliana: "Hoy brilla el día de Águeda, la insigne virgen; Cristo la une consigo y la corona con doble diadema. De ilustre prosapia, hermosa y bella, todavía más ilustre por las obras y la fe, reconoce la vanidad de la prosperidad terrena, y sujeta su corazón a los divinos preceptos. Bastante más fuerte que sus crueles verdugos, expuso sus miembros a los azotes. La fortaleza de su corazón la demuestra claramente su pecho torturado. A la cárcel que se ha convertido en delicioso paraíso, baja el Pastor Pedro para confortar a su ovejilla. Cobrando nuevo aliento y encendida en nuevo celo, alegre, corre a los azotes. La muchedumbre pagana que huye amedrentada ante el fuego del Etna, recibe los consuelos de Águeda. A cuantos recurren fieles a su protección, Águeda les extingue los ardores de la concupiscencia. Ahora que ella, como esposa, resplandece en el cielo, interceda ante el Señor por nosotros, miserables. Y quiera, sí, mientras nosotros celebramos su fiesta, sernos propicia a cuantos cantamos sus glorias".
En esta hermosa composición del gran papa español se encierra la vida de nuestra célebre mártir.

En la iconografía suele representarse llevando en una bandeja los dos pechos cortados, como santa Lucía lleva los ojos, y es tradicionalmente "abogada de mal de pechos" y patrona de las nodrizas, además de atribuírsele una especial protección contra las erupciones del volcán Etna, muy próximo a Catania.
Al correr de los siglos, nunca han dejado los habitantes de Catania de acudir a la protección de Santa Águeda en las desgracias públicas, en especial durante las erupciones del Etna. Pero siempre se ha mostrado Palermo como digna émula de Catania en esa fidelidad al recuerdo de Águeda. El culto tributado a la joven mártir había de llegar, partiendo de Sicilia a Constantinopla y Roma, de donde se extendió a todo el occidente.
Sus reliquias se conservan en su ciudad natal, aunque una parte de ellas se llevaron a una antiquísima iglesia de Roma que data del siglo v, Santa Águeda de los Godos, y otra iglesia romana en el Trastévere lleva también su nombre, la que alberga la patrona del barrio, la famosa «Madonna de Noantri».

OTROS SANTOS: lsidoro, mártir; Avito, Genuino y   Albino, obispos.

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