Pocos
santos han conservado a lo largo de los siglos un culto tan popular como San
Nicolás, del que cabe afirmar que es venerado en el mundo entero, desde el Oriente a los
Estados Unidos de América y desde Italia--donde se conservan sus restos en Bari desde
1087--a los Países escandinavos--en donde se ha convertido en una especie de personaje
mítico--. En Francia, San Nicolás es el patrono de la Lorena. Ahora bien, es menester
confesar que semejante popularidad procede tan sólo de narraciones legendarias, puesto
que no se conoce nada sobre San Nicolás, sino tan sólo que fue obispo de Myra (el actual
Dembré, en la costa sur de Turquía) en la primera mitad del siglo IV. Una antigua
tradición afirma que tomó parte en el Concilio de Nicea (325), pero su nombre no figura
en la relación de Padres de tal Concilio. Sea lo que fuere de esto, lo cierto es que
Nicolás perteneció a la generación de los obispos que, luego de haber soportado la Gran
Persecución, tuvieron que reorganizar la vida de sus comunidades, después de hacer
frente a la crisis arriana que sacudió hasta los mismos cimientos de la Iglesia. Estos
hombres, Cuya fama se conserva como bendita en el recuerdo de sus pueblos, fueron en
verdad unos hombres de gran fe y carácter.
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Desde
Valencia, marcha a la Universidad de París y a Roma, antes de ingresar en la Orden de la
Merced. Recorre en misiones España, Francia, Italia y Portugal.
Escribe en castellano y valenciano, en latín y en árabe. Llevaba ya ocho años como
obispo de Jaén, cuando ya septuagenario, cae prisionero de los moros de Granada, en 1297;
y, tres años más tarde, es martirizado, el 6 de Diciembre del año 1300.
Otros Santos: Asela, virgen; Policronio, presbítero y mártir; Humberto, confesor; Fortunato, Leoncia, Dativa, Emiliano, Dionisio, Tercio, Bonifacio, Mayórico, mártires; Pedro Pascual, obispo y mártir.
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