10 DE ENERO
SAN PEDRO DE ORSÉOLO 928-987
Miembro de una rica familia
veneciana, era un buen soldado, capitán de flotas guerreras y vencedor de piratas, cuando
se acerca el fin del primer milenio y Venecia va a iniciar su época más gloriosa de
poderío y fastuosidad. Posiblemente, también activo conspirador en tiempos del dux Pedro
IV Candiano, quien perecerá en una revuelta cuando intentaba proclamarse rey.
Le sucede como dux este Pedro del que ahora se trata, del clan de los Orseoli, y durante
unos años se le juzga excelente gobernante que pone orden en la ciudad. Sabemos de él
que tenía una esposa y un hijo, y que era hombre justo y muy piadoso, con buena fama
entre los venecianos.
Hasta que un día de septiembre de 978, sin avisar a nadie, sin prevenir siquiera a los
suyos, renuncia a todos los honores y a la fortuna, sale de Venecia ocultamente y marcha
peregrinando a un monasterio del Pirineo rosellonés, San Miguel de Cuxá, donde se hace
monje benedictino.
No le bastará una decisión tan radical, y al cabo de unos años elige una vida aún más
solitaria, será ermitaño cerca del monasterio, hasta que muere en olor de santidad,
florecen los milagros que la confirman y siglos después le canoniza la Iglesia.
La santidad es siempre un itinerario de la dispersión a la unidad, del mundo a Dios, y en
este caso de san Pedro de Orséolo se representa desde el balcón del Adriático y sus
palacios de Venecia a un rinconcito de los Pirineos, a una celda desnuda, y por fin a una
simple ermita en la montaña. Desde la grandeza aparente a la invisible, así se traza el
camino de santo dux.