SANTA MARIA, MADRE DE DIOS
Feliz año nuevo y feliz vida
nueva en Belén; porque la Eternidad se hace tiempo; y el tiempo Eternidad; al hacerse el
Hijo eterno de Dios, hijo de María.
Para alcanzar y poseer este Misterio de la Encarnación, es preciso vivirlo desde el
primer momento con María; como lo vivió excelsamente el Hijo de Dios.
EL NOMBRE DE JESÚS
En la Octava de su Navidad, el
hijo de María se somete en Belén al rito simbólico de pertenencia al pueblo de Israel,
a la circuncisión.
Y recibe el nombre de Jesús, que significa "Dios salva".
Con él se expresa la esencia de su ser: "Le pondréis el nombre de Jesús, porque El
rescatará a su pueblo de sus pecados".
«Un nombre sobre todo nombre, ante el que tiene que doblar toda rodilla en los cielos, la
tierra y los infiernos".
"En ningún otro nombre obtiene nadie la salvación; ni a los hombres se nos ha dado
otro nombre por el que tengamos que salvarnos".
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ALMAQUIO Y ODILÓN + 400 Y 962-1049
El mes de
Enero se abre
con un doble signo de paz, que es lo suyo, y con las menos palabras posibles, tan gastadas
por el uso barato y engañoso de las gentes; paz activa y resuelta que no es invención
propia, sino pálido reflejo provisional de la gran esperanza.
Aunque todos los santos son pacíficos y por eso se nos asegura que serán llamados hijos
de Dios, los hay que se consagran especialmente a esta tarea, como los dos de este primer
día de enero, que se asoman al umbral del año para anunciar el carácter de su vida.
Odilón, abad de Cluny cuando los supuestos terrores del año mil, tenía un talante muy
compasivo («prefiero condenarme por mi misericordia que por mi dureza»), y se le
atribuye la tregua de Dios, que paliaba la crueldad de las guerras; a esta iniciativa
unió la de la fiesta de los fieles difuntos, abarcando así la triple paz que contempla
la fe, la interior, la del mundo y la de la eterna gloria.
Almaquio, también llamado Telémaco, completó la exigencia de paz hasta el martirio. Era
un monje oriental que, encontrándose en Roma, al ver el espectáculo sangriento del circo
se arrojó impetuosamente a la arena para interrumpirlo y murió víctima de las fieras o
a manos de los gladiadores (según otros, lapidado por el público, que no se resignaba a
quedarse sin diversión). Entonces el emperador Honorio prohibió tan bárbaros festejos.
Con sus nombres raros y olvidados, Almaquio y Odilón deberían ser patrones de los
pacifistas modernos, a quienes podrían enseñar unas cuantas cosas: que la paz bien
entendida empieza por uno mismo, que es ilusorio aspirar a algo más que a una tregua y
que no hay tal paz si no se reconoce en ella una sombra invisible del amor de Dios.
OTROS SANTOS: Fulgencio, Vicente y Justlno, obispos; Almaquio, Concordio y Magno, mártires; Eufrosina y Martina, vírgenes; Eugenio y Adlón, abades; Beatos Lemberk, Gualdo, Andrés y José.
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