Converso, sin duda de linaje
galorromano, que, ansioso por alcanzar la perfección, peregrina a Grecia y conoce la vida
de los monjes orientales, en alguno de cuyos monasterios posiblemente vivió. Cuando
vuelve a su tierra, todo su afán es llevar una existencia solitaria, de ermitaño
consagrado a Dios. Pero ¿dónde?
Un día descubre las hoy llamadas islas de Lérins, frente a Cannes, y se instala en una
de ellas, la que se conoce por su nombre; un lugar desierto e inhóspito donde abundan las
serpientes. Según la tradición, Honorato cae de rodillas y se pone a rezar; todas las
serpientes mueren, y luego da orden al mar para que arrastre sus cadáveres limpiando la
isla.
Debía de correr el año 410. Al cabo de un tiempo se le unen otros compañeros, el
eremita se convierte en fundador del monasterio de Lérins, regido por la regla de san
Pacomio, la comunidad crece y es un semillero de santos, teólogos y obispos (san Hilario
de Arles, san Vicente de Lérins, san Cesáreo de Arles), a la vez que un gran foco de
cultura. Honorato es el maestro de quien dice uno de los suyos que para pintar la caridad
habría que darle su rostro.
A pesar de su mala salud, se muestra activísimo y de una solicitud infinita para con
todos, pero poco después de ser elegido para la sede de Arles, muere dejando una escuela
que iba a durar siglos y un recuerdo imborrable de santidad.
El año 410 es también el de la caída de Roma ante los visigodos. La Urbs es
vencida y saqueada por vez primera, el imperio se viene abajo ante oleadas de bárbaros,
parece el fin del mundo y el fin de la joven Iglesia que acaba de salir de las últimas
persecuciones. A Honorato se le llama como reserva de la fe en una isla, para mantener
encendida la luz en medio de la soledad durante la larga noche.
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SAN MARCELO I S.II
Es designado para la Cátedra de Pedro el año 108 en la última de las grandes
persecuciones primeras.
Su antecesor había muerto hacía cuatro años.
Una situación ca6tica y aterradora, tanto interna como externa, había dificultado el
nombramiento inmediato.
San Marcelo abre al culto iglesias, que sustituyan a las confiscadas; y dicta normas de
penitencia pública, para los apóstatas públicos.
La arbitrariedad de Majencio, el usurpador, le persigue. Los fieles de Roma hablarían de
su Papa San Marcelo, "apaleado primeramente por la confesión
de la fe católica y condenado después a cuidar bestias en un establo".
Condenado al destierro muere pronto San Marcelo el año 309, víctima de los malos tratos.
El Papa San Dámaso le dedicará este epígrafe: "Marcelo, como buen Pastor, exigió
la penitencia a cuantos habían caído. Por eso se hizo ingrato a los impíos. Hubo un
momento de locura, de odio, de discordia, de lucha, de sedición. de muertes. Se
rompió el vinculo de la concordia. Por las inicuas maquinaciones de uno que había
renegado de Cristo en tiempo mismo de paz, el Papa fue expulsado del patrio suelo por la
crueldad."
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SAN FULGENCIO S.VII
Nace
en Cartagena, al igual que su hermano mayor San Leandro y su hermana Santa Florentina.
Pero sus ilustres padres Severiano y Teodora buscan refugio en la provincia Bética; y es
Sevilla la que dará su nombre al último hermano San Isidoro.
Con su santidad y con su preparación teológica, cultural y lingüística, San Fulgencio
contribuye eficazmente a la conversión de los visigodos arrianos y particularmente a la
formación de su rey Recaredo.
Cartagena y Écija veneran en él al padre y obispo pacificador, que olvida sus propios
sufrimientos anteriores en el destierro y hace olvidar todo resentimiento.
Durante decenios siguen iluminando su palabra y sus escritos de Doctor de la Iglesia
visigótica.
Y en su muerte santa, rebasado el año 630, le asiste San Braulio, obispo de Zaragoza.
OTROS SANTOS: Berardo, Pedro, Acursio, Adyuto y Otón, mártires; Ticiano y Melas, obispos; Priscila, matrona; San Furseo, monje.