3 DE ENERO
SANTA GENOVEVA 420-500
Nace muy cerca de París, en
Nanterre; y promete a Dios, desde los primeros años, su vida y su virginidad, con la
bendición de San Germán de Auxerre, patrona de París, santa de la guarda de la vieja ciudad, cerca de la
cual nació cuando Lutecia era un humilde villorrio junto al río, con casas
desbordándose por la falda de una colina que hoy lleva el nombre de la pastora.
Su vida de oración y penitencia irradia
caridad y renombre de prodigio. Al morir sus padres, deja Nanterre y
marcha a París donde vive su madrina.
En tiempos turbulentos protegió a la ciudad cuando primero los hunos y luego los francos
estaban a punto de arrasarla. Inerme Juana de Arco merovingia, doncella que salió al paso
de Atila e hizo desviar sus hordas. Años más tarde se entrega
ejemplarmente, y con extraña eficacia, a superar el pánico del hambre.
Las profecías y los milagros la envuelven, y su fama llega muy lejos: Simeón Estilita,
desde lo alto de su columna en el desierto sirio, al ver a galos entre la multitud que
acude a visitarle, les pregunta por Genoveva, de la que ha oído hablar. Cuando París era
capital de santidad en el mundo.
Cuando el imperio romano cede el paso a la
monarquía franca, Santa Genoveva con su prestigio contribuye a la cristianización del
nuevo pueblo.
Muy venerada por él y por sus obispos, por sus reyes Childerico y Clodoveo, y por la
reina Santa Clotilde, muere nonagenaria, tras haber iluminado con su presencia santa el
París del siglo V.
Su Iglesia llegará a ser el Panteón de los grandes hombres de Francia.
Mucho después de su muerte
va a seguir defendiendo a la ciudad, a menudo ingrata, de la destrucción y la peste, pero
ninguna de sus dos iglesias parisienses subsiste hoy y la Revolución aventó sus cenizas.
La cándida y prodigiosa historia de Genoveva se ha olvidado, de ella no queda más que el
nombre de una colina en medio de París.
Su Nanterre natal evoca solamente la agitación estudiantil, Lutecia es irreconocible en
el monstruoso París de ahora, pero a pesar del estrépito de la modernidad, cuando se
hace el silencio es la voz de la santa, como decía Péguy, su gran devoto:
No hablarás mas que tú cuando todo se calle, y Dios nunca ha quitado la palabra a sus
santos.
OTROS SANTOS :
José María Tomasi, presbítero; Fulgencio; Antero, papa y mártir; Florencio y Valentín, obispos;
Pedro, Zósimo, Atanasio, Daniel, Cirino. Primo, Teágenes, Teopenpo, Teonáa y Gordio,
mártires; Melitón, mártir. Beato Ciriáco Elías Chavara, presbítero;
Beato Airaldo, monje; Beata Estéfana Quinzani, virgen.