Barcelona tiene como Patrona celestial de la
ciudad a esta valerosa mujer que se enamoró de Jesucristo y no temió los atroces
tormentos a los que fue sometida.![]()
SANTA HUMBELINA S. XII
Humbelina es un nombre
musical, y su vida ciertamente no desentonó, pues formó un conjunto de perfecta
armonía, con notas dulces y graves, en una bien acordada combinación. Humbelina era hija
de los señores de Fontaines. Tenía seis hermanos. Tres mayores que ella, uno de ellos
San Bernardo, y tres más jóvenes, y ella en medio como una rosa primaveral.
Esta circunstancia enriqueció mucho su carácter. Por una parte, era muy femenina.
Su madre la presentaba como a una princesa en sociedad, y a la vez la educaba en la
fortaleza y en la virtud. Humbelina emulaba a su madre en la piedad y en las obras de
caridad que realizaba con ella.
Por otra parte, criada entre seis hermanos varones, tenía un temple caballeresco sin
igual.
No se dejó mimar por ellos. Con ellos competía en los torneos. Con ellos, como
otra Diana cazadora, corría tras la presa hasta lograrla. Con ellos, como insuperable
amazona, montaba los mejores corceles y juntos recorrían las extensas tierras de su
padre. "Tú eres Bernardo en mujer", le decían sus hermanos. Humbelina les
adoraba a todos, pero su preferido, su alma gemela, era Bernardo, al que llamaba Ojos
Grandes.
Habían marchado ya varios de sus hermanos al monasterio, y un día conversaba
Humbelina con su padre sobre si era eficaz o no su vida consagrada a la oración.
Tescelín el Moreno discurría así con su hija: Un día contemplaba el monte Jura
cubierto de nieve. Nada me parecía tan inútil como aquella nieve. Pero estas tierras
nuestras serían un yermo sin aquella nieve. Vivimos en el valle gracias a aquella nieve.
Sin ella no habría cosechas. Lo mismo sucede con los monjes encerrados en el monasterio.
Parecen inútiles, pero de su vida brota la fertilidad de nuestras almas.
Las mayores fuerzas del mundo natural y sobrenatural
están ocultas y calladas. Tal vez Dios utilice a Bernardo y a tus hermanos como esos
instrumentos ocultos.
Humbelina también discutía con Bernardo por llevarse a sus hermanos al monasterio,
y por haber "separado" a Guido e Isabel. Pero al discutir, las llamas de
Bernardo le iban quemando el corazón. Un día caería ella también. Se había casado con
el noble Guido de Marcy. Una vez comentaban los dos: ¿Es feliz Isabel en su monasterio y
Guido en el Císter? Otro día, ya más inquieta, preguntaba Humbelina: ¿Cómo servir
mejor a Dios?
Se decide y consigue permiso de su marido para entregarse a Dios. Entra en el
monasterio de Jully, donde ya estaban su cuñada Isabel y su sobrina Adelina. Humbelina
sucederá a Isabel como abadesa, y a ella, Adelina. Las tres competían en virtud y
santidad, en el servicio a Dios y a los hermanos.
Bernardo eligió un hermoso lema para él y Humbelina: "Asociados en el servicio
del Amor". - Preveo que serás santa, Humbelina, le dijo un día Bernardo a su
entrañable hermana.- ¿Cuáles son las señales de esa santidad? le preguntó la nueva
religiosa. -La primera de todas, le contestó Ojos Grandes, que has conservado intacto el
buen humor. Sigues siendo capaz de reírte de ti misma. Buena señal. El infierno nunca ha
producido buen humor.
Humbelina rigió el monasterio con prudencia y con amor. Cuando el Señor la llamó a
su seno, acudieron Bernardo y sus hermanos. Llamaron la atención los sollozos de
Bernardo. Pensaba predicar. Pero no pudo. "Ved cómo la amaba", comentaban los
presentes. El año 1871 Pío IX concedió un Oficio propio para la "Asociada a
Bernardo en el servicio del Amor".
También
llamado el Pobre, buenos apelativos para un personaje seguramente de leyenda,
que vive fuera del tiempo histórico y que a menudo se confunde con
otro Julián que fue mártir y que no tiene nada que ver con él. El Hospitalario,
patrón de los posaderos, dio su nombre a numerosas iglesias, hospitales y
asilos, y se le evoca por dramáticas vicisitudes en las que la imaginación
se inclina del lado de la santidad.
Según la Leyenda Dorada fue un caballero a quien en una cacería el ciervo
acosado predijo que daría muerte a sus padres. Para evitar que sucediera tal
cosa huyó de los suyos y entró al servicio de un lejano rey, y éste, como
premio de sus hazañas guerreras, le casó con una noble viuda y le regaló un
castillo.
A él llegaron un día los desconsolados padres, que peregrinaban
en busca del hijo perdido, su mujer adivinó quiénes eran y para agasajarles
les cedió su propia alcoba. Lo cual fue causa de un trágico error, ya que engañado
por las apariencias y creyendo sorprender a la esposa en adulterio flagrante,
Julián atravesó con su espada a los dos ocupantes del lecho.
Más
tarde, ante el horror de su acción, para hacer penitencia se retiró con su
fiel esposa a orillas de un río y allí construyó una hospedería con objeto de
socorrer por amor de Dios a los caminantes sin amparo. Muchos años después,
Julián prestó ayuda a un aterido leproso que parecía al borde de la muerte,
pero que
de pronto, resplandeciente de luz y de hermosura, se levantó para anunciarle
que Dios le había perdonado.
El que lava cristianamente su culpa con las virtudes de la hospitalidad y la
pobreza, ve su historia bellamente engarzada con la de esta admirable esposa sin
nombre, y nos transmite la emoción de un gesto terrible y alegórico,
sangriento y esperanzado por el que figura en este libro.
![]()