2 DE ABRIL
SAN FRANCISCO DE PAULA,
ermitaño + 1507
Calabria ha sido siempre tierra
de contacto entre el mundo latino y el mundo griego. Francisco podía hallar en los
alrededores de Paula en donde había nacido. El matrimonio Santiago y Viena eran buenos y
pobres, pero con la pena de no tener hijos. Por fin, después de tanta espera y tanta
súplica al cielo llegó, lleno de alborozo, el primogénito, a quien, en agradecimiento a
San Francisco de Asís, le pusieron su mismo nombre.
En compañía de sus padres realizó algunas peregrinaciones a diversos lugares
santificados por la presencia de almas santas. El que más hondo caló en su corazón fue
el de Monte Casino donde están todavía claras las huellas de aquel joven que se retiró
a la soledad a los sólo catorce años. Francisco sintió ansias irresistibles de poderle
imitar. También él amaba la soledad como medio para entregarse al Señor sin los
estorbos de los halagos del mundo.
Pidió permiso a sus padres, y, a los catorce años, se retiró a una cueva
no lejana de Paula, junto a Cosenza, y más tarde a un lugar aún más solitario.
Pero lo que no pudieron prever fue el fervor con el que se entregarla tanto a la
penitencia como a la oración; así como la fama que rápidamente adquirirla su santidad.
Casi sin darse cuenta se multiplican los discípulos
que quieren seguir sus huellas, imitar su vida. Los milagros hacen que acudan en tropel
mucha gente para solicitar la ayuda del cielo. Como antaño en Egipto y Siria, las
multitudes se llegaban al hombre de Dios, de quien se re ferian milagros. De ahí que se
le unieran varios discípulos.
Así nació una nueva familia religiosa, la de los Ermitaños de Paula (1474), que se
convertiría en la Orden dc los Mínimos (1493). Construye un Monasterio, y otro, y
otro...
El Papa Sixto IV aprueba su Orden con el nombre de Ermitaños de Calabria y nombra a
Francisco de Paula superior general perpetuo por una Bula del 23 de mayo de 1474. Su fama
se extiende por todas partes. hasta que le llaman de Sicilia. Debe embarcar y no
dispone de medios para pagar la barca. ¿Qué hacer? Arroja el manto pardo sobre las olas,
se coloca sobre él, y, haciendo de vela, atraviesa el estrecho ante el asombro de la
multitud que le contempla.
La resonancia de las maravillas obradas por el santo calabrés llegó hasta Roma, en donde
el papa Pablo II quiso verle (1467). Más tarde, Sixto IV le envió como legado ante el
rey de Francia Luis Xl (1482). Francisco fijó su residencia en Plesis-les-Tours, en donde
moraba el rey, y nuevamente los ermitaños vinieron a someterse a su disciplina.
Lleno de méritos y viendo ya su obra consolidada, el 2 DE ABRIL de 1507, Viernes Santo, expiraba con noventa
y un años de edad, y un gran renombre taumatúrgico y penitencial.. Seis años después
el Papa León X lo beatificaba.
MARÍA
EGIPCÍACA S. V
María la egipcia, que junto con su homónima la
Magdalena, ha sido siempre patrona de las pecadoras públicas arrepentidas. Porque en su
juventud durante diecisiete años fue ramera en Alejandría, «no por intereses, ni por
precio, ni dones que le diesen, sino sólo por su gusto».
Un día quiso ir a Jerusalén con unos peregrinos, no por devoción sino por curiosidad,
pagó el pasaje con su cuerpo prostituyéndose con los marineros, y una vez en la Ciudad
Santa se dispuso a entrar mezclada con la muchedumbre en la iglesia del Santo Sepulcro,
pero una fuerza sobrenatural la rechazó una y otra vez, mientras los demás entraban sin
obstáculos en el templo.
Comprendió que era a causa de sus pecados, y arrepentida y deshecha en lágrimas,
prometió a una imagen de la Virgen que había en el nártex «dar mano a todas las cosas
del siglo y entrar por la senda de salvación más estrecha». Entonces pudo entrar en la
iglesia, pero de rodillas.
Más tarde se dirigió al Jordán, y en el lugar donde fue bautizado Cristo desató su
cabellera, cuya hermosura tanto seducía a los hombres, y la sumergió en el río como una
purificación. Y con sólo tres panes, adquiridos con tres monedas que le dieron como
limosna, se adentró en el desierto que hay más allá del Jordán para llevar vida
penitente en la soledad.
Mucho tiempo después, quizá cuarenta y tantos años, cuando la encontró allí el abad
Zósimo, era, nos dice la Leyenda Dorada, «un bulto errante», con el cuerpo denegrido
por el sol y los cabellos blancos como la lana. «María la Egipciaca, pecatriz sin
mesura», en palabras de Berceo, murió poco después en aquel yermo, desmedida primero en
vicios y luego en mortificaciones.
Otros santos: Teodosia, virgen, Apfiano, mártir,
Abundio, Urbano, Nicecio, Víctor, confesores; María Egipcia.