
BEATO ANDRÉS HIBERNON

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BEATA MARIA DE LA ENCARNACIÓN, religiosa + 1618
Se llamó en el siglo Bárbara Avrillot y fue
hija de los nobles Nicolás, señor de Champalsteurs y de María L'Huiller, muy buenos
cristianos que al no tener descendencia prometieron consagrarlo al Señor si les daba
fruto de su matrimonio. Éste llegó el 1 de febrero de 1566 y la consagraron al Señor y
a la Virgen María vistiéndola de blanco hasta la edad de siete años. Desde esa fecha
vivió interna entre las Hermanas Menores de la Humildad de Longchamp llamando la
atención por su sencillez y piedad.
Cuando salió del convento a los catorce años, aunque ella hubiera querido consagrarse al
Señor en la vida religiosa, sus padres la encaminaron hacia el matrimonio y a los
dieciséis años se casó con el vizconde Pedro Acarie al que amó y sirvió con toda su
alma como correspondía a una fidelísima esposa. El Señor les concedió seis hijos que
educaron cristianamente.
Al salir del convento como interna, sus padres pusieron a su servicio a una joven, Andrea
Levoiz, que era una maravilla por su gran piedad, honradez y caridad para con todos.
Andrea y Bárbara, criada y señora, viven íntimamente unidas en el camino de la
santidad. Se ayudan en su vida interior y ambas corren parejas hacia la meta. Andrea ayuda
en la educación de los hijos de su señora y amiga, tres de los cuales se consagrarán al
Señor en el mismo género de vida que lo hará su misma madre cuando se vea libre de las
ataduras del mundo.
Todo parecía caminar viento en popa cuando vino a visitarle la prueba. Los enemigos de la
Iglesia la atacan sin piedad. La herejía protestante se extiende cada día por Francia.
El rey Enrique IV destierra al esposo de Bárbara y ella le sigue a todas partes. Es
objeto de calumnias e ingratitudes pero todo lo soporta con valentía de espíritu. A
todos perdona. Bárbara sostiene y ayuda a su marido en esta dura lucha. Ella misma es
ayudada por su primo, el famoso cardenal Pedro de Bérulle, y por el mismo San Francisco
de Sales.
Pasada la tormenta se extiende por toda Francia la noticia de las Carmelitas reformadas
por Santa Teresa y se leen las maravillosas Obras de esta gran santa castellana. Es por el
1601. Bárbara Lee sus obras y el Señor va obrando maravillas en su alma. Pide consejo,
ora mucho y se decide. Ella va a arreglar todas las cosas para que estas santas mujeres,
las hijas de Teresa de Jesús, puedan venir a fundar también a Francia. Así obtiene el
permiso del Papa Clemente VIII el 13 de noviembre de 1603 por el decreto "In
supremo" para que sea una realidad, lo que sucede el 29 de agosto de 1604 que
llegaban de España las seis primeras carmelitas descalzas al frente de las cuales iba Ana
de Jesús y la conversa Beata Ana de San Bartolomé.
Seguidamente cooperó nuestra beata en la fundación de Pontoise de Digione y de Amiens en
el que vio con alegría ingresar a tres de sus hijas. Por todos es considerada como la
"Madre y fundadora del Carmelo Teresiano en Francia". Mientras, Bárbara sigue
entregada a sus obras de caridad, de piedad y de maceración de su cuerpo, hasta que el
1616 muere su marido sin que ella durante su enfermedad le dejara ni un instante. Fue
verdaderamente un modelo de esposa y de madre.
Rotas las ataduras que la ligaban al mundo sólo ansía ya entregarse al Señor en la vida
religiosa. Podía hacerlo en los conventos que ella había fundado y donde sabía que
tendría muchos deudos, pero quiso elegir el más pobre y más lejano, el de Amiens, al
que solicitó, con gran humildad, que la recibieran como hermana de obediencia. Se
entregó de lleno a la vida de oración, penitencia y servicio en los trabajos más
humildes. Recibió muchas gracias del cielo y también hubo de sufrir no pocas
incomprensiones y enfermedades que llevo con gran paz y hasta con alegría.
Por su delicado estado de salud, el 7 de diciembre de 1616 fue enviada al Carmelo de
Pontoise, donde, confortada por el viático y por éxtasis y visiones celestiales,
entregó su alma al Señor el 18 de abril de 1618.
El papa Pío VI la beatificó el 5 de junio de 1791.
Su cuerpo reposa en la capilla del convento de Pontoise.
Otros santos: Eleuterio, obispo; Apolonio, Elpidio, Antía, Francisco, Corebo, Calócero, mártires; Galdino cardenal; Beatos Idesbaldo, Juan del Epiro.