18 DE ABRIL

SAN PERFECTO S. IX

perfecto.jpg (12527 bytes)Encontró en San Eulogio su biógrafo contemporáneo.
" Reinado por siempre nuestro Señor Jesucristo; el año de su Encarnación, 850; del gobierno de Abderramán el 29; ocupando el pueblo árabe por duro privilegio casi toda Iberia; gimiendo la Iglesia bajo su durísimo yugo; nació en Córdoba el presbítero Perfecto, de santa memoria; fue educado bajo la dirección de los pedagogos de la Basílica de San Acisclo; donde aprendió la ciencia sagrada; distinguiéndose también por su erudición literaria y por sus conocimientos de la lengua árabe."
Con este prestigio ejercitaba su apostolado sacerdotal; y hasta los mismos mahometanos principales dialogaban con él.
Un día, después de responderles sobre el Cristianismo, se niega a exponerles su parecer sobre el Corán: «no me atrevo por no molestaros; sólo si me prometéis secreto y seguridad, satisfaré a vuestra pregunta"
.No tardó mucho en ser llevado ante el tribunal del cadí, juez, por lo visto, honrado y virtuoso, pero que por las denuncias tuvo que condenarle a muerte, y un 18 de abril, en la fiesta que seguía al ayuno del Ramadán, se le decapitó al otro lado del Guadalquivir, en el llamado Campo de la Verdad.
Nombre adecuadísimo para este mártir tan sincero como imprudente al que hoy en nuestra listeza llamaríamos tonto. Perfecto, sin duda excesivamente ingenuo y sin doblez para una situación tan peligrosa, nos interpela con un ejemplo que los listos no solemos seguir: es un hombre que cuando abre los labios sólo sabe decir la verdad.

BEATO ANDRÉS HIBERNON

Con su sola presencia y sus ejemplos de fe, trabajo y piedad, especialmente entre los moriscos, atrae hasta Cristo al pueblo todo de la comarca de Gandía; que le escucha después como a un hombre de Dios.
Nacido en Alcantarilla de Murcia, vive el ideal franciscano de Hermano Coadjutor en la Orden de los Hermanos Menores de San Francisco y de San Pedro de Alcántara; hasta su muerte, con ochenta y ocho años, en 1602.
Para él, ningún libro como la Cruz; en ella estudia continuamente la ciencia de una vida de santidad redentora y fecunda.

BEATA MARIA DE LA ENCARNACIÓN, religiosa + 1618

mariadelaencarnacionx.jpg (17713 bytes)Se llamó en el siglo Bárbara Avrillot y fue hija de los nobles Nicolás, señor de Champalsteurs y de María L'Huiller, muy buenos cristianos que al no tener descendencia prometieron consagrarlo al Señor si les daba fruto de su matrimonio. Éste llegó el 1 de febrero de 1566 y la consagraron al Señor y a la Virgen María vistiéndola de blanco hasta la edad de siete años. Desde esa fecha vivió interna entre las Hermanas Menores de la Humildad de Longchamp llamando la atención por su sencillez y piedad.
Cuando salió del convento a los catorce años, aunque ella hubiera querido consagrarse al Señor en la vida religiosa, sus padres la encaminaron hacia el matrimonio y a los dieciséis años se casó con el vizconde Pedro Acarie al que amó y sirvió con toda su alma como correspondía a una fidelísima esposa. El Señor les concedió seis hijos que educaron cristianamente.
Al salir del convento como interna, sus padres pusieron a su servicio a una joven, Andrea Levoiz, que era una maravilla por su gran piedad, honradez y caridad para con todos. Andrea y Bárbara, criada y señora, viven íntimamente unidas en el camino de la santidad. Se ayudan en su vida interior y ambas corren parejas hacia la meta. Andrea ayuda en la educación de los hijos de su señora y amiga, tres de los cuales se consagrarán al Señor en el mismo género de vida que lo hará su misma madre cuando se vea libre de las ataduras del mundo.
Todo parecía caminar viento en popa cuando vino a visitarle la prueba. Los enemigos de la Iglesia la atacan sin piedad. La herejía protestante se extiende cada día por Francia. El rey Enrique IV destierra al esposo de Bárbara y ella le sigue a todas partes. Es objeto de calumnias e ingratitudes pero todo lo soporta con valentía de espíritu. A todos perdona. Bárbara sostiene y ayuda a su marido en esta dura lucha. Ella misma es ayudada por su primo, el famoso cardenal Pedro de Bérulle, y por el mismo San Francisco de Sales.
Pasada la tormenta se extiende por toda Francia la noticia de las Carmelitas reformadas por Santa Teresa y se leen las maravillosas Obras de esta gran santa castellana. Es por el 1601. Bárbara Lee sus obras y el Señor va obrando maravillas en su alma. Pide consejo, ora mucho y se decide. Ella va a arreglar todas las cosas para que estas santas mujeres, las hijas de Teresa de Jesús, puedan venir a fundar también a Francia. Así obtiene el permiso del Papa Clemente VIII el 13 de noviembre de 1603 por el decreto "In supremo" para que sea una realidad, lo que sucede el 29 de agosto de 1604 que llegaban de España las seis primeras carmelitas descalzas al frente de las cuales iba Ana de Jesús y la conversa Beata Ana de San Bartolomé.
Seguidamente cooperó nuestra beata en la fundación de Pontoise de Digione y de Amiens en el que vio con alegría ingresar a tres de sus hijas. Por todos es considerada como la "Madre y fundadora del Carmelo Teresiano en Francia". Mientras, Bárbara sigue entregada a sus obras de caridad, de piedad y de maceración de su cuerpo, hasta que el 1616 muere su marido sin que ella durante su enfermedad le dejara ni un instante. Fue verdaderamente un modelo de esposa y de madre.
Rotas las ataduras que la ligaban al mundo sólo ansía ya entregarse al Señor en la vida religiosa. Podía hacerlo en los conventos que ella había fundado y donde sabía que tendría muchos deudos, pero quiso elegir el más pobre y más lejano, el de Amiens, al que solicitó, con gran humildad, que la recibieran como hermana de obediencia. Se entregó de lleno a la vida de oración, penitencia y servicio en los trabajos más humildes. Recibió muchas gracias del cielo y también hubo de sufrir no pocas incomprensiones y enfermedades que llevo con gran paz y hasta con alegría.
Por su delicado estado de salud, el 7 de diciembre de 1616 fue enviada al Carmelo de Pontoise, donde, confortada por el viático y por éxtasis y visiones celestiales, entregó su alma al Señor el 18 de abril de 1618.
El papa Pío VI la beatificó el 5 de junio de 1791.
Su cuerpo reposa en la capilla del convento de Pontoise.

Otros santos: Eleuterio, obispo; Apolonio, Elpidio, Antía, Francisco, Corebo, Calócero, mártires; Galdino cardenal; Beatos Idesbaldo, Juan del Epiro.