29 DE DICIEMBRE

SANTO TOMAS BECKET  S. XII

tomasbecketn.jpg (25969 bytes)Hasta su elección como arzobispo de Cantorbery (1162), Tomás Becket no tenía nada de hombre de Iglesia, aun cuando fuera clérigo desde joven. Contaba por entonces cuarenta y cuatro años.
Desde hacía ocho, era canciller del reino. Hombre fastuoso, amigo de las recepciones y de la caza, buen jurista y buen guerrero, anhelaba complacer al rey conservando a la vez el favor del pueblo. Enrique II hizo que fuera elegido como Primado de Inglaterra. Tomás tomó con toda seriedad su misión de obispo, sin renunciar, con todo, a su ritmo de vida. En especial se erigió en defensor de los derechos de la Iglesia, que el rey pretendía detentar. Acaso resultara a veces desmañado en sus modales impulsivo y altanero con sus colegas. Sus altercados con la Corte le valieron un destierro de seis años, que pasó en Francia, en la abadía de Pontigny (1164-1170). En su retiro, Tomás oyó el llamamiento a una vida más evangélica: quiso seguir la observancia de los monjes cistercienses, entre los cuales descubrió el sentido de la penitencia. Hubo una reconciliación entre el rey y el arzobispo, regresando éste a Inglaterra en diciembre de 1170 con el prestigio de un testigo de la fe. Pero no tardó el rey en lamentar su presencia. Cuatro caballeros de Enrique II quisieron librar a su soberano de este hombre importuno. El 29 de
Diciembre de 1170 asesinaban a Tomás Becket en la catedral de Cantorbery: «El miedo a la muerte, les dijo a los clérigos que le rodeaban, no debe separarnos de la justicia».

DAVID  1000-975 A. C.

davidn.jpg (13162 bytes)Una de esas figuras tremendas y apasionadas del Antiguo Testamento en las que la santidad se entrevera de violencia y caídas; no hay nada en él de la convencional imagen del santo de peana, es un humanísimo pecador con mucha fe, y con su nombre se resume la estirpe del Mesías, al que se llama hijo de David.
"Fuerte y valiente, hombre de guerra", le describe el primer libro de Samuel. ¿Quién no recuerda al héroe triunfante y juvenil que esculpieron Donatello, Miguel Ángel y Bernini, el pastor que triunfa con su honda del gigantesco Goliat Porque «con él está Yahvé?».
Desterrado por celos del rey Saúl, elegido monarca por Judá, luego reina sobre todo Israel, conquista Jerusalén, traslada el Arca de la Alianza, ante la que baila «como un juglar» con alegría incontenible. Momento cenital de triunfos y gloria, con las grandes promesas que le hace Dios.
Pasan años, ciego de pasión hace matar a su general Urías para casarse con Betsabé, el profeta Natán le reprocha homicidio y adulterio, él se arrepiente, pero le esperan el dolor y el luto en sus hijos: incesto de Tamar y Amón, rebelión y muerte de Absalón, usurpación de Adonías.
Final: el gran rey, ya muy viejo, ni siquiera puede entrar en calor, y buscan por todo Israel a una joven virgen, Abisag, para que le cuide y le sirva. El músico que adormecía la tristeza de Saúl con el arpa, el inspirado cantor de los salmos, lleno de pesadumbre y de frío, recuerda su trepidante vida, y se duerme en Dios como si oyese una misteriosa música. Ahora la escena es un sombrío claroscuro de Rembrandt, con una extraña claridad que ilumina el alma.

Otros Santos: Calixto, Félix, Bonifacio, Domingo, Víctor, Primiano, Livoso, Saturnino, Crescencio, Segundo, Honorato, mártires; Trófimo, Marcelo, Crescente, Ebrulfo, obispos.