Su
imagen quedó configurada como la de un médico cristiano de Armenia, posteriormente Obispo
de la ciudad Armenia de Sebaste que murió mártir con el cuerpo lacerado por peines de
hierro de los que usaban para cardar. Ragusa, en la Dalmacia, hoy territorio yugoslavo, es
centro de su culto, pero hace siglos que es también un santo muy popular en Occidente, y
en Roma llegó a tener más de treinta iglesias.
San Oscar, es el
gran "apóstol de los países escandinavos". Se le llama en latín Anscario.
Interesadamente tendemos a pensar que Dios tendría que favorecer de modo
rápido y visible, con cierta espectacularidad, la buena causa del apostolado, pero a
menudo todo va por caminos mucho más indirectos y misteriosos. San Anscario, que lo
sabía, es el evangelizador que no se desespera por sufrir reveses que se parecen al
fracaso.
Durante la Reforma, los países escandinavos se pasaron en bloque al Luteranismo, y
la Iglesia católica no ha vuelto a estar presente en tales regiones sino por medio de
pequeñas comunidades de diáspora. No se debe olvidar, sin embargo, el pasado católico
de las Iglesias de Dinamarca, Suecia y Noruega, ni el celo desplegado por aquel que fue su
evangelizador: San Oscar (801-865).
Oscar, monje de la célebre abadía de Corbey, en la Picardía, que
posteriormente pasó a un monasterio de la Westfalia y que en el 826 fue enviado a tierras
del norte, marcha con otros dos monjes, Autmaro y Gislemaro, hacia la tierra
de los vikingos y las valkirias.
Atraviesa Jutlandia. Embarca a sus 30 años en Schleswig el año 829. Cae en poder de
piratas. Pero puede misionar desde Birka en el lago Melar.
Cuando Haroldo perdió su reino, Anscario tuvo que irse de Dinamarca, pero
poco después estará en Suecia y como obispo de Hamburgo se ocupará de la
cristianización de toda Escandinavia; luego los misioneros son expulsados de Suecia, los
normandos devastan Hamburgo y Carlos el Calvo se apropia de los bienes que permitían
subsistir a la sede hamburguesa.
Nunca perdió Oscar - de quien se ha podido decir que era «apóstol por fuera y
monje por dentro» - su entusiasmo, a pesar de los escasos resultados de su actuación en
esta difícil tarea, que llevó a cabo primero como obispo de Hamburgo y luego de Brema.
Se le puede considerar como el modelo de aquellos que siembran la palabra de Dios en
tierra ingrata, sin aparente éxito, y que no pueden preparar el futuro sino desde
lejos. Cuando murió la labor de toda su vida parecía haber sido inútil.
A pesar de sus milagros (según él, el mayor milagro que podía hacer Dios era
convertirle en un hombre bueno), aparentemente no había conseguido nada, pero no pide
explicaciones a la Providencia y sin duda sabe que los grandes logros históricos no son
nada vistos desde la eternidad. ¿Qué iba a hacer Dios con su esfuerzo, dejar que se
perdiera o hacerlo fructificar siglos después (como sucedió)? El santo al acogerse a la
fe no tiene problemas de amor propio ni de currículum.
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SANTOS FRANCISCO BLANCO Y COMPAÑEROS MÁRTIRES S. XVI
Francisco Blanco nació en Tameirón, lugar de la diócesis de Ourense. Ingresó en la Orden de los Frailes Menores y fue enviado al Japón, junto con Pedro Bautista y otros frailes. Cuando surgió la persecución contra los cristianos, estuvo mucho tiempo en la cárcel y sufrió, además, otros tormentos. Finalmente, entregó su alma a Dios en Nagasaki, crucificado con Pedro Bautista, Pablo Miki y otros veintitrés compañeros, el día 5 de febrero de 1597.
OTROS SANTOS: Claudina Trevenet, religiosa; Julián, obispo; Agatángelo, mártir; Ceferino, diácono; Laurentino, Ignacio, Ceferino, Hlpólito, Félix, Sinfronio, mártires; Lupicino, Rígido, Rernedlo, Tigides y Félix, obispos; Beata Ana María Rivier, religiosa; Beato Esteban Bellesini, mártir; Beato Joaquín de Siena, religioso; Beato Nicolás Saggio de Longordi, religioso; Beatos Pedro de Rufia, Antonio Pavoni, Bartolomé Cerveri, presbíteros y mártires.