SAN EUQUERIO + 738
A este joven de
Orleáns la lectura de san Pablo le cambió la vida: «La sabiduría del mundo es necedad
ante Dios», hay que invertir, pues, el orden de valores, lo que todos aprecian no vale
nada, y lo que se desdeña como vil, renunciar a las cosas por el amor más alto que no se
ve, es el camino de la eternidad. Por eso Euquerio se hizo monje en la abadía normanda de
Jumieges.
«Fue tan grande la luz de su santa vida y la opinión que todos tenían de él», dice un
hagiógrafo, que a la muerte de su tío Suavarico, obispo de Orleáns, el pueblo le
eligió para sucederle, y ante su resistencia tuvo que intervenir Carlos Martel, cuya
autoridad le obligó a aceptar, aunque no sin desconsuelo, pues es tradición que lloraba
copiosamente al ser consagrado.
Fue un buen obispo, y por serlo se opuso a las pretensiones de Carlos Martel, quien
expoliaba a la Iglesia para atender las necesidades de sus campañas; el choque de ambos
acabó con el destierro de Euquerio, primero en Colonia y luego en Lieja, siempre rodeado
de una inmensa veneración, y acabó en un monasterio benedictino.
La leyenda de que tuvo una visión en la que pudo ver a Carlos Martel en el Infierno no
merece siquiera el esfuerzo de ser refutada, ya que el abuelo de Carlomagno sobrevivió a
nuestro obispo, y no es más que una piadosa superchería para infundir saludable temor a
los que se apoderaban de bienes eclesiásticos.
San Euquerio obró numerosos milagros después de morir - curaciones inexplicables,
lámparas que ardían sin consumir aceite -, pero su vida es ejemplar sobre todo por esa
extraña carambola de la Providencia que le arranca del claustro - llorando - para hacerle
pastor de una gran diócesis, y que le devuelve al claustro a viva fuerza por el simple
cumplimiento de sus deberes. La sabiduría de este mundo, que es mucho más mecánica y
torpe, nunca hubiese podido prever una combinación tan inesperada, divinamente
maquiavélica y feliz.
Rávena
es una hermosa ciudad italiana que tiene, entre sus muchos tesoros artísticos, las
iglesias bizantinas más bellas de Occidente, como San Vital, San Apolinar Nuevo y San
Apolinar in Classe, todas incomparables y del siglo VI. Contiene también los célebres
mausoleos de Gala Placidia y Teodorico, y el sepulcro de Dante Alighieri. Es también la
patria de importantes artistas, y sobre todo de Santos. Como San León.
San León, obispo de Catania, en Sicilia, había nacido en Rávena, hacia la mitad
del siglo VIII. Fue llamado el Taumaturgo, por los muchos milagros que hacía. Sus padres
le educaron para las glorias humanas.
Pero eran distintas las aspiraciones de León. Se puso bajo la dirección del obispo
de Rávena, quien viendo su pureza de costumbres y su celo apostólico, decidió
conferirle la ordenación sacerdotal.
Pudo disfrutar de él poco tiempo, pues muerto Sabino, obispo de Catania, se
decidieron los electores por León, no sin antes haber pedido a Dios acierto en la
elección. León se oponía, pero le obligaron a aceptar.
Después de su resistencia, puso todo su empeño en cumplir su misión apostólica.
Se dedicó a la reforma de costumbres, a la instrucción religiosa de sus fieles, a
defender la verdad ante los herejes, al cuidado de todos.
Vivía, como dichas para él, las recomendaciones de San Pedro en su primera Carta:
"Apacentad el rebaño de Dios que os ha sido confiado, no por fuerza sino con
blandura, según Dios. Ni por sórdido lucro, sino con prontitud de ánimo. No como
dominadores sobre la heredad, sino sirviendo de ejemplo al rebaño. Así recibiréis la
corona inmarcesible de la gloria".
De todas partes acudían a verle y oírle. Todos querían tocar su manto para ser
curados. Los emperadores consiguieron que acudiera a Constantinopla, para tenerle cerca,
para rendirle veneración, escuchar sus sabios consejos y pedirle oraciones ante Dios.
Rigió la diócesis como un verdadero sucesor de los apóstoles durante 16 años y
hacia finales del siglo VIII, lleno de merecimientos, se durmió en el Señor. El pueblo
lloró su muerte como la de un padre y celoso pastor. Fue sepultado en un monasterio que
él mismo había hecho construir fuera de las murallas de Catania. Su sepulcro fue muy
venerado, sobre todo antes que los árabes ocupasen Sicilia. La fama de sus virtudes y de
sus muchos milagros lo convirtió en centro de muchas peregrinaciones.
OTROS SANTOS: Tiranion, Sllvino, Peleo, Nilo, Eleuterlo, Euquerio y Sadot, obispos; Zenobio, presbítero; Potamio y Nemesio, mártires; Beato Cristóbal de Milán, presbítero.