6 DE ABRIL

SAN CELESTINO l, + 432

celestinoix.jpg (22295 bytes)El Señor ha ido sembrando a lo largo de la historia de la Iglesia hombres que lucharon denodadamente por conservar incólume la doctrina del Evangelio. Los herejes, que no han faltado tampoco nunca a lo largo de la historia, parece que se empeñaban en ensuciar las aguas cristalinas que predicara Cristo y sus Apóstoles. Misión, sobre todo de la Iglesia, será siempre defender esta doctrina y presentarla así, sin mancha, a todos los fieles cristianos.
Uno de los hombres que hubo de luchar duro contra dos de estas herejías sobre todo, que serán las semipelagianas y arrianas, será el valiente San Celestino I, Papa. Parece que nació en el último cuarto de siglo IV en la Campania napolitana (Italia) de padres nobles y emparentados con reyes. Su padre, llamado Prisco, era familia del emperador Valentiniano. Sabemos muy pocas cosas de él, de su juventud y formación literaria, pero lo cierto es que hubo de crecer muy rápidamente en ciencia y en virtud ya que le vemos escalar rápidamente también por los escalafones de la carrera eclesiástica hasta llegar al grado supremo que es el Pontificado.
Renunció a proposiciones muy lisonjeras que le presentaban y tan sólo ansió consagrarse para siempre y del todo a la vida del espíritu. Parece ser que trató de retirarse al desierto para allá estar más alejado del mundo y disponer de mayor facilidad para entregarse al Señor... pero otros eran los caminos que le señalaba la Divina Providencia. Se ordenó sacerdote y vivió unos años entregado al cuidado de las almas hasta que muy pronto, ante la sabiduría y prudente santidad que brotaba de sus palabras y de sus obras, fue elevado al episcopado y enviado a Siria para que gobernase aquella iglesia. Allí se entregó de lleno al cuidado de su grey. Visitaba a los enfermos y educaba en la fe a todos los feligreses. No había mal que no tratase de remediarlo. Cuando no podía ir personalmente lo hacía por medio de sus preciosas "Cartas" que son todo un modelo de bondadosa solicitud a la vez que de dureza cuando el caso lo requería, con tal fuera conservar incólume la fe de las injerencias de sus enemigos.
El Papa Bonifacio I había dejado huérfana la diócesis de Roma como sucesor de San Pedro y aquella Iglesia solicitó la presencia de Celestino para regirla. Eran tiempos sumamente difíciles por la arbitrariedad y los gérmenes de herejía que se iban infiltrando en muchos ambientes. Los diecisiete años que gobernó
la Iglesia, desde el año 422 al 439, fueron verdaderamente fecundos en todos los sentidos, sobre todo en el aspecto dogmático, en el litúrgico y pastoral. En el primero luchó denodadamente contra Nestorio que defendía que la Virgen era sólo Madre de Jesús en cuanto hombre y no en cuanto Dios, es decir: que María no era Dei genitrix, Madre de Dios. San Celestino luchó por sí mismo y por medio de San Cirilo de Alejandría para que en el Concilio de Éfeso, celebrado el 431, fuera proclamado el dogma de la Maternidad Divina de María. Todos los Padres conciliares repitieron las palabras del Papa: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".
En el campo pastoral escribe sus famosas Decretales que rezuman prudencia, sabiduría y entereza a la vez. Dice en ellas a los Obispos: "No permitamos sembrar en nuestra tierra otro grano que el que nos ha dejado en depósito el Divino Sembrador". También luchó muy duramente contra los herejes pelagianos y envió fervorosos misioneros a Inglaterra y a otras partes del mundo para extender el Evangelio. Introdujo en la celebración de la Misa varias partes importantes y abogó con energía a favor del pecador arrepentido en la hora de la muerte. Lleno de méritos expiró el 6 DE ABRIL del año 432. Lo enterraron en el Cementerio de Priscila y en su tumba escribieron: "Su alma santísima goza ya de la visión de Dios".

SAN PRUDENCIO GALINDO + 861

prudenciogalindox.jpg (17599 bytes)Español de origen pirenaico, quizá catalán o aragonés, y posiblemente emparentado con los condes de Aragón, hacia el año 827 salió de su patria invadida por los musulmanes, y como otros españoles ilustres de su tiempo encontró asilo en la corte carolingia.
Si su compatriota Teodulfo fue poeta, él destacó como teólogo e historiador, capellán y consejero de Ludovico Pío y Carlos el Calvo, y desde mediados de siglo hasta su muerte es obispo de la ciudad de Troyes, en la Champaña.
Generalmente gran teólogo, se dejó llevar de su excesiva desconfianza en la voluntad humana, cuando se trata de la salvación y santificación propias.
Más precisión mantuvo siempre en sus escritos litúrgicos; y en su continuación de los Anales Bertinianos, donde relata los hechos de su tiempo
desde el año 836 hasta el 861, en que sobrevino su muerte; llena de amor a Dios y a las almas, como su vida de apóstol.
Escribió diversas obras de piedad, como el Breviarium psalterii y el Florilegium ex Sacra Scriptura.
Poco más sabemos de él, y en sus obras son escasísimas las referencias personales que permitan hacernos una idea de cómo era este desterrado voluntario que se enorgullece de su hispánico origen y que vincula su nombre y su vida a otras tierras muy lejanas de Europa.
Prudencio Galindo  tan fogoso en la controversia teológica, fue también según la tradición un admirable pastor de almas, y Troyes le veneró como santo desde muy poco después de su muerte. Le imaginamos en el corazón de estos siglos de hierro como un prelado fuerte y con exigencias sin blandura, reservándose cuando podía largas vigilias estudiosas, y siempre con la caridad, tal vez envuelta de rudeza, guiando su solicitud por la fe y por los cristianos.

Otros santos: Guillermo, abad; Marcelino, Timoteo, Diógenes, Platónides mártires; Celestlno I, papa; Ireneo, obispo; Filareto, monje; Beatos Notquero, Catalina y Pablo.