17 DE ENERO

SAN ANTONIO ABAD S. IV

antonioabad1n.jpg (16733 bytes)Ha sido llamado también el abad, que significa el padre; porque fue verdaderamente "el padre de los cenobitas"; de aquellos que en el siglo IV prefirieron llevar en común la vida ascética contemplativa.
«Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres, y luego vente conmigo». Acababa Antonio - joven cristiano del Alto Egipto - de recibir la herencia de su familia cuando, al entrar en una iglesia, escuchó esas palabras del Evangelio. Al salir, puso al punto en práctica la palabra del Señor. Partió seguidamente al desierto, en donde había de vivir durante casi un siglo sin lamentar jamás aquel gesto de locura de sus veinte años.
Desde el año 312 hasta su muerte el 17 de enero del año 356 reside establemente en Monte Colzum, frente al mar Rojo. Agua y palmeras no muy lejos de su pequeña cabaña; y más cerca, muy pronto, un enjambre de chozas individuales pobladas de fieles seguidores de su regla viva.
A la sombra de las palmeras, había de «servir al Señor con una vida santa» de negación de sí mismo y de lucha contra «el príncipe de las tinieblas». Pero, también allí, llegaría a descubrir la dicha de no tener otras riquezas que a Dios y de amarle al Señor «siempre sobre todas las cosas». La dura exigencia de la ascesis no endureció su corazón, sino que hizo brotar en él la fuente viva de la ternura y el gozo: «Servid al Señor con santa alegría y caminad siempre en su presencia», era la consigna de Antonio a sus seguidores. Estos se contaron por millares, ya que "¿cómo no iba a arrastrar un hombre semejante a quienes buscan lo absoluto?".

Un gran confidente y biógrafo de San Antonio el Grande será San Atanasio, el obispo de Alejandría; y llegará a conseguir del abad ya centenario que instruya a Alejandría en la fe del Concilio de Nicea.      Floreciente, significa Antonio, en su expresión griega de Antón. Su popularidad taumatúrgica llegará a invocarse, no sólo en beneficio de los hombres sino también de los animales. Con la bendición de San Antonio muchas familias alimentarían en común un lechón porcino para los pobres; que, distribuido el día de San Antón, terminará acompañando la imagen misma del Santo Abad.

OTROS SANTOS: Rosalina de Vilanova, cartuja; Sulpicio y Genulfo obispos; Diodoro, presbítero; Mariano, Espeusipo, Eleusipo, Meleusipo y Leonila, mártires; Antonio, Mérulo y Juan monjes; Julián, eremita.