San
Ambrosio murió el Sábado Santo, 4 de abril del año 397. como el 4 de abril suele caer
con frecuencia dentro de la Pascua, Se celebra la memoria del gran obispo de Milán en el
aniversario de su consagración episcopal. Aun cuando nació en Tréveris (hacia el 339),
en donde su padre era prefecto del pretorio, Ambrosio fue un romano perfecto por su
cultura. Curso en Roma los estudios jurídicos, que habían de conducirle a los más elevados
cargos. Así, se hallaba de cónsul en Milán cuando el pueblo cristiano lo eligió como
obispo, en sustitución del arriano Auxencio (374). Sin embargo, aún no había recibido
el bautismo, Ambrosio realizaría en su vida una de las figuras más acabadas de pastor.
Supo ser un jefe enérgico y oponerse al poder imperial. Pero, si bien conservó siempre
una cierta frialdad, impresionaba a Agustín al enfrentarse con sus torturas
intelectuales, era de una bondad sin medida: «Más vale ser bueno y crearnos
dificultades--escribe--que mostrarnos inhumanos". A lo largo de todo su episcopado se
convirtió en sencillo catequista de su pueblo, comentando sin cesar la Escritura,
preparando durante la Cuaresma a los candidatos al bautismo y dando a conocer los
cánticos religiosos populares para luchar contra la herejía. Este hombre, que supo
encontrar unas fórmulas lapidarias para definir las relaciones de la Iglesia y el Estado
o para expresar la autoridad de la Sede apostólica--"allá donde se encuentre Pedro,
está la Iglesia"--supo también formular su amor a Cristo con una sensibilidad
iluminada por el Espíritu.
Otros Santos: Urbano, obispo; Martín, abad; Eutiquiano, papa; Policarpo, Teodoro, Siervo, Victoria, Agatón, mártires; Martín, abad; Fara y María Josefa Roselló, vírgenes.
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