14 DE ABRIL
SANTA LIDUVINA, virgen 1380-1433
La Divina Providencia a cada uno le señala el camino en el que mejor puede
realizar su vida y mediante ello alcanzar la meta de la salvación. Repasando las vidas de
los Santos encontramos que la mayor parte de los hombres han tenido una misión más bien
hacia fuera: misioneros, fundadores, obispos y papas, escritores, mártires... De las
Santas no se puede afirmar lo mismo. La mayor parte de ellas han llevado una vida más
bien escondida, entregada a la oración y penitencia y han alcanzado la meta de la
perfección mediante el apostolado de la inmolación, ejercido de una o de otra forma. Un
caso bien conocido y muy famoso es el de la Santa de hoy.
Eleva su juventud y su vida, inmóvil en el lecho de la enfermedad. Su
nombre ha sido transformado en Ludovina y Luz divina.
La más paciente de todo el santoral, con una biografía
terrible que espeluzna, y que movió al escritor francés Huysmans a darnos en 1901 uno de
sus libros sombríos y refulgentes, con una impresionante mezcla de amor y dolor
incomprensibles. Su vida ha de leerse como glosa y complemento de la de Job,
Había nacido en Schidam, de Holanda, muy cerca de la Haya, el Domingo de Ramos de 1380.
Su padre era el sereno de la ciudad, eran pobres y tenía ocho hermanos.
A los quince años renuncia al matrimonio, porque desea consagrar su vida a sólo Dios.
Poco después un día de fuerte helada, el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del
Señor y Purificación de la Virgen María, sufre una violenta caída. A la fractura en el
costado derecho, se añade una herida; que, al infectarse, convierte su cuerpo en una
llaga viva, durante casi cuarenta años de sufrimiento incesante día y noche.
Los primeros cuatro años, una constante desolación interior ennegrece sus horizontes.
Hasta que. un día, escucha de una de sus visitas: "Hasta ahora has meditado poco en
la Pasión de Cristo; medita; y verás cómo el yugo del Señor es suave".
"Es imposible no sé lo que es meditación", repite algún tiempo. Pero poco a
poco, sus sufrimientos se van uniendo en ella a los de Cristo, hasta construir un ideal
redentor.
Un día al traerle la Comunión encuentra a Jesús, como los discípulos de Emaús, tardos
de corazón: « ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su
gloria?". Y en su corazón permanecerá ardiente su apostolado del sufrimiento
misionero Con él puede repetir: «Señor, perdón por esos pecados que cometen, contra
Tí, los hombres".
Liduvina sabía que el dolor, unido al de
Cristo, tiene valor redentor. En el museo de arte de Viena hay un hermoso lienzo titulado
"Jesús en la Cruz". El autor es un pintor flamenco, Brueghel el Viejo.
Sorprende el título, pues lo que el cuadro representa es un ramillete de hojas. Cada hoja
es un medallón, donde se muestra un dolor humano. Allí están todos los dolores humanos.
En uno de los medallones está Jesús en la Cruz. Ese medallón da sentido a todos. Todo
dolor, unido a la Cruz, tiene valor redentor.
A la humilde casa de la hija del sereno de Schiedam llegaban noticias nada halagüeñas
sobre el estado de la Iglesia. Nunca sufrió tanto, ya que estuvo en su tiempo dividida en
dos y tres obediencias, con dos y tres Papas a la vez. Por ella, por la Iglesia, por el
Papa y por los Obispos y Príncipes cristianos ofrecía generosa sus muchos dolores.
Su vida incorporada a Cristo, se hace una maravilla interior; que merecerá ser
presentada, como ejemplo, por Tomás de Kempis.
Liduvina partió para unirse al Divino Crucificado el año 1432.
Sus reliquias están en santa Gúdula de Bruselas.
Otros santos:
Tiburcio,
Valeriano, Máximo, Tomaides y Ardalio, mártires; Próculo y Lamberto, obispos; Domnina,
virgen; Fronclo, confesor; Abundio y Benedicto, confesores.