El fogoso Santiago que tiene su fiesta en julio también está
presente en los gélidos días del fin de año con el recuerdo de una leyenda española
que ha acabado por convertirse en carne histórica de la misma España. Después de morir,
Santiago gana una batalla de evangelización en la extremidad del mundo conocido, junto al
finisterre.
En su múltiple representación de apóstol, peregrino y caballero, Santiago no se
conforma con descansar después de los afanes de su vida y de su martirio, y desde el
puerto de Jaffa, se nos dice, sus restos viajan por el mar mientras sus discípulos
«suplican afectuosamente al Señor que los guíe y enderece a aquella parte donde quería
que el santo apóstol fuese sepultado».
El navío llega a la costa de España, y entrando por el estrecho de Gibraltar y rodeando
sus dos lados de Oriente y mediodía, finalmente llegó a Galicia, a la ciudad de Iria
Flavia, que ahora se llama Padrón. De allí fue llevado el santo cuerpo a Compostela, y puesto en un arca o sepulcro de mármol donde estuvo encubierto por más
de quinientos años, hasta que en tiempo del rey don Alfonso el Casto, Dios le reveló por
medio de "muchas luces".
En aquel «campo de estrellas» compostelano, en la segunda década del siglo IX,
Teodomiro, obispo de Iria Flavia descubre el sepulcro, y éste es el origen de la
basílica actual, de la ciudad y del camino santiagués que durante siglos atrajo
peregrinos de todos los confines de Europa.
«Luego comenzó el santo apóstol», prosigue Ribadeneira, «a mostrar a los españoles
su favor en las batallas que tuvieron contra los moros, y diversas veces fue visto armado
de todas armas ir delante de los escuadrones de los cristianos y pelear con fuerzas del
Cielo hasta desbaratar los ejércitos de los bárbaros y alcanzar de ellos gloriosa
victoria».
No es éste, claro está, un santo apacible, tal vez por eso se encomendó a la devoción
de los españoles.
Otros Santos: Sabino, obispo y mártir; Exuperancio, Marcelo; Venustiano, Mansueto, Apiano, Donato, Honorio, Severo, Anisia, mártires; Perpetuo, Eugenio, Liberio, Rainerio, obispos; Máximo, confesor; Raúl, abad
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