Era
Silvestre presbítero de la Iglesia romana cuando fue llamado a suceder al papa
Milcíades, poco tiempo después de la Paz constantiniana. Un pontificado de veintiún
años (314-335) - el más largo del primer milenio junto al de San León Magno - le
permitió ver cómo la Iglesia cobraba auge con un entusiasmo del que se hacía eco un
contemporáneo: «Fiestas de dedicaciones en todas las ciudades, consagraciones de
iglesias recientemente construidas, asambleas de obispos congregados a tal fin, multitudes
de fieles llegados de todos los rincones, aun los más lejanos, sentimientos de amistad de
unos pueblos con otros, unión entre los miembros del cuerpo de Cristo en una sola
armonía de hombres aunados» (Eusebio de Cesárea). Por su parte, el obispo de Roma vio
levantarse las basílicas de Letrán., de San Pedro y de San Pablo. Ante un protector tan
embarazoso como había llegado a convertirse el emperador Constantino, Silvestre encontró
un estilo de ayuda que acaso hubiese precisado por su parte de una personalidad más
fuerte que la suya. En la crisis arriana, su acción no fue tampoco de primera línea.
Pero al menos estuvo representado en el Concilio de Nicea por medio de sus legados. El
papa San Silvestre debe su popularidad al hecho de haber muerto el 31 de diciembre. Por
eso confiamos a su intercesión «pasar esta vida bajo su pastoreo» caminando hacia Aquel
que será «la vida que no acaba».
Otros Santos: Sabiniano, Mario, obispos; Potenciano, Columba, Melania, Domingo, Donata, Paulina, Rústica, Hilarla, Lústici, Nominada, Serótina, Esteban, Ponciano, Atalo, Fabiano, Cornelio, Sexto, Simplicio, Floro, mártires; Zótlco, Barbaciano, presbíteros; Hermes, exorcista; Frodoberto, abad.
![]()